Lunes, 18 de diciembre de 2017

Carta a una madre

Había un día en marzo que era el de "Los Ángeles Custodios". Por ello mi madre se llama María Ángeles, y por ella, yo Ángel. Era el primero de mes, el día de su cumpleaños, y en este son 76  los que hace.

Por los demás, mi madre es una mujer con sus defectos ( y quién no), y con sus virtudes (a quién le faltan). Pero una madre es aquella a la que uno le merma lo malo y le pone lo bueno, porque quién es el listo que sabe desdecir a la sangre..., ¿O no? 

No hace mucho vino a mi casa y en seguida se me puso a zurcir los pantalones que yo ya tenía para el trapero. Y mientras ella cosía, yo le hice un apunte desdeñando sus negativas: !Qué haces hijo..., que estoy sin peinar, tan vieja, con estas arrugas, y en bata... Anda prenda, que cualquiera que me vea!

Pudor de madre, y orgullo de hijo, el que dice que esa mujer es la que dio la primera puntada de su vida. Cómo decirle que sus arrugas son para mí como medallas en pecho militar. 

Es una mujer sencilla, sufrida , trabajadora, serrana (de La Alberca, en la salmantina Sierra de Francia), y como tal tiene su carácter particular... Pero como la tuya, como todas la madres, se ha afanado, y se afanará hasta el final, en cumplir los recados de la naturaleza y de sus entrañas como mejor puede; porque esta vida para pocos es de seda, sino de esparto en la que hay que hacer apaños con los hilos que deja, y la tarea es remediar los rotos, y zurcir, y zurcir mucho en silencio y anonimato.

Le hice muchas trastadas en mi niñez y juventud, pero siempre, al regresar de la discoteca, ella había dejado las sobras de la cena al calor de las brasas: esa pesca, ese pollo, ese torrezno en un plato tapado...

Esas cosas nimias, ya sabéis, pero que te anclan en la vida.

Me gusta mucho recibir carta suya desde el pueblo con sus grandes y deshilachadas letras, pero que a mi me parecen flores bordadas en el lienzo albo del folio. Hoy le respondo con estas letrillas, y me gustaría que no fueran para ella sola, sino para todas las madres.

Ahora el calendario nos ha pasado el día de los buenos cuidados angélicos a octubre. Pero yo, María Ángeles, te felicito doblemente igual. Gracias, madre, y perdona por no tener de nuevo para regalarte mas que mi cariño.