Viernes, 15 de diciembre de 2017

Glucemia en Sangre

Uno de los problemas de Salud Pública más importantes y trascendentes que tenemos en la actualidad en todas las sociedades avanzadas y que está adquiriendo una alta frecuencia en todos los países es la Diabetes del Adulto o tipo II. Se trata una enfermedad con alta prevalencia de personas con hiperglucemia en sangre. Es decir, pacientes que padecen una hiperglucemia cuyo control y tratamiento no depende de la insulina, cuya función es clave para que la glucosa que hay en sangre entre en las células y realice sus funciones energéticas.

Se trata uno de los mayores retos de la Sanidad a nivel mundial por magnitud y el carácter pandémico que está adquiriendo a nivel global. Por ello, el pasado jueves la Organización Mundial de la Salud (OMS) le dedico el Día Internacional de la Salud para tratar de concienciar a la Sociedad sobre esta enfermedad crónica para la que no disponemos, de momento, de cura; pero que se puede controlar una vez que se diagnóstica. Existe un factor que condiciona su diagnóstico precoz, su sintomatología, que por ser muy común no se sospechar salvo en los pacientes de riesgo como son las personas adultas con obesidad, dado que ésta se asocia significativamente a este tipo Diabetes. Sus síntomas son muy comunes y frecuentes, como son la necesidad imperiosa de beber y orinar con sensación intensa de hambre que se acompaña de pérdida de peso por la dificultad que tiene el organismo de utilizar los nutrientes. Por este motivo es importante conocerse fisiológicamente y estar alerta. Esto actitud hará que se sospeche antes y, se pueda realizar el diagnóstico con una analítica y poner un tratamiento adecuado que controle la hiperglucemia y, sobre todo, para que no aparezcan las complicaciones cardiovasculares, oftalmológicas, de nervios periféricos y riñón que son las que complican la Vida y el Bienestar y la Calidad de Vida de los diabéticos.

Sobre la Diabetes del Adulto conviene tener claro que es una enfermedad crónica sin cura, dado que se desconoce la causa, aunque se ha observado que existe una predisposición genética  a la que se añade algún factor ambiental que favorece su aparición. También se asocia a estilos de vida basados en sedentarismo y exceso de ingesta calórica que da lugar a obesidad.

Una vez comentada la mala noticia, que no tiene cura, la buena es que se puede evitar y controlar con tratamiento adecuado para reducir la hiperglucemia. Es decir, tiene prevención y control. Para ello hay que llevar un estilo de vida basado en una dieta equilibrada y baja en calorías. Es decir, comiendo de todo; pero de manera prudente, sin saciarse en cada comida como si fuese la última, y disminuyendo específicamente la ingesta de azucares de digestión rápida, azúcares, miel, dulces, bebidas refrescantes edulcoradas y reduciendo el consumo de pasta, pan, cereales, galletas y patatas como fuente de hidratos de carbono. También ayuda el llevar una vida activa mediante ejercicio diario moderado, sin competir con nadie ni con el reloj ni con la vida. Actualmente y, desde el punto de vista de la Salud Pública, preocupa la aparición de cada vez más casos de diabetes en niños y jóvenes por la alta frecuencia de beber bebidas refrescantes en las comidas y a todas horas como si de agua se tratara.

Estas recomendaciones son sencillas y fáciles de comprender; pero  su dificultad radica en el esfuerzo de llevarlas a cabo. Para ello, hay que ser conscientes de que se basan evidencias científicas probadas y publicadas en diversos estudios nacionales e internacionales que concluyen que la Diabetes del Adulto se pueden prevenir hasta en el 80% de los casos si se lleva un estilo de vida basado en una dieta mediterránea baja en calorías, en azucares y grasas acompañado de una vida activa diaria. Es más, algunos estudios ponen de manifiesto que la actividad física logra mejores resultados en el control de la glucemia que algunos antidiabéticos orales.

Por tanto y, en mi opinión, la Diabetes del Adulto es un enemigo vulnerable, evitable y controlable si se lleva a cabo un estilo de vida saludable basado en una adecuada alimentación y deambulación como actividad de prevención.

 

JAMCA