Lunes, 11 de diciembre de 2017

Hombres y mujeres a cada cual lo suyo

En nuestro país seguimos con un gobierno en funciones y con unos partidos políticos que no funcionan. Desde la izquierda, el centro y la derecha se dice que hay que saber leer lo que los ciudadanos han dicho en las urnas, pero se manifiestan como auténticos  analfabetos para esta tarea. Hablan de cambio, pero nada cambia. El encefalograma de la vida política continúa siendo plano, cada uno enrocado en sus posturas.

En Europa tampoco cambian las cosas, si acaso van a peor. El fracaso de la política europea con relación a la crisis de refugiados es ya estrepitoso además de vergonzoso. Ya ni siquiera se distingue entre inmigrantes y refugiados, se les mete en el mismo saco y se les trata de expulsar de todos sitios, cuando no se comerciar a su costa ofreciendo a ciertos países importantes compensaciones económicas y beneficios a sus ciudadanos para que los acepten en sus territorios. ¿Sabes usted que España se comprometió a dar asilo a 9.000 refugiados y apenas son 18 los que han llegado a nuestro país? Y es que se continúa actuando sobre los efectos y no sobre las causas. Todos sabemos que los refugiados sólo quieren volver a su país, recuperar sus vidas pero en un lugar en paz, por tanto poner fin a la guerra en Siria y otros países debiera ser la prioridad de todos.

Y en medio de todo esto celebramos el Día Internacional de la Mujer. Las Naciones Unidas han elegido para este año el lema: "Por un Planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género". En mi opinión muy poco preciso y demasiado numérico. Yo no estoy por la igualdad, porque suscribo las acertadas palabras del poeta, dramaturgo y novelista francés Víctor Hugo: La primera igualdad es la equidad.

El término “género” se define en las ciencias sociales como establecer pautas de comportamiento, roles y actividades diferenciadas dentro de un conjunto social de acuerdo al sexo al que cada individuo pertenezca, además el término “equidad” debe confundirse con “igualdad”. La idea de equidad implica un criterio de justicia entre los diversos colectivos que conforman las sociedades y la igualdad expresa más una valoración entre individuos. Para los antiguos griegos la justicia era entendida como una forma de equilibrar las cargas: a cada cual lo suyo[1] . Por tanto la equidad se mueve en el plano social más que en el individual y debe dar entre colectivos.

La mayoría de textos legales afirman que el hombre y la mujer son iguales ante la ley, por lo tanto están en el mismo plano de igualdad. Esta equiparación política es positiva, pero claramente insuficiente ya que para que esta igualdad sea real deben darse mecanismos equitativos y es aquí dónde queda mucho por hacer a nivel familiar, social, laboral y sobre todo político.

¿Por dónde empezar? Desde luego por el principio, por la educación, una educación no  sexista es la mejor forma de lograr eliminar tanto la falta de equidad entre colectivos como la desigualdad entre individuos. Pero si el ámbito educativo es el comienzo, también en el familiar, en los medios de comunicación, en la publicidad, etc.; son necesarios importantes cambios. Ofrecer iguales oportunidad pero dando a cada cual lo suyo es el mejor camino, ya que una lectura de la igualdad fundamentalista puede terminar por producir injusticia.

Para terminar me sumaré a la invitación de la modelo y actriz Emma Watson: Hombres, quiero aprovechar esta oportunidad para hacerles una invitación formal, la equidad de género también es asunto suyo. Pues eso, aceptémosla.

 

[1] Aristóteles, Ética nicomáquea