Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Lo que hago mientras conduzco

HISTORIAS PODRÍTICAS

Debo ser un tipo extraño pues conducir me regresa al Quique González de hace 15 años. Lo peor de todo es que si me siento peor aún, mis oídos se bañan en las aguas profundas de Ismael Serrano o en el canallismo poético de Sabina a deshoras.  

Últimamente escucho jazz, bossa nova y todas esas cosas que alguien de 40 debiera haber aprendido de Cortázar mientras desquería a la Maga, o quizás no, pues nací en un barrio tan obrero que los libros y el amor siguen aun equilibrando mesas.

Es difícil encontrarse entre el libertador que uno quiso ser cuando aún creía que las facultades nos enseñaban o el pragmático que vive bien y acepta, no sin reparo, las barbaridades del sistema. Aquel que permite que los libertadores sean los mayores especuladores intelectuales o deje que los defensores del mismo cometan  sin pudor las mayores atrocidades. Matar al prójimo de muchas maneras o robarle.