Domingo, 17 de diciembre de 2017

Mieza, Arcadia de la belleza

Por Julio Fernández, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Salamanca
Mirador de la Code en Mieza de la Ribera

Llegó la primavera; y con ella, la adolescencia del tiempo, con sus ventajas y sus inconvenientes, éstas últimas derivadas de la grandeza que supone el crecimiento de la vida, con su explosión física, psicológica y emocional (las alergias primaverales se personifican en el acné juvenil y la cambiante climatología con el comportamiento del púber). En cualquier caso, siempre será una estación añorada de nuestras vidas. Ya lo decía Machado, con amargura, en “la primavera besaba”: hoy en mitad de la vida,/ me he parado a meditar.../ ¡juventud nunca vivida, /quién te volviera a soñar!

La primavera invita a soñar despierto y a recitar poemas de vida (doña primavera/ de manos gloriosas,/ haz que por la vida/ derramemos rosas; Gabriela Mistral), a disfrutar de la luz, de las temperaturas agradables, de caminar por cañadas, veredas y senderos, del impacto visual de los árboles en flor (la primavera besaba/ suavemente la arboleda,/ y el verde nuevo brotaba/ como una verde humareda; A. Machado) , del canto del ruiseñor y de las golondrinas (volverán las oscuras golondrinas/ de su balcón sus nidos a colgar,/ y otra vez con el ala a tus cristales/ jugando, llamarán; Bécquer), de rodar por las praderas junto a la persona amada (¡qué paz, cuando en la tarde misteriosa, /abrazados los dos sea tu risa/ el surtidor de nuestra sola fuente; J. Ramón Jiménez).

Y qué mejor que comenzar esta apasionada estación recorriendo los campos de Mieza, sus senderos empedrados en zigzagueo, sus paisajes embriagados de belleza, descendiendo hacia el Duero y subiendo, con el sudor pegado a la piel, hasta ese “imponente” Mirador de la Code, que glosaba Unamuno, degustar los exquisitos asados ofrecidos por el carnicero Santiago, las hogazas y las “perronillas” de la panadería de Manuela y Julián, el vino y el aguardiente de las Arribes, el queso de Vilvestre, las  naranjas  y aceitunas de la “Ropinal” y la “Solana” de Mieza. Y para finalizar, bailar la “jota de Mieza” y cantar “apañando aceituna se hacen las bodas/ el que no va a aceituna no se enamora./ Las mocitas de Mieza crían colores/cuando suben y bajan los reventones”

Pienso que es la mejor oferta para que los amantes de la naturaleza viajen a Mieza este domingo 10 de abril y recorran los 10 kilómetros de la XXI edición de la ruta de senderismo “Las Arribes del Duero”. En esta ocasión, los caminantes pasearán por una de las rutas más agrestes e impresionantes, la que baja hacia el “salto de Aldeadávila” y sube por el GR-14. Y es posible porque el Ayuntamiento, por medio de sus trabajadores (José Antonio, Octavio y David, bajo la dirección de Ismael, el Alcalde) ha procedido al desbroce y limpieza de caminos que se utilizan cada vez menos, porque la emigración (como en la mayoría de los pueblos de nuestra región) se ha encargado que haya cada vez menos población activa. Por lo menos, aunque se utilicen menos para acarrear aceituna a lomos de mulos y burros, que sirvan para que el caminante se acerque a las entrañas de nuestras arribes, reconozcan el esfuerzo que tuvieron que hacer nuestros padres y abuelos para poder sobrevivir y encuentren la paz y la relajación, tan necesarias en estos tiempos de frenética actividad urbana.

Querido lector, aproveche la oferta de esta actividad inigualable en el mejor marco rural, disfrute de la amabilidad de las gentes arribeñas, conozca nuestras costumbres, nuestra cultura y nuestras tradiciones ancestrales y practique una actividad deportiva muy saludable y para todas las edades. ¡Ah! y no olvide hacer un reportaje único de fotos y de video. Estoy seguro que le encantará recordar el evento y que repetirá el próximo año.