Sábado, 16 de diciembre de 2017
Bracamonte al día

Toño Blázquez pregona la Semana Santa a través de una historia tejida en sufrimiento y fe  

MACOTERA | El escritor y colaborador de esta casa ofrece un sentido pregón en el que recorre la pasión y muerte de Cristo desde sus vivencias y sensaciones. TEXTO INTEGRO

El Teatro de Santa Ana de Macotera se ha quedado pequeño para recibir al poeta y colaborador de SALAMANCArtv AL DIA Toño Blázquez, que este año ha ejercido como pregonero de la Semana Santa de la villa.

En un lirico y sentido pregon, que a continuación reproducimos íntegramente, el escritor a navegado entre la fe y los versos, haciendo un repaso en primera persona de los sentimientos que desde niño le ha suscitado Cristo asi como su pasión y muerte. Una viva crónica salpicada con retales de grandes escritores referidos a Jesús, y que se ha completado con la música en directo de la dulzaina.

“A efectos de conveniente identificación, me llamo Antonio Blázquez García, soy hijo de Virgilio ‘Capucho’ y de Vitoriana ‘Sargentilla’. Nací en Salamanca hace 56 años y, aunque reparto mis amores-raíces con Vitigudino por cariñosa adopción, si tengo que ser de un pueblo sin serlo por nacencia, que sí por sangre, es éste: Macotera.

 Y es aquí mismo, antes de seguir adelante, donde tiene que izarse con humilde majestad la voz de un poeta macoterano inolvidable que definió a su pueblo con certeza literaria e innegable cariño:

Si bajas por el norte en una hondura

aparece encantada Macotera,

sencillamente hermosa y altanera,

con su duende, su arte y galanura.

(Juan Zaballos “Machaca”)

La sobriedad y la discreción se unen para describirles mi grado de talento en merecimientos de estar ante ustedes para hacer pórtico literario, que no de erudición, de la Semana Santa. Con sinceridad, seguramente no sea quien les habla la persona más indicada para este cometido porque no soy ni profundo estudioso de ella ni experto en su historia iconográfica. Por eso, humildemente les pido que acepten este breve pregón como un tren cuyo destino es esencialmente literario y poético.

Siempre he oído decir que Macotera fue pueblo de curas y monjas, donde arraigaba de forma intensa las vocación religiosa. Alguna razón habrá que desconozco. Yo mismo tengo tres tías monjas. Mi recuerdo cariñoso a mis tías fallecidas Angelia, Teresa y a Juana que aún vive en la residencia de Hijas de la Caridad de Alba de Tormes. Mis vivencias esporádicas con ellas se enmarcan esencialmente en la infancia y adolescencia y siempre me parecieron personas muy especiales al vivir una fe y un compromiso a través de una dedicación plena y concienciada. Algunos de los momentos más felices de mi infancia están protagonizados por la visita de aquellos hábitos siempre amables y sonrientes.

 En fin, quiero contarles que, al margen de nostalgias, a mi lo que de verdad me enamora y me invita a la reflexión, es la vida de Jesús, de la que solo se pueden aprender cosas buenas. Ser honrado, amar al prójimo, tener sentido de la caridad, ser comprensivo y tolerante con el diferente, respetar la vida de los demás…

 La vida de Jesús es apasionante, ustedes lo saben bien, todos lo sabemos. Yo siempre he creído que la lírica, la poesía, junto con la oración y las artes de la imagen como el cine, la pintura, la escultura han sabido reflejar admirablemente la Pasión de Cristo, o la encarnación humana de un éxtasis sobrenatural, cuando Teresa de Jesús escribe:

‘Vivo sin vivir en mí,

y tan alta vida espero,

que muero porque no muero’.

O cuando San Juan de la Cruz pregunta conmovido:

‘¿A dónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

Como ciervo huiste,

habiéndome herido,

salí tras ti clamando, y eras ido’

La vida y la muerte en la cruz de Jesús que, con su terrible tortura y agonía nos ofreció generosamente su vida.

Esto sí que da buen rollo, como dirían los jóvenes de hoy, esto si que es way, con mayúsculas: DAR LA VIDA POR LOS DEMÁS.

No soy experto en pasos, cofradías, historiografía religiosa…no, de hecho, ya les digo, mi cultura religiosa creo que se quedó anclada en “con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la Virgen María y el Espíritu Santo”. ¡Ah! Y había otra. Mi madre me la hacía recitar cuando me tapaba de noche en la cama: “Jesusito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón, tómalo, tuyo es, tómalo que te lo doy yo”.

Por eso es mi intención ofrecerles una pasión de Cristo poética, brindarles de corazón –a través de la hermosa palabra  de grandes escritores- un capazo de versos que se arrodillan ante nuestra gran madre la Virgen María o de Cristo clavado en la Cruz. De igual forma suenan palmas y aleluyas en el encuentro de ambos en la Resurrección.

 Semana Santa. Imágenes que en Macotera, el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección nos envuelven de dolor, silencio, respeto,  devoción y finalmente de alegría: Jesús Nazareno, la Virgen de la Encina, patrona del pueblo, Oración en el Huerto, Jesús Flagelado, La Piedad, Cristo Yacente.

Un hilo bíblico con alma de poesía que comienza así:

Cuando se acercaban a Jerusalem, a la altura de Betania, junto al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos con éste encargo:

-’id a la aldea de en frente. Al entrar en ella encontraréis enseguida un borrico atado sobre el que nadie ha montado todavía. Soltadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta porque lo hacéis decís que el Señor lo necesita y que enseguida lo devolverá’.

Llevaron el borrico, echaron encima sus mantos y Jesús montó sobre él. Muchos tendieron sus mantos por el camino y otros hacían lo mismo con ramas que cortaban en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: ¡Hossana, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que viene, el de nuestro padre David!: ¡Hossana en las alturas!.

Cuando Jesús entró en Jerusalem fue al templo y observó todo a su alrededor pero como era tarde, se fue a Betania con los doce.”

Judas Iscariote, uno de los doce, fue a hablar con los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús. Ellos se alegraron al oírle y prometieron darle dinero. Así que andaba buscando una oportunidad para entregarlo.

 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrifica el cordero pascual, sus discípulos preguntaron a Jesús:

¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?. Jesús envió a dos de sus discípulos diciendo:

‘Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidlo y allí donde entre decid al dueño: el Maestro dice dónde está la sala en la que he de celebrar la cena de pascua con mis discípulos. Él os mostrará en el  piso de arriba una sala grande, alfombrada y dispuesta. Preparadlo todo allí para nosotros’.

Al atardecer llegó Jesús con los doce y se sentaron a la mesa. Luego, mientras estaban cenando dijo Jesús: ‘Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar, uno que está cenando conmigo’

Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: ¿acaso soy yo?.

 Él les contestó:

  • Uno de los doce, uno que come en el mismo plato que yo. El hijo del Hombre se va, tal y como está escrito de él, pero ¡ay de aquel que entrega al hijo del hombre. ¡Más le valdría a este hombre no haber nacido!

 Después de cantar los himnos salieron hacia el monte de los Olivos, Jesús les dijo: “Todos vais a fallar, porque está escrito: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de resucitar, iré delante de vosotros a Galilea.

  • Pedro le replicó: ‘aunque todos fallen, yo no’.
  • Jesús le contestó: ‘Es seguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres’.
  • Pedro insistió: ‘Aunque tenga que morir contigo, jamás te negar’.

Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos: ‘sentaos aquí mientras yo voy a orar’.

Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir pavor y angustia, y les dijo:

‘Siento una tristeza mortal. Quedaos aquí y velad’. Y avanzando un poco más se postró en tierra y suplicaba que, a ser posible, no tuviera que pasar por aquel trance. Decía: ‘¡Abba Padre!. Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú’.

 Volvió y los encontró dormidos.

  • Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora?. Velad y orad para que podáis hacer frente a la prueba, que el espíritu está bien dispuesto pero la carne es débil.
  • Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo. Regresó y volvió a encontrarlos dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:
  • ‘¿Todavía estáis durmiendo y descansando?, ¡Basta ya!, ha llegado la hora. Mirad, el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está aquí el que me va a entregar’.
  •  Aún estaba hablando Jesús cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él un  tropel de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña diciendo:
  • ‘Al que yo bese, ése es; prendedlo y llevadlo bien seguro’.
  • Nada más llegar se acercó a Jesús y le dijo: “Rabbí” Y lo besó.
  • Ellos le echaron mano y lo prendieron. Uno de los presentes desenvainó la espada y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús Tomó la palabra y les dijo:
  • - “Habéis salido con espadas y palos a prenderme. Como si fuera un bandido. A diario estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me apresasteis. Pero es preciso que se cumplan las Escrituras. Entonces todos sus discípulos le abandonaron y huyeron.

Condujeron a Jesús ante el sumo sacerdote y se reunieron todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley. Los jefes de los sacerdotes y todo el senedrín buscaban una acusación contra Jesús para darle muerte, pero no la encontraban. Pues, aunque muchos testimoniaban en falso contra él, los testimonios no coincidían.

