Miércoles, 13 de diciembre de 2017

El grupo de teatro Lazarillo sigue divulgando la figura de Santa Teresa en Ávila

La formación completa un año de gira en el que se han sumado 112 exitosas representaciones

Y pasó un año. Un año entero con su recorrido de estaciones, avances y retrocesos en la vida. Inicio de nuevos y esperanzadores caminos no exentos de dificultades que los llenan de ilusión y atractivos. Y sobre todo fuerza para seguir adelante cumpliendo metas y esperando buenos frutos. La mujer que era Teresa de Jesús avanzó también por estos caminos que todos pisamos con las mismas claves en las que la mayoría creemos. La Historia y la Iglesia a la que pertenecía la condecoraron con distintivos envidiables para cualquier mortal. Se la ha nombrado santa, pero ante todo ha tenido el mérito de ser una mujer excepcional en pos de aquello en lo que creía: el más grande de los amores, el de Dios. Esto la fortaleció de tal manera que supo aprovechar todos sus dones humanos para ponerlos al servicio de la Humanidad en presente y en futuro. No importaron las injurias recibidas en su época, pues a la vista está, que todo lo que ella era, es lo que ha perdurado a lo largo de los tiempos. Y han pasado 500 años…

Sabemos que todo el 2015 se ha empapado de distintos y variados acontecimientos para celebrar el V centenario del nacimiento de Teresa. Y ella, como protagonista cultural en una época en la que parece que todo lo referente a este ámbito es pecado por los obstáculos que hay que saltar, cuando no derribar, para acceder a aquello que alimenta el espíritu y el ocio del ser humano como es la cultura. La carmelita en sí misma era una manifestación cultural contemplada desde cualquier faceta de su existencia. Consiguió que su época, el siglo XVI, se significara en lo histórico, político y religioso por la revolución que ella supuso en su tiempo como fundadora de conventos de la nueva orden carmelitana que creara; por ser defensora a ultranza de mujeres que como ella no estaban dispuestas a que eligieran su destino; por el alto nivel intelectual y teológico que poseía, a pesar de ser mujer y monja y sobre todo por poseer una personalidad que le hizo plantar cara a cualquier poderoso que, sólo por el hecho de serlo, supusiera un inconveniente en un camino, el suyo, que supo forjar con amor y valentía.

Este fue el contexto y la materia prima con la que en el otoño del 2014, concretamente el día de la muerte de la carmelita, 4 de octubre, el grupo de teatro de aficionados Lazarillo de Tormes, se puso manos a la obra, en la difícil tarea de conocer a todo un personaje de carne y hueso como lo fuera esta excepcional mujer. Tres fuertes cimientos sostuvieron el edificio que se construía: la obra de teatro, “Teresa, la jardinera de la luz”. En primer lugar, la idea del productor del proyecto, Javier de Prado, de que éste tenía que ser representado en los altares de las iglesias, en una doble intención. Primero, la de acercar el fenómeno teatral al mayor número y diversidad de público, en recintos cargados de toda la energía de tantos años y vivencias. Y por otro lado porque estos espacios eran el marco más apropiado para poner en escena toda la fuerza dramática que los personajes de la obra necesitaban para dar a conocer a una Teresa de Jesús absolutamente novedosa y sorprendente. Otro puntal importante fue contar con el prestigioso dramaturgo irlandés, Denis Rafter, asentado en nuestro país desde hace casi cuarenta años, y cuyo magisterio en el mundo de las artes escénicas, no necesita comentario alguno. Rafter ha elaborado un guión redondo a partir de un texto donde en tan sólo poco más de una hora se nos da a conocer a una Teresa de Jesús poliédrica en cada momento de su vida, haciendo un recorrido breve pero intenso por los momentos más significativos de la misma. Y así llegamos al tercer elemento de esta cohesionada estructura que es “Teresa, la jardinera de la luz”. Nos referimos a la labor de equipo realizada por todo el elenco de actores en la elaboración del texto llevado a escena. A instancias del director se puso en marcha una tarea de investigación en la vida de nuestra monja a través de su contexto histórico, cultural y religioso, y sobre todo a través de los numerosos escritos que nos ha dejado en un maravilloso intento de explicarnos y explicarse su esencia de mujer enamorada de Dios que hizo de su vida la revolución que conocemos.

Y así llegó el germen de la obra “Teresa, la jardinera de la luz” a Gotarrendura. Lazarillo de Tormes tuvo claro que a pesar de los oscuros intentos de que se sitúe el nacimiento de Teresa de Jesús en Ávila, hay indicios objetivos de que esto no debió ser así. Por eso decidieron como homenaje y guiño al pueblo de Gotarrendura preestrenar su obra allí antes de pasar por Ávila o Alba de Tormes, localidades tan señaladas ambas en la vida de la carmelita. Sin embargo fue seguramente en éste su pueblo de origen donde se asentaron las fuertes raíces de su personalidad. Los momentos de la infancia de la niña Teresa parecen esbozar ya un retrato de la mujer que la Historia ha conocido. Creció entre hermanos varones, jugó libre e igual entre ellos y con ellos empezó a conocer a un Jesús de Nazaret, que se convertiría en el gran hombre de su vida. Queda en el pueblo un palomar de su familia como baluarte y recordatorio de la sencillez y sin embargo fortaleza para volar alto que ella nos ha transmitido, partiendo de lo humilde y auténtico pero que sin embargo es lo que permanece. “Palomarcicos” llamaba ella a las ermitas que levantaba en el jardín de su casa con sus hermanos, como si de una metáfora viva se tratara.

Después de tantos caminos recorridos por el grupo teatral Lazarillo de Tormes para llevar a tantos y tantos públicos en tantas y tantas localidades esta magnífica y original “Teresa, la jardinera de la luz”, vuelve encantado a Gotarrendura a celebrar el ciclo de todo un año de exitosas representaciones, que se ha prolongado a lo largo de este 2016. Huelga hablar, después de tantas funciones, de la espectacular entrada de las hermanas carmelitas por el pasillo de la iglesia camino del altar en la parroquia de san Miguel Arcángel de este emocionado pueblo de Gotarrendura. Los hábitos de original paño de estameña vestidos por las actrices sobrecogían de nuevo a los espectadores. Tenían el orgullo y la vida que devolvían al pueblo de donde partieron para crecer y madurar por esos caminos como lo hiciera también Teresa de Jesús. Y de nuevo ante un san Miguel, siempre defensor y protector, de cara al púlpito donde el enviado de la Inquisición les increpa por su tardanza y la ausencia de Teresa, da comienzo el descubrimiento de toda una vida magistral. Una corta y sucinta frase resume y abre a la vez todo lo que allí está por verse. Es la hermana Catalina, papel que nos ofrece en escena Pilar de la Sota, la que contesta al padre dominico ante la obviedad de la pregunta: “El camino es largo”. Y a pesar de todo, Teresa lo ha recorrido con la fuerza, alegría y complicidad que sus compañeras de viaje siempre le han ofrecido hasta el final de sus días. La música que sale del órgano del maestro Salinas, interpretada por uno de los actores del grupo, ciego como el maestro del XVI, y coetáneo de Teresa, envuelven con la emoción que se genera, un amiente al que los espectadores se sienten transportados al darse cuenta que su “niña Teresa” transformada en toda una “jardinera de la luz” vuelve a ellos con la madurez adquirida en tantos caminos recorridos. El círculo se cierra en Gotarrendura en la representación 112, como 12 son los meses de un año que convierte este ciclo en la rueda de la carreta que seguirá girando por esos caminos mientras otras gentes quieran saber de la luz de esta mujer.

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