Sábado, 16 de diciembre de 2017

¿Cuidando los detalles pensando en toda la gente?

Conozco a algunas personas, ya mayores, que se quejan de la desaparición de los bancos que había en el centro de la planta superior del Mercado Central. No son muchas, por lo que no debo hacer ese ejercicio demasiado común de convertirlo en problema de todos. Lo digo por quienes enseguida suman la totalidad de salmantinos o españoles a su carro, o interpretan supuestas mayorías silenciosas. En definitiva, y esto es una perogrullada, en un espacio reducido donde vive mucha gente, como Salamanca, hay personas con situaciones muy diversas, y algunas demandan bancos para sentarse. No es que los eliminados de hierro fundido fueran el colmo de la comodidad, pero cumplían. Y nuestro porcentaje de mayores crece sin parar.

El escamoteo de esos bancos tras las últimas obras, de momento, en el Mercado Central casi coincidió con la fiebre municipal de instalarlos a diestro y siniestro, en especial en aceras estrechas o de forma inadecuada. Olvidando a veces las normas y recomendaciones relacionadas con la circulación de personas con deficiencia visual, por ejemplo. Supongo que ya se ha superado eso de la mala imagen que aportarían a los espacios comerciales los indigentes que acudían, según decían algunos “expertos”, en tropel a sentarse en los bancos por el efecto llamada de estos. De hecho los últimos incluso son más cómodos, de madera y con respaldo.

En nuestra ciudad tenemos una serie interesante de modelos, siendo la característica principal de los situados en el centro su falta de respaldo. Esto es importante dado que cuando alguien pregunta a los principales interesados en el tema de los bancos, como las cada vez más numerosas personas mayores, suelen coincidir que los de madera con respaldo son más atractivos. En las principales calles peatonales son de granito, orgullosos representantes de otra fiebre salmantina: la granitosis exenta de vegetación.

Pero una característica que tienen en común todos los bancos para sentarse que hay en Salamanca es su falta de mantenimiento, más evidente claro en los de madera. De hecho en su momento fuimos testigos de cómo lo resuelve nuestro longevo gobierno azul desde 1995, sustituyéndolos por bancos nuevos. Desde luego que no voy a alabar los usos del franquismo, pero en mi infancia fui testigo de cómo periódicamente se pintaban los bancos de los jardines de Torres Villarroel, en dos colores encima.

Y ya que he llegado a Torre Villarroel, hace tiempo se decidió facilitar una práctica común de quienes cruzan ese jardín entre el semáforo del cruce con la calle de Gómez Arias y la calle de Salesas, adecuando mínimamente como camino la parte pisoteada del césped. Pero parece que es difícil rematar las cosas con solvencia, en especial si no están relacionadas con coches. No se les ocurrió eliminar los bordillos, dejando así un innecesario escalón. Menciono lo de los coches puesto que cuando se elimina un paso de peatones, sin argumento racional más allá que favorecer la libre y rápida circulación de aquellos vestido de “seguridad vial”, enseguida se elimina la rampa para facilitar el cruce a sillas de ruedas (o cochecitos de niños) y por supuesto se reponen los bordillos en las medianas, es de suponer que aquí sí piensan que el escalón es insalvable.

De verdad. ¿tanto cuesta reponer los bancos en el Mercado Central o concluir bien una buena idea?