 Entonces se levantó el sumo sacerdote en medio de todos y preguntó a Jesús: ¿no respondes nada?, ¿qué significan estas acusaciones?.

 Jesús callaba y no respondía nada. El sumo sacerdote siguió preguntando: ¿Eres el Mesías, el hijo del Bendito?.

Jesús contestó: “Yo soy, veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo”.

 El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras y dijo: “ ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?. Acabáis de oír la blasfemia, ¿Qué os parece?. Todos lo juzgaron reo de muerte. Algunos comenzaron a escupirle y, tapándole la cara, le daban bofetadas y le decían: ¡Adivina!. Y también los guardias le golpeaban.

Muy de madrugada se reunieron a deliberar los jefes de los sacerdotes, junto con los ancianos, los maestros de la ley y todo el senedrín. Luego llevaron a Jesús atado y se lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó:

  • ¿Eres tú el Rey de los judíos?
  • Jesús le contestó: “Tú lo dices”.

Los jefes de los sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

Pilato le interrogó de nuevo diciéndole: ¿No respondes nada?, mira de cuántas cosas te acusan.
Pero Jesús no respondió nada más. De modo que Pilato se quedó extrañado.

Por la fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Tenía encarcelado a un tal Barrabás, con los sediciosos que habían cometido un asesinato en un motín. Pilato les dijo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?. Pues sabía que los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia. Los jefes de los sacerdotes azuzaron a la gente para que les soltase a Barrabás. Pilato les preguntó otra vez: ¿Qué queréis que haga con el que llamáis Rey de los judíos?. Ellos gritaron: ¡crucifícalo!. Pilato les replicó: “Pues, ¿qué ha hecho de malo?. Pero ellos gritaron todavía más fuerte: ¡Crucifícalo!. Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús para que lo azotaran y después lo crucificaran.

Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. Había un letrero en el que estaba escrita la causa de su condena: “El rey de los judíos”. Con Jesús crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los que pasaban por allí lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: ¡”Eh, tú que destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz!”; a otros salvó y a sí mismo no puede salvarse, ¡El Mesías!, ¡El rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos!”. Hasta los que habían sido crucificados junto a él lo injuriaban.

Al llegar el mediodía, toda la región quedó sumida en tinieblas hasta las tres. Y a eso de las tres gritó Jesús con fuerte voz.

  • ¡Eloí, eloí!, ¿lemá sabaktaní?, que quiere decir, “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado”?.
  • Uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola en una caña, le ofrecía de beber diciendo: “Vamos a ver si viene Elías a descolgarlo”.

Pero Jesús, lanzando un fuerte grito expiró.

La cortina del templo se rasgó en dos de arriba abajo. Y el centurión que estaba frente a Jesús, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: “verdaderamente este hombre era hijo de Dios”.

Algunas mujeres contemplaban la escena desde lejos. Entre ellas María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé.

 Pasado el sábado las tres mujeres compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús. EL primer día de la semana, muy de madrugada, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Pero al mirar observaron que la piedra había sido ya corrida, y eso que era muy grande. Cuando entraron en el sepulcro vieron a un joven sentado a la derecha, que iba vestido con una túnica blanca. Ellas se asustaron pero él les dijo:

  • No os asustéis, buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado. Ha resucitado. No está aquí.

Ellas salieron huyendo del sepulcro, llenas de temor y asombro, y no dijeron nada a nadie por el miedo que tenían.

Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana y se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Esta fue a comunicárselo a los que lo habían  acompañado, que estaban tristes y seguían llorando.

 Ellos, a pesar de oír que estaba vivo, no lo creyeron. Después de esto se apareció, con aspecto diferente, a dos de ellos que iban de camino hacia el campo. También fueron a dar la noticia a los demás. Pero tampoco les creyeron.

  Por último, se apareció a los once cuando estaban a la mesa y les echó en cara su incredulidad y su terquedad por no haber creído a quienes lo habían visto resucitado. Y les dijo:

‘Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará.

 A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos se curarán’.

Mis queridos amigos y paisanos, en mi vida me hubiera imaginado que tendría que afrontar un compromiso como este. Pregonar la Semana Santa. Humildemente he intentado solventarlo.

Mi pregón no ha sido tal, sino una carta breve donde se relata, con hilazón poético, una hermosa historia de amor y de entrega, de la que todos somos universalmente herederos, una historia tejida a través del sufrimiento y la fe, una historia que horada el corazón del hombre y la mujer hasta descubrir su más puro manantial. La historia de Jesús de Nazaret”.