Lunes, 11 de diciembre de 2017

Asesinos suicidas

La inmolación es siempre una acción noble y heroica.

¿Inmolarse? Y una mierda. Los terroristas que deciden utilizar su propia muerte para llevarse por delante el mayor número de vidas no se inmolan,  asesinan.

Inmolarse es algo muy distinto. Casi opuesto. Uno se inmola, es decir, arriesga su vida incluso hasta el extremo de perderla, como medio para conseguir un fin mayor y mejor, o sea, el de dar más vida. Inmolarse es sacrificar la vida propia para salvar la de los demás. ¿Qué por qué traigo esto hoy aquí? Pues porque estoy hasta los mismos perendengues de leer, ver y escuchar sandeces cada vez que hay un atentado terrorista en que uno de estos descerebrados decide quitarse de en medio tratando de matar el mayor número de personas posible. Y no son badajas baladíes, sino palabras cargadas y disparadas contra las víctimas de estos hijos de puta, que somos todos. La última vez fue el martes santo, el 22 de marzo, en Bruselas. Pero siempre es igual. Especialmente si el atentado tiene lugar en Europa, claro.

Soy consciente de mis limitaciones. Ni de lejos pretendo simular siquiera la sombra de la suela de los zapatos del eximio Lázaro Carreter, ni esta columna pretende ser un recuerdo borroso y lejano de sus maravillosos y divertidos artículos en los que ponía “El dardo en la palabra” (Espasa, 1997). Pero también tengo claro que no voy a dejar de denunciar los errores flagrantes que cometemos los periodistas con nuestra principal herramienta de trabajo: la palabra. Más que nada porque dependiendo del uso que demos al lenguaje estaremos configurando la realidad de uno u otro modo. Y no estoy dispuesto a que los suicidas asesinos tengan el más mínimo atisbo de ser considerados siquiera humanos en su sano juicio. Son seres irracionales. Insisto: Suicidas y asesinos.

Por si mis intentos de explicación no hubieran sido suficientes, echo mano de las investigaciones del doctor José Antonio Díaz Rojo, miembro del CSIC, quien en 2004 abordó este asunto de los terroristas que mataban todo lo que podían utilizando el suicidio: “La inmolación es siempre una acción noble y heroica. Es un sacrificio hecho por amor al prójimo o a la divinidad, donde no puede caber el daño a terceros, lo que ensucia y envilece el acto. Quien se inmola no se propone quitarse la vida, ni en la intención ni en la ejecución. El inmolado acepta su muerte como consecuencia de su conducta heroica por un bien superior espiritual o material, pero no la provoca deliberadamente”.

Lo dicho, que los periodistas que siguen usando lo de “inmolarse” son unos necios, zánganos, impertinentes e inoportunos que, supongo, no saben el disparate, la majadería, la estupidez y tontería que están diciendo. Y que los asesinos suicidas son seres irracionales. Unos hijos de puta. Tal cual.