Lunes, 11 de diciembre de 2017

Grandes películas, pésimos actores y besos con lengua

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Estamos en un momento social, el económico ya no es ni momento, en el que cada acción de los políticos de turno se mueve en una representación teatral.

Hace ya bastantes años, allá por el año 1979, en un país representante del “socialismo de consumo” o lo que es lo mismo capitalismo a la carta, Honecker y Brezhnev con un apasionado beso, mucho más “sensual” que el de estos dos nuevos amores virtuales y de conveniencia, firmaban un “nuevo mundo”, en el que la RDA y la Unión Soviética pretendían que nada cambiara bajo la pantalla de generar un gran cambio. Uno defendía la ideología obsoleta del comunismo a la carta con bastantes platos de capitalismo; el otro, la intervención del Ejército Rojo en Alemania en caso de una revuelta similar a la de Praga, muy posible dada la gran oposición a Honecker.

El “gran cambio”, el beso lleno de diplomacia envenenada, reforzaba el muro que dividía el país ( miren dónde en nuestro país se construye este muro ) y alejaba la posibilidad de la reunificación alemana. Un beso que daba aliento y parecía deshelar las relaciones, un beso mortal. Y para no olvidarse de ello debajo del muro de Berlín, en sus restos, se conserva el dibujo del momento y  se lee el lema: “Dios, ayúdame a sobrevivir a este amor letal”.

Pero no sólo es el ínclito apasionado el que hace permanentemente teatro, otros los podíamos encajar en “ El poder del Perro “ o “ La gran mentira americana” incluso hilando más fino y echando mano de Petros Markaris representarían títulos de sus afamadas novelas como : “ Hasta aquí hemos llegado “ “ Con el Agua al cuello” o “ Liquidación final” y para poner el colofón y recordando la música de Ennio Morricone pondríamos la representación de la cinta “ Por un puñado de dólares”, en definitiva puro teatro con muy malos actores.

Y no olvidemos que a estos fenómenos del uso de las redes sociales y las pantallas de televisión los encumbraron los que dieron mal uso de su poder. Que aprovechando esta comunicación del siglo XXI, tan irreal como rápida aparecía un "nuevo Mesías?" informal pero chic, que se presentaba en sociedad como el ansiado superhéroe dispuesto a salvarnos de nosotros mismos y de nuestros vicios congénitos.

Pero, como dicen los sabios ingleses, cada uno acaba por encontrar su propio Waterloo  Y el Waterloo del ínclito estaba en Cataluña. El 27S bajó de un bofetón a el nuevo grupo "politico" de sus mundos de Yupi, donde se puede ser un poquito independentista un rato y apoyar la unidad de España cinco minutos después, el 20D le dio la potestad  de un beso con lengua a su “amada” delante de todo el hemiciclo, para dar envidia a unos y subir la temperatura ( de diferentes partes del cuerpo ) a otros, y así plasmar su independentismo según las pautas marcadas por un gran estratega de la realidad virtual y manipulador de la realidad social.