Domingo, 17 de diciembre de 2017

Negociaciones y negaciones

         Lo bueno de escribir columnas es que todo el mundo quiere meter cuchara: te voy a dar un tema para tu columna; habla de esto, anda, que es interesante; a mí no me cites que ya está bien de reírte de la familia en los papeles –esta es mi señora madre-; oye, no te metas con Rufián que me gusta su look, métete con Iglesias que, como dice Azúa, cada vez que habla sube el pan…

         Y yo, que soy muy bien mandada, tomo nota y luego, hago lo que me viene en gana, claro que la última sugerencia de mi chico es insoslayable. Me indica un título, “Negociaciones y negaciones” y que me las componga, se queda más ancho que pancho mientras sigue escribiendo sobre informática, que es lo suyo. Y yo, que esta semana tengo sesión calenturienta de notas, me siento a pensar qué quiere decir mi inteligente pareja. Les cuento, llevo uno días manteniendo a los políticos en sordina, sin hacerles mucho caso si es que hablan, que lo mío ahora es escandalizarme por el trato vejatorio que le estamos dando a los refugiados sirios, a los que hemos entregado a la vara turca que no es precisamente la de medir, sino la de azotar.

         Nuestros políticos podrán decir misa, que en cuanto habla Ada Colau se acabó todo. A nadie debería sorprenderle su antimilitarismo, pero claro, de ahí a ser tan maleducada hay un abismo. Las instituciones se tienen que tratar entre sí con respeto y cierto cariño, que nunca sabe uno cuando va a necesitarlas. Colau no sabe que muchos de mis alumnos, sin oficio ni beneficio son ahora hombres de provecho gracias al ejército, salida profesional para quien la quiera y muy respetable en la actualidad. Y las cosas como son, será muy progre eso del antimilitarismo, pero un poco de humildad institucional es básica también. Lo dicho, que oímos los eco y no las voces, esas que nadie da porque las negociaciones han llegado a un punto en que son puras negaciones y ya, no hay mucho más que afirmar. Es un punto muerto que se estanca cual agua putrefacta y ya, se acabó, nos vamos a nuevas elecciones y a cruzar los deditos para que no vuelva a suceder este puzle que nadie puede resolver. O sí, a los de Podemos, adictos al protagonismo, puede que les dé en el último momento por hacerle la ola a Rivera, que parece el más listo del barrio. Se ha buscado un novio guapo pero no le hace ascos a cambiarlo cuando se tercie. A esto lo llamo yo oportunidad democrática. Después de todo es lo que le pedimos a estos señores que tienen tantas prebendas y tanto sueldo, que negocien, que resuelvan, que hagan la cuadratura del círculo… claro que en ocasiones están demasiado ocupados con la negación sempiterna, y claro, uno acaba declarándoles persona non grata y deseando mandarles a Turquía para que prueben lo que es el jarabe de palo y no las delicias turcas. Hay asuntos en los que no puede uno por menos que sentarse a llorar de impotencia, y no hablo de negociaciones. Esas, como a casi todo el país, a estas alturas nos importan bastante poco…

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez