Lunes, 18 de diciembre de 2017

El arte del fútbol y los sueños

La pasada semana, con todo merecimiento, se ha hablado mucho de fútbol por el “clásico” Barça-Madrid y sobre todo por la desaparición de Johan Cruyff, el gran jugador holandés que fue una de las tres estrellas extranjeras que enriquecieron nuestro fútbol, deporte rey tan querido por la pasión que genera como denostado por la alienación que produce. No obstante, démosle el lugar que le corresponde y, por favor, niño, joven, viejo, que no consigan avergonzarte de tus sueños.

   Si un día sueñas ser mago como Maradona y hacer poemas con el balón, dilata tu sueño y no despiertes en la primera estrofa, que la felicidad está en el pensamiento y en los sueños, y somos lo que pensamos y lo que soñamos, y ésta, la felicidad, por qué no, puede hallarse coleccionando jugadas en la memoria o con cualquier ocurrencia en el mundo real –por ejemplo, el mirobrigense “Pesetos”, ya desaparecido, consiguió ser feliz conformando una colección de más de 3.000 orinales–, pero nuestro deseo es seguir con nuestros sueños futbolísticos, y si crees tener en tus quimeras el pulmón de Di Stéfano, aquel suplemento vitamínico del Madrid de la raya de los 60 con el que consiguiera cinco copas de Europa, disfruta desconcertando a tus adversarios y llévales hacia la izquierda del campo cuando tu destino está en la derecha, o hazlo al contrario –¡un portento!– y, además, antes de despertar, recuerda a aquel jugador holandés de los 70 con desembarco en el Barcelona y si quieres parecerte a él, agrégale a tus piernas un tintineo de melodías para posarlas sobre el césped, pues de modo parecido al que se mueven las fichas en el juego de damas, te sentirás que eres el mismísimo Johan Cruyff.

Pero ya despiertos, al igual que en los sueños, nos damos cuenta que no nos hemos equivocado de personajes, y por la misma razón que los pintores quieren ser Picassos y se desengañan porque Picasso sólo hubo uno, aunque todos suman, como futbolistas tuvimos grandes figuras, pero futbolistas-artistas sólo fueron ellos: Di Stéfano, Maradona y Cruyff. Y lo mejor en mi caso, un pobre pecador del fútbol –¡hay que ayudar a los chavales!– al que sólo le interesan los partidos entre grandes equipos, es haber podido ver a esos artistas del balón en vivo y en directo. Un mérito sólo achacable a las suertes de la edad, de la que ya salí de banderillas. Y ello nos autoriza poder recordar a tres entre los españoles (sólo a tres, que me perdonen muchos otros como Gento y su eterna sombra Manolín Bueno, casi tan bueno como Gento pero con peor suerte; Gárate, Asensi, Rexach, Butragueño, etc.) pues para quien escribe –hablamos en pasado y de distintas épocas– aquellos que mostraron un plus artístico sobre el resto fueron: Amancio, Marcial y Raúl.

Y volviendo a Cruyff, en estos días he leído que su ídolo fue Di Stéfano, a quien le estaba profundamente agradecido por su ayuda y la manera tan respetuosa con la que siempre le trató. Cruyff guardaba con sumo cariño el único autógrafo que había pedido en su vida, precisamente a Di Stéfano. Hecho que me hizo recordar una historia personal ocurrida en los años sesenta cuando yo vivía en Madrid, ya que en mi caso, a la edad de doce años, hallándome junto a unos amigos por los pasillos que van a dar a la sala de trofeos del Real Madrid, don Santiago Bernabéu nos llamó, ¡qué habíamos hecho!, nada, pero su personalidad oronda y puro en mano “acojonaba”, sin embargo, en una de esas reacciones paternalistas de don Santiago, nos dio acceso hacia donde se encontraban algunos jugadores y les indicó que nos firmaran autógrafos. También aquellos autógrafos fueron únicos (hoy serían selfies) y no sé si los conservo, en ellos estarán las firmas de Betancort, Zoco y Velázquez (desaparecidos recientemente), una gran ilusión, casi un sueño, ya que todos los niños hemos soñado alguna vez con ser futbolistas. Y en la actualidad, también muchas chicas...

Pero... ni todo es hartazgo de fútbol si se sabe dosificar su práctica, ni se debe vivir como un espectáculo en exclusiva. El fútbol no es patrimonio de todos los espacios. Hay que hacerlo compatible con opciones culturales como: Lectura, Teatro, Cine, Recitales de Música y Poesía, Museos, Exposiciones, Tertulias, Conferencias, Viajes, etc..., ah, y también con otros deportes.