Sábado, 16 de diciembre de 2017

Locos del fanatismo, dictadura del terror

Esta Semana Santa ha venido sacudida, sin duda, por el terrible atentado que ha dejado más de una treintena de muertos en Bruselas. Otro más a los que nos tienen acostumbrados esa panda de descerebrados que se creen con la verdad universal y que juegan a ser dioses, quitando la vida a quien no les ha hecho nada. Locos guiados por un fanatismo al que hay que erradicar de nuestra sociedad si no queremos sucumbir ante su dictadura del terror.

 

Desgraciadamente, aunque siguiendo los medios de comunicación europeos nos parezca que no ha habido más masacres terroristas desde los atentados de París, lo cierto es que, tristemente, este tipo de atentados son el pan de cada día en muchos países de Oriente Medio y África. En este sentido cabe señalar, por cierto, que la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo yihadista son precisamente musulmanes, por aquello de quienes pretenden generalizar a dicho colectivo religioso las actitudes de cuatro tarados, que sería tanto como pretender que a todos los cristianos se nos considerase como parte del Ku Klux Klan y, ciertamente, nada más lejos de la realidad.

 

Por otro lado, las organizaciones terroristas de este tipo de integrismo religioso llevan ocupando varios años parte de Siria, extendiendo su imperio del terror por aquellos territorios que controlan y que son causantes, en gran medida, de la huida de varios millones de sirios de su tierra, refugiados a quienes les negamos su entrada a esta Europa del postureo y el bienquedismo. Y es que si algo nos gusta a los europeos es no mojarnos cuando las cosas vienen mal dadas. Si viene el problema de dar cobijo a los refugiados, preferimos pagar una millonada a Turquía para que, a cambio, los retenga en unas condiciones no demasiado aceptables (cuando no los expulsa a sus países de origen una vez trincada la pasta, hecho que ha denunciado Amnistía Internacional ha ocurrido con varias decenas de afganos). Lo que sea con tal de que lleguen cuantos menos a esta UE en la que nos encanta hablar de derechos humanos pero cuando toca ejercer la ayuda al prójimo… como que intentamos escurrir el bulto, hipocresía en estado puro.

 

Entretanto, los sectores más xenófobos de Europa están aprovechando la coyuntura para azuzar el miedo de la crisis y el paro para intentar señalar como enemigos a unos refugiados que vienen sin nada, pasando de puntillas sobre el dinero que se está dando a Turquía para que no pisen suelo comunitario o sin señalar que con el dinero que han empleado los países en salvar bancos o el que se ha evaporado fruto de la corrupción se podrían acoger bastantes millones de refugiados. Pero claro, una cosa son los negocios y otra las personas, y entre salvar un banco o dar cobijo a miles de personas prima salvar el banco. Cuantos menos vaivenes y menos haya que enfrentarse a la realidad del mundo mejor, no vaya a ser que a los especuladores financieros se les vaya a torcer el negocio. Eso sí, que nada nos quite a los europeos la apariencia de ser los más solidarios del mundo, no han faltado en las redes sociales el #JeSuisParis o, estos días, el #JeSuisBruxelles (acompañado de un corazón con la bandera del país europeo que haya recibido el atentado, con la que se jalonan ese día los monumentos más emblemáticos de las ciudades), y al día siguiente estamos despotricando contra los refugiados porque huyen del terror integrista.

 

Por otra parte, una de las consecuencias de todo esto es que la xenofobia y los mensajes “anti” están proliferando en Europa. Ya se han visto sus consecuencias electorales en Alemania, donde el mensaje xenófobo del partido ultraderechista Alternative für Deutschland (AfD) le ha aupado en las tres elecciones regionales celebradas hace dos semanas a unos resultados que, personalmente, me causan bastante temor. El dato más preocupante es el de Sajonia-Anhalt, donde cosecharon un 24’4% del voto y se han colocado como segunda fuerza, no muy lejos de la CDU (29’8%) de Merkel. En Baden-Wurtenberg, con el 15’1% del voto, han desbancado de la tercera posición en este länder al SPD, hecho que repitió, aunque con menos apoyo electoral (12’6%) en Renania-Palatinado. El sistema político alemán se tambalea nuevamente ante el avance de la ultraderecha, y la tan nombrada ‘gran coalición’ no valdría a CDU y SPD para formar gobierno en dos de los tres Estados en los que hubo elecciones, pues en Baden-Wurtemberg y Sajonia-Anhalt entre ambos suman el 40% de los votos.

 

Las consecuencias que está acarreando para el sistema político alemán la llamada ‘crisis de los refugiados’ no deja de recordar hasta cierto punto el auge del nazismo en los años treinta, donde una grave crisis económica (en aquel caso la derivada del crack de 1929) conllevó el ascenso hasta el poder de un partido ultra que creció a costa de señalar como culpables de todos los males alemanes a los miembros de una confesión religiosa. En los treinta los señalados fueron los judíos, ahora son los refugiados de las guerras de Oriente Medio. Esperemos que hayamos aprendido la lección y no nos precipitemos en manos de un populismo ultra que implante una nueva dictadura del terror. Dicen que la historia se repite, pero espero que en este caso no sea así, no se puede responder al fanatismo con fanatismo, pues en ese caso estaremos destinados a caer en brazos del terror que, de un lado u otro, siempre se cobra miles de víctimas inocentes.