Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Pagando a torturadores de frontera

Asistir a una crisis humanitaria en nuestras mismas narices no tiene precio. Es todo un espectáculo de barro y desidia de aquellos que deberían resolver los problemas a golpe de despacho así, con la misma rapidez con la que aceptan los privilegios de su cargo. Pero claro, las cosas no son tan fáciles, pedirle a los políticos que arreglen algo que está más allá de los problemas cotidianos y sempiternos, esos que se resuelven casi de oficio es un tema bastante delicado. No tienen ni imaginación ni huevos, digámoslo claro.

         A uno le pagan para que haga bien su trabajo, y me temo que ninguno de los que conozco, currantes entregados a lo suyo que a veces cobran una miseria y que están ahí, preocupados por la situación de los refugiados, compartiendo entradas de facebook, dando dinero y tejiendo solidaridad puede hacer algo más que llorar de impotencia. Sí, la gente de a pie tenemos más piel sensible que aquellos que, en los despachos, no son capaces de arbitrar soluciones. La Europa no es la nuestra, es la de los mercaderes, por eso, a despecho de esa masa que somos todos escandalizados por las imágenes de quienes sobreviven en el mar para ahogarse en nuestro barro, a los sesudos gobernantes a quienes pagamos se les ocurre la excelente idea de pagar al poli malo. A ver si lo he entendido bien, pagamos a Turquía para que cierre la puerta y nos damos la vuelta para no ver cómo lo hacen… lo mismo que llevamos haciendo los españoles mucho tiempo con nuestro resolutivo vecino marroquí. Evidentemente aquí todo se resuelve con dinero y dando la espalda para no seguir responsabilizándonos. Allá se las compongan con los papeles los griegos, que ya no dan para más, y los turcos, que ya sacarán el jarabe de palo, que eso se le da muy bien a Erdogan. Lo dicho, asunto resuelto con una buena partida presupuestaria y ya…

         Las cosas como son, una riada de gente entrando a saco en otro y otros es inasumible. Seamos prácticos y no patéticos, por ello la solución no está en amontonar salvavidas que te hunden en el mar ni en darle de comer al que tendrá hambre mañana. La solución está en resolver la crisis de Siria y dejar que estas personas retornen a la casa de donde salieron empujados por la desesperación. Eso sí, ponerle el cascabel al gato en esa zona del planeta es harto complejo. Ahí hay algo que no acaba de cuadrar con un presidente mantenido por Putin y un espacio donde masacra el ISIS. La verdad es que yo también huiría de semejante panorama, y lo haría a despecho de quienes no tienen ni la imaginación ni la fuerza para buscar una solución que no nos convierta en carceleros ni en pagadores de torturadores. Vamos a decirlo alto y claro, vamos a pagar a una pandilla de carceleros sin escrúpulos. Y encima con nuestro dinero, yo es que mañana pido la nacionalidad de Bután. Menos mal que quien firma esas infamias no soy yo, esa Europa, dilectos lectores, no es la mía.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.