Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Verificación

"Aquel que tiene de escribir la llave, con gracia y agudeza en tanto extrema, que su igual en el orbe no se sabe, es Don Luis de Góngora, a quien temo agraviar en mis cortas alabanzas, aunque las suba al grado más supremo". (Miguel de Cervantes)

[Img #570666]

Una de las verdades para el que esto firma es que el periodismo se basa en el relato fidedigno de los hechos. Aunque esto sea una obviedad, las cosas no están tan claras. Se extiende la idea de que hay versiones para todos los gustos, y que para gustos están los colores, es decir, elija usted el diario o la emisora de su gusto y tendrá la realidad que le plazca. El periodismo se convierte así en una prolongación de la propaganda política o de la actualidad comercial. No hay forma de saber con certeza, que pasa. Sólo tenemos versiones interesadas de la realidad. De hecho, precisamente porque las noticias son un material complejo y resbaladizo, el buen periodismo exige ejercicio de las virtudes más destacadas; lo objetivo es el método, no el periodista. La clave está en la disciplina del oficio, no en los propósitos.

“A fin de cuentas, el periodismo se diferencia del entretenimiento, la propaganda, las obras de ficción o el arte por su disciplina de verificación. El entretenimiento se concentra en la diversión. La propaganda vende hechos o los inventa con el fin de alcanzar su verdadero objetivo: la persuasión o la manipulación. El añorado Javier Sampedro- en su opinión sobre la capacidad de los periodistas para buscar la verdad, decía: que esta palabra tal vez asuste, pero que no la debemos temer. La verdad del periodismo es simplemente el cumplimiento de unas normas, el seguimiento obligatorio, rutinario e imprescindible de unas normas profesionales.

La primera de estas reglas es la verificación de los hechos en varias fuentes. La comprobación profesional de los hechos. Todos los profesionales del periodismo han de saber exactamente en qué consiste este oficio; en ver, testimoniar, preguntar y comprobar. Otra cosa es que estemos dispuestos a respetarlo. El periodismo no tiene nada que ver con la falsificación de los hechos en beneficio de una interpretación determinada. Eso no es periodismo. No hay versiones para todos los gustos: o lo dijo o no lo dijo; o fueron cinco o fueron seis. O se reunieron o no lo hicieron. O tienes la manera de demostrar que es verdad lo que relatas como hechos ciertos, o no la tienes. Hoy desgraciadamente asistimos a un total despropósito, se pretende que los profesionales y los lectores olviden en qué consisten esas reglas y que duden de todo. Pero el asunto es bastante simple; uno puede opinar lo que quiera sobre unos hechos determinados, pero no cambiar esos hechos a su propia voluntad para justificar su opinión predeterminada. Eso no tiene altura, no es periodismo, ni siquiera amarillo (aquel que se fija solo en los aspectos más sórdidos de la realidad). Eso, por decirlo con todas sus letras, es una mierda de periodismo, es la basura que ignora la realidad. Y, esto lamentablemente abunda mucho.

Los habitantes de las redacciones viven en un contexto sociopolítico, naturalmente, y pueden estar sesgados por prejuicios lastrados por errores de apreciación o informados por fuentes interesadas. Rara vez pueden disponer de toda la información relevante, y formar buenas hipótesis de trabajo es una parte esencial de su oficio. Disponer de información relevante es esencial para informar con solvencia. No es fácil y más cuando el poder se empeña en ocultarla. Lo que suele ocurrir, en estos casos, es que los que dan su versión interesada de los hechos se erigen en los portadores de la verdad. La misma que busca un periodista que merezca la pena... O no…

 

Fermín González- salamancartvaldia.        (Blog taurinerias)