Jueves, 14 de diciembre de 2017

Ámbitos de nuestra realidad

La vida del ser humano discurre por espacios diferentes. Cada uno de nosotros  asumimos distintas circunstancias y, aunque todos marchamos por el mismo camino, ninguno perseguimos los mismos objetivos. Sujetos, objetos y ámbitos, interactúan de forma muy estrecha para crear una realidad distinta en cada persona.

Nuestra relación con los objetos, no precisa mayor explicación. Pero en lo que se refiere a los ámbitos, la cuestión cambia. A través de ellos, establecemos espacios de realidad selectivos, creando sólidos vínculos con las personas más cercanas.

Familia, empresa, amigos, cultura, religión; incluso nuestro espacio interior, que es donde tendríamos que pasar más tiempo, son ámbitos por donde discurrimos, y mucho nos cuidamos de que nuestra conducta fluya por los cauces aceptados por quienes comparten con nosotros la misma realidad.

De manera que, no todo está perdido si uno de esos ámbitos cae. Nos quedan los demás y, si hemos actuado con honestidad, podremos mantenerlos sin mayores problemas.

Sin embargo, nuestra vida, siempre se verá afectada por el tiempo que pasamos  en cada uno de esos espacios. Hay uno más importante que el resto. Me refiero a nuestro espacio interior. En ese lugar, cargamos las baterías del ánimo cuando el temporal de los acontecimientos humanos arrecia. Pueden cerrarse todas las puertas, pero ese recinto siempre permanecerá abierto para brindarnos una segunda oportunidad. Pues, fuera de nosotros, discurre el teatro del mundo, con sus múltiples representaciones de la irrealidad.

Es un gran estímulo para seguir adelante, saber que nuestra vida está tejida por distintas realidades, y no es frecuente que se trunquen todas al mismo tiempo. La Naturaleza ha previsto tales contingencias, y nos ha dotado de fuerza suficiente para superarlas.

Pero, también nos pide honestidad y esfuerzo. Hemos de considerar, asimismo, el engaño que nos circunda. Hay demasiados elementos ataviados con disfraces de veracidad, que aprovechan cualquier atajo; cualquier oportunidad para situarse al margen de la ley.

No es difícil, por tanto, encontrarnos con individuos que manifiestan un comportamiento ejemplar en alguno de sus ámbitos, siendo reprobable su conducta en otros. Se puede ser ejemplar profesionalmente y, al mismo tiempo, nefasto compañero de trabajo. O muy valorado socialmente, por la misión desempeñada, y ser maltratador en el propio hogar.

Estas conductas, y muchas más, son susceptibles de llevarse a cabo. Tales comportamientos, discurren por diferentes ámbitos de nuestra realidad, y requieren un disfraz apropiado a cada situación. Es necesario salvar el buen concepto que los demás abrigan sobre nosotros.

Sin embargo, nuestro descanso; también nuestro equilibrio y tranquilidad, se fortalecen manteniendo la misma conducta en todos los espacios por donde pasamos. No es necesario cambiar el disfraz si no existen intenciones bastardas.

La honestidad es un atributo excelso, se adapta a todas las realidades de la vida, nos brinda tranquilidad sin límites.