Jueves, 14 de diciembre de 2017

A las puertas de Europa

A través del tiempo, distintas confesiones religiosas han elevado a los altares a determinadas personas. Su ejemplo de vida, ha sido suficiente para alcanzar tal dignidad. Así, denominamos santos, a quienes han servido de ejemplo a los demás por la forma de abordar la realidad que les tocó vivir. Los compromisos con su tiempo fueron firmes, y sus esfuerzos no fueron descuidados.

 Pero, hoy ¿quién puede otorgar  tal distinción cuando hay tantos inocentes que se quedan por el camino? Son personas sin voz, sin futuro. Seres indefensos, con una paciencia infinita para soportar la vida. Viven en un mundo injusto; olvidados, quizá, por la Divinidad. Se trata de santos sin corona que cambian de lugar obligados por las guerras y el hambre.

Las barcazas, convertidas en ataúdes flotantes, desafían la muerte. Abandonadas  a su suerte, muchas de ellas terminan zozobrando. Mientras, la política internacional, analiza, estudia, evalúa, valora, pone sobre la mesa … Todo, pérdidas de tiempo. Ni siquiera librar a miles de personas de una muerte segura acelera sus decisiones.

Hay excesiva dialéctica en la política de nuestro tiempo. Sobra retórica y faltan gestores con alma, capaces de asimilar la magnitud de los problemas que tienen sobre la mesa. No es necesario abundar en la forma de resolver los conflictos. Cuando falta voluntad, todo son reuniones, estudios sobre la mejor forma de resolver lo que no se quiere solucionar.

Cuanto le falta a la política europea para estar a la altura. Ayer, Europa, tenías un discurso. Hoy, con tus actitudes, dices lo contrario. Ayer, por miedo, alentabas la guerra. Hoy, por egoísmo, no asumes tus responsabilidades”.

La vieja Europa, modelo de derechos y libertades, se ha convertido en un ejemplo de lo que no se debe hacer. Demasiados intereses impiden la solidaridad de los mercaderes.

Cuando hablo de Europa, me refiero a los estados que le dan el nombre, y a sus políticos, incapaces de alcanzar acuerdos justos. 

Te habrás dado cuenta, querido lector, que no pongo nombres en tal desaguisado. En la conciencia de todos ya figuran esos datos, y considero redundante volver a repetirlos.

Estas personas que deambulan por el Mediterráneo, llamando a las puertas de Europa, escribirán el próximo capitulo de la historia. Y, por mucho que algunos se esfuercen, no podrán disfrazar la verdad. Este escándalo, abrirá los ojos a próximas generaciones, para conocer los caminos que no deben seguir para resolver los conflictos. Pues quienes han presumido, hasta la saciedad, de democráticos, cuando se les ha puesto a prueba han mostrado una conducta bochornosa. 

La incapacidad en política, no es otra cosa que la ineptitud individual para gobernarse a sí mismo. Cuando estas conductas confluyen en la gestión pública, solo quedan políticos ineficaces. La Europa de los Mercados, nada tiene que ver con la Europa solidaria en que muchos creíamos.

El desprestigio de la política no es algo fortuito. Se ha fraguado lentamente, propiciado por la degeneración de los valores. Y, la perdida de confianza en los gestores de nuestras democracias, es la respuesta más lógica de los ciudadanos, ante la incapacidad de resolver los problemas que a todos nos afectan.

Es necesaria una gran reconversión en la política. Pues, algunos de sus pilares fundamentales, se han desviado de su centro de gravedad.