Jueves, 14 de diciembre de 2017

Almeida, en la Beira portuguesa

Una visita al pueblo fortificado de Almeida permite al poeta A. P. Alencart tratar más sobre lo que une a España y Portugal.

No obstante los numerosos viajes que he venido haciendo a Portugal, desde hace treinta años, hasta ahora no había visitado Almeida, considerada como una de las doce aldeas históricas de Portugal, la mayoría de ellas levantadas como enclaves defensivos o fortificaciones abaluartadas que existen esencialmente en el territorio de A Beira, fronterizo en parte con las provincias de Salamanca (en Castilla y León) y Cáceres (Extremadura). En estos años sí he estado en Belmonte (tierra de Pedro Álvares Cabral, descubridor de Brasil), cuya sinagoga me inspiró un poema que dediqué a la escritora sefardita Margalit Matitiahu; en Castelo Novo, cerca de Fundao, donde a la luz de la luna, tuve una velada poética con varios bardos de Portugal, Cabo Verde o Irán. Otras tres aldeas históricas, como Sortelha, Idanha-a-Velha o Monsanto, también están ‘capturadas’ por mis versos y forman parte del libro ‘Margens de um mundo ou mosaico lusitano’, que en Coimbra me publicara -hace un lustro- el editor Jorge Fragoso.

Decía que Almeida no había entrado en mis paradas y fondas por suelo portugués. Pero el sábado pasado me acerqué a merodear por esta fortaleza en cuyo centro existe un atractivo conjunto de casas bien conservadas y unas callejuelas adoquinadas por donde transitan muchos visitantes, especialmente españoles, que los fines de semana no dudan en hacer turismo y degustar de las especialidades gastronómicas que ofertan los cinco a seis restaurantes y fondas del lugar, con el bacalao como eje central. Atrás quedaron los ciento doce kilómetros por la Autovía de Castilla, desde Salamanca a Fuentes de Oñoro. Ya en la parte portuguesa, tras pasar Vilar Formoso, un desvío hacia la derecha y unos quince kilómetros más por una carretera comarcal bien conservada, y ya estaba en Almeida, con mi compañera de viajes y de vida.

El día amenazaba lluvia, pero ello no detuvo nuestros pasos. Ni el viento, fuerte cuando recorríamos algunas garitas instaladas sobre las murallas del fuerte, o caminábamos por los anchos terraplenes sobre los fosos de doce metros de profundidad. Llovía cuando pasamos por la ruinas del castillo medieval… Y si entramos por las puertas de San Francisco de la Cruz, también por allí salimos, una vez terminado nuestro periplo, que comprendió  una opípara comida (con Bacalao) y unas buenas pláticas con dos vecinas que regentaban una atractiva cafetería y pastelería, quejándose de la crisis y de la falta de perspectivas del pueblo, no obstante el turismo, pues este lo es principalmente de fin de semana.

Ahora bien, el mejor recuerdo que conservo de esta visita, al margen de la imponente fortificación en forma de estrella de doce puntas y de sus cañones apuntando hacia España, es el haberme topado con una pequeña biblioteca municipal que lleva el nombre de Maria Natercia Ruivo y en cuya entrada, en la misma calle Conselheiro Hitze Ribeiro 10, se ha colocado una escultura de granito en forma de libro abierto, en cuya página izquierda se ha tallado el poema ‘Voz activa’, del notable poeta Miguel Torga, que ahora mismo traduzco, en forma libre, para nuestros lectores: “¡Canta, poeta, canta!/ Quiebra el silencio conformista./ Ciega con otra luz la luz del día./ Desasosiega el mundo sosegado./ Enseña a cada alma su rebeldía”.

Portugal y España ya no necesitan de estas fortificaciones (Almeida y el Fuerte de la Concepción, en Aldea del Obispo, por citar las dos vecinas de la “Raya/Raia” que separaba y propiciaba contiendas. Ahora es tiempo de afectos y de mejor conocernos unos a otros, dos pueblos gemelos de una misma Iberia. Más adelante deseo hacer algún periplo por las aldeas que me falta: Castelo Mendo, Castelo Rodrigo, Linhares da Beira, Marialva, Piódão y Trancoso. Especialmente Trancoso, pueblo de Bandarra (António Gonçalves Annes Bandarra, nacido allí en 1500), aquel zapatero que profetizaba en verso. Ya traduciré algunas trovas de este mesiánico poeta-zapatero perseguido por la Inquisición.