Lunes, 11 de diciembre de 2017

Estos días azules

[Img #576326]Aunque los días en la política nacional estén llenos de nubarrones, la semana que ahora finaliza me deja el sabor de “estos días azules y este sol de la infancia”, únicos versos que llevaba Machado en uno de los bolsillos de su chaqueta raída en su exilio de Collioure cuando le sobrevino la muerte.  Nos lo ha recordado Joaquín Sabina en su emotivo discurso después de ser declarado “hijo predilecto de Andalucía” en la festividad de la región.

Es más edificante para la salud mental y del alma regodearse en la lírica idealista y placida de Joaquín, que en los discursos broncos, rencorosos y empapados de naftalina que hemos escuchado a Rajoy, los bisoños e ingenuos de Sánchez o los que recuerdan el enfrentamiento fratricida de las dos Españas, de Iglesias. Todos, además, han cometido errores de bulto en sus alocuciones, ¿será el subconsciente el que los traiciona?. “Lo que nosotros hemos hecho, cosa que no hizo usted, es engañar a la gente”, dijo Rajoy; “vamos a ampliar y reforzar las puertas giratorias”, dijo Sánchez; Iglesias, por su parte, manifestó a los firmantes del pacto (PSOE y C,S) que “a la vista de los contenidos de su pacto, ustedes tendrían que haber elegido las lanzas de Velázquez puestos a representar una capitulación” (en lugar de el cuadro titulado “El abrazo de Juan Genovés”, que eligieron como fondo), cuando el cuadro de Velázquez lo que simboliza es la victoria de España y la rendición de los Países Bajos. ¿Son lapsus línguae de los tres o confesiones de extremaunción de los dos primeros y patadas a la historia intencionadas del tercero?

Al menos, Sabina, hizo un panegírico de poetas, cantantes, toreros, filósofos, actores, titiriteros, maestros, tonadilleras y bailarines andaluces, esgrimiendo sus dotes humanas y literarias y sus aparentes contradicciones personales, símbolo de la armonía del mestizaje y síntoma de que es posible vivir en paz respetando el pluralismo y la diversidad: “abrácense por fin las dos España/ muera el siniestro guerracivilismo”, porque son compatibles los estereotipos de almas amigas que muchos quieren enfrentar y dividir: “el rojo con abono en la Maestranza/ el rockero que admira al Agujetas/ el ateo que espera a la Esperanza/ de Triana soñando una Saeta”; porque, se puede ser forofo del Atleti y “admirador de Messi y de Zizou”; pero, por desgracia y para nuestro desconsuelo, muchos se alegran de la muerte de Abel porque así se puede encerrar de por vida a Caín. Es el argumento de los que se apoyan en patrias y banderas para expulsar del territorio común al disidente.

Las canciones de Sabina nos hacen recordar a ese poeta urbano que se conforma con “un buen tinto y una buena titi”, aunque añore aquél sol de su infancia porque “el campo estará verde, debe ser primavera/ desolado paisaje de antenas y de cables; que nunca esconde sus ideales y como dice Aute, es “amigo de causas perdidas, desde aquél mayo de París”; que nos ha contado historias de amor posibles, “nos vimos tres veces, la cuarta se vino a dormir/ apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida; e imposibles, “toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos, de un rato me llamas”; añorados “trepo por tu recuerdo como una enredadera/ que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy/esa absurda epidemia que sufren las aceras,/ si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy” y suicidas, “entre la cirrosis y la sobredosis/ andas siempre muñeca…/ ahora es demasiado tarde, princesa/ búscate otro perro que te ladre, princesa”; crápula y pendenciero hasta el punto “que le da por perseguir el mar dentro de un vaso de ginebra”, mujeriego impenitente y amigo de pasiones desenfrenadas, que junto a su chica deseada después de horas y horas “desnudos al anochecer los encontró la luna”. Aunque andaluz y amante de su tierra, también lo es de su ciudad adoptiva, “aquí he vivido, aquí quiero quedarme/ pongamos que hablo de Madrid” y de esa Latinoamérica que siempre lleva en el corazón, porque “en Buenos Aires amanezco, resucito/ me defiendo a gritos, quiero ser feliz”

Hago una sugerencia al lector para este fin de semana: olvídese de lo que pasa en las Cortes, de si hay gobierno o no lo hay, de si pierde el Madrid o gana el Barça, de si nieva, truena o llueve y refúgiese junto a su persona amada escuchando canciones de Sabina, y cuando hayan pasado las diez, las once, las doce, la una, las dos y las tres, que la felicidad les deje rendidos en un plácido sueño. Y cuando despierten, lean y recítense poemas de Machado, Lorca, Neruda, León Felipe, Cernuda o Benedetti.