Viernes, 15 de diciembre de 2017

LEGO: jugar bien o construir actitud

[Img #573553]Paseo  bajo la lluvia de  este desapacible y tardío invierno,  me quedo esperando el autobús ante un gran panel que dice : "dirás que el lunes empiezas", sobresscrito en rojo: "no esperes para construir". Todo un programa de vida, al tiempo que un golpe de viento me vuelve del revés el paraguas se me pasan por la cabeza rápidamente como cortocircuitos varias ideas:  el tiempo intempestivo del norte, la película de Bertrand Tavernier Hoy empieza todo (1999), y un cierto desánimo como el del profesor Daniel Lefebvre en la escuela de la  película por el tedio y  la insignificancia de lo que aprendemos y enseñamos en el aula. Delante de  mí, se sube al aotobús un niño que atraviesa la ciudad y la lluvia ajeno a toda melancolía, entusiasmado, despierto, absorto, manipulando incansablemente  un puñadito de piezas lego.

Me pongo a pensar en el origen de este juguete danés, lo que empezó siendo la vida dura  a principios del siglo pasado de un carpintero que tuvo que sufrir el incendio de su negocio,  las desgracias familiares, todo lo cual no hizo sino aumentar su empeño por construir algo que sacara adelante a sus hijos y que hiciera próspero el negocio. Desde hace casi un siglo hasta hoy la madera pasó al plástico, las construcciones domésticas a juguetes, y la facilidad del ensamblaje, que además potencia la creatividad del niño, a la versatilidad de las construcciones. Un despliegue ejemplar de perseverancia y creatividad.

Vuelve a asediarme en la rotonda el eslogan de la FAD, y pienso en el acierto de construir actitudes como frente sólido para no dejar entrar la droga  en el cerebro y en la vida de los jóvenes, construir  aprendizajes significativos para crecer y ser más persona.  Construir actitudes, crear hábitos que afiancen la virtud, el esfuerzo reiterado de la voluntad, porque una golondrina no hace verano.

Pienso en la perseverancia, en la fuerza de voluntad, en el tesón, en el empeño que se resiste a la repetición mecánica pero es capaz de la rectificación creadora que abra horizontes de ilusión y entusiamo, más allá de fracasos y errores. Todas esas actitudes que vertebraron nuestra infancia y orientaron nuestra educación hacia el amor del trabajo bien hecho;  al tiempo que constato que todas las facilidades, hojas de ejercicios resueltos, recetas precocinadas contra el fracaso escolar son inútiles. No llegarán a término mientras nuestra sociedad no valore el verdadero  esfuerzo,  el sacrificio lento y pausado del  estudio, mientras  siga produciendo niños satisfechos y sumisos a rutinas de resultados a corto plazo, mientras los que gobiernan no tengan visión ni vocación de futuro, sino de estrellato mediático, y no quieran edificar un sistema educativo, sino sólo destruir el anterior. 

Detrás de los resultados académicos o electorales hay personas con necesidades vitales y anhelos espirituales, capaces o no de construir un mundo sólido con una vida comprometida. Todo lo demás son parches, micororrelatos mojados por la lluvia y rayados por el desánimo. “Solo lo mejor es suficientemente bueno”, era el lema bajo el que Kristiansen producía patos, camiones y aviones de madera, allá en la fría Dinamarca,  que no lograban venderse en gran cantidad, pero  le impulsaban a seguir  innovando hasta descubrir el leg y godt, («jugar bien»), que diera nombre a la gran empresa LEGO, dirigida hoy por sus nietos.