Lunes, 21 de mayo de 2018

¿Afrontando los problemas del país?

Se celebraron las últimas Elecciones Generales, y los resultados vuelven a ser un buen ejemplo de la necesidad de cambiar las reglas de juego en la vida política, no reflejan fielmente lo que han decidido los españoles. Todos los votos no valen igual y los resultados pueden ser equívocos. Por ejemplo, aunque parezca lo contrario los partidos que se sitúan a la izquierda tienen un millón de votos más que la derecha, pero 6 diputados menos. El caso más paradigmático y bochornoso es Izquierda Unida, cada diputado le cuesta casi medio millón de votos, frente a los poco más de 50.000 del PNV o los 58.000 del PP.

[Img #520397]Resulta llamativo que un partido acuciado por problemas de corrupción, y que no sólo no ha ¿sabido/querido? atajarlos sino que cada vez parece ser su entorno más consustancial, haya ganado (bien es cierto que con 63 diputados menos). Incluso llevan personajes con problemas judiciales en sus listas, sin que parezca que a nadie le de vergüenza votar cosas como esas. Un partido cuyo modelo de país hace aguas por todas partes, por no hablar de una política económica que no lleva a otro sitio que la precariedad, la desigualdad social y la emigración. También se evidencia la mala idea que resulta la desunión de quienes están a la izquierda del partido socialista, si hubieran ido juntos y se entendieran con este bordearían la mayoría absoluta. Aunque a la vista de lo que sucede en el PSOE cualquiera diría que les interesa el país o que son de izquierdas.

El resultado es un Congreso fragmentado que obliga al diálogo y el consenso. Algo que debería estar presente siempre, al menos en temas de “estado”. Pero ahora necesitamos imperiosamente un entendimiento sincero y generoso (no sólo de la izquierda como casi siempre) para afrontar la acuciante necesidad de cambio real, empezando por la Constitución. Como el modelo de Estado, enfrentando con seriedad y realismo la situación de Cataluña con una consulta ciudadana cada vez más inevitable. O nuestras malas bases económicas, y sus implicaciones en los problemas ambientales por ejemplo (el Cambio Climático y la contaminación no desaparecen aunque los escondamos), por no olvidar que se extiende y agudiza la precariedad, la desigualdad social y la pobreza, además de alentar nuevamente a la emigración de nuestros jóvenes, del futuro. Qué decir de la justicia ¿no politizada? de la que demasiadas veces se duda de su imparcialidad. Y de la paulatina privatización de servicios públicos esenciales, que la mal llamada crisis ha evidenciado que así son más ineficientes y caros, aparte de fuente de corrupción. Necesitamos repensar el país, y el tiempo pasa.

Quiero fijarme especialmente en la Educación, obligación del Estado, que a pesar de sus continuas reformas no resuelve problemas que, al decir de los expertos, sólo se corrigen con ella. Hablo de valores, ¿se acuerdan de Educación para la Ciudadanía?, aunque también deben ser afrontados por las familias. Recordemos que en la campaña electoral salió de aquella manera el machismo imperante, que sigue sin afrontarse con decisión. Este año han asesinado al menos a 55 mujeres, por no hablar de los casos de acoso relacionados con la identidad sexual, con un reciente suicidio. Por el contrario, en la educación siguen teniendo una presencia desmedida entidades machistas en su concepción y organización, como las religiosas, no hay nada más que ver quienes las dirigen y lo que dicen. Y cada vez se me hace más difícil encontrar su compatibilidad con los derechos fundamentales que pregona la Constitución.

Como anécdota apuntar que lo que más “gracia” me ha hecho de la campaña electoral son las estupideces que se dicen a pie de calle, y que sorprendentemente demasiada gente cree, para descalificar a partidos como Podemos, las mismas que en su día soportaron los socialistas: que se cargan España, que cerraran las empresas, que nos volveremos venezolanos (es curioso que nadie se pregunte qué pasó antes de Chaves para que este llegara al poder en Venezuela), etc...