Domingo, 17 de diciembre de 2017

Metáforas truncadas

Días de escenificaciones y desacuerdos. En los que queda muy subrayado ese sintagma de “la sociedad del espectáculo”, al que aludiera Guy Debord, para caracterizar el mundo en que vivimos. Días ingobernables, como vacíos, en los que lo viejo y lo nuevo parecen confundirse e incluso travestirse. ¿Qué más da que se escenifiquen en el parlamento determinados gestos, aparentemente modernos, como llevar a un bebé, o darse unos besos hipotéticamente escandalosos, si luego lo aparentemente nuevo se alía con lo más viejo y desgastado, con eso en torno a lo que la sociedad quiere ya pasar página?

            Y es que tales gestos, aparentemente modernos, no son más que escenificaciones, metáforas truncadas, porque no sirven para alumbrar lo nuevo, ya que, en lo esencial, se alían con lo viejo y lo caduco.

            Metáforas truncadas. Gestos vacíos. La política, determinados políticos no solo actúan de continuo en los ‘platós’ televisivos, sino que incluso han llegado a convertir el parlamento en otro ‘plató’; para escenificar, para gestualizar lo aparentemente moderno, cuando luego se alían con lo antiguo y lo caduco, con aquello de lo que hay que pasar página.

            La sociedad del espectáculo se retroalimenta a sí misma, se ceba de continuo, en una sucesión de gestos sin fin. Pero no alumbra lo nuevo, se queda en una gestualidad que pinza lo que ha de venir, tapona el nacimiento de un nuevo momento, de una nueva realidad por la que clama la sociedad española.

            Quedémonos con el recuerdo –en esta despedida en la que estamos–, con el grato recuerdo de la etno-musicóloga salmantina Pilar Magadán Chao, ahora que se nos acaba de marchar de este mundo, para instalarse en el territorio de la memoria colectiva, ella que valoró, documentó y estudió la música tradicional salmantina. Ella, que fue siempre metáfora conseguida, frente a tantas metáforas truncadas, como las de estos días.