Viernes, 23 de febrero de 2018

Rozando la plena postmodernidad (aunque cada vez con menos gente).

El 17 de Diciembre de 2015 volvimos al siglo XIX, el ferrocarril nos lleva nuevamente a Madrid por Medina del Campo, como sucedía entonces. A pesar de la intencionalidad de la frase hay que reconocer que, ahora que por fin rozamos la postmodernidad, al menos lo hace a la velocidad media de 143 km/h. Aunque apuntala esa política de destruir el ferrocarril en red, que existía hasta 1985 como positiva conclusión de las primeras revisiones de la política del ferrocarril radial del XIX; cosa que no ocurre con las autovías, que sí constituyen una red.

[Img #506892]Indudablemente la velocidad es importante. En 96 minutos (que no 84) se llega a la Estación de Chamartín en Madrid, en vez de los 157-169 minutos de la actual línea por Ávila. Y todo tras una modernización de las que hay que hacer cada cierto número de años para que la línea mantenga su competitividad y operatividad, realizada a fines de los años 80 entre Medina del Campo y Fuentes de Oñoro. Y, por supuesto, con su electrificación parcial, falta el tramo entre Salamanca y Fuentes de Oñoro, tras una tramitación administrativa laaarga. No pasa de 155 Km/h. de velocidad punta entre Salamanca y Medina al existir todavía pasos a nivel, a pesar de las promesas de acabar con esto, y la vía no está vallada. Lo que tampoco parece conseguir la tecnología, informática e internet, es coger el tren en el Apeadero de La Alamedilla, más céntrico y mejor comunicado con el resto de la ciudad.

Si algo trasmite esta apresurada puesta en marcha del nuevo servicio es improvisación, una vez más. El supuesto nuevo ferrocarril español se hace a fuerza de talonario, con notables sobrecostes, evidenciando una falta de clara de estrategia y planificación, para qué sirve lo que se hace. Se electrifica la línea con una tensión incompatible para mercancías y otros trenes de viajeros, y no se puede aprovechar para llegar antes a Valladolid, Bilbao, Barcelona…, vaya, por un momento olvidé que estos dos últimos destinos ya no existen en pro de la modernidad. Se ponen sólo 3 servicios por sentido porque no hay trenes suficientes, nadie se dio cuenta de esto durante los más de 15 años de tramitación y obras. Por Ávila hay 8 servicios por sentido, que responden mejor a la demanda. El precio a 20 euros por viaje suena a propaganda, si algo demuestra la “Alta Velocidad” en España es que es más cara que el avión.

No parece tener ninguna importancia que podamos perder la relación de Peñaranda con Madrid y, quien sabe, si la de Salamanca con Ávila. El futuro de la línea utilizada hasta este momento queda en entredicho. A pesar de que los mapas muestran que entre Salamanca y Madrid hay menos distancia pasando por Ávila que por Medina, el viejo anuncio de Renfe de que la distancia más corta a veces no es la línea recta, queda patente. En ferrocarril en el primer caso hay 237 km, en el nuevo servicio 229 km. Entre Salamanca y Ávila hay 11 kilómetros más por ferrocarril que por autovía.

A pesar de su trascendencia y de la gran cantidad de fondos públicos que acaparan las infraestructuras del transporte, apenas tienen hueco en el debate social y político, y en las reflexiones acerca de su transformación. El tren convencional está en una situación crítica, el deterioro y desmantelamiento de líneas y servicios de media y larga distancia, como resultado del nulo interés político y el abandono institucional, es un proceso que lleva décadas gestándose y sin disimulo alguno. Sin olvidar la amenaza de privatización de un servicio esencial que debería ser de interés público. Y eso que la “crisis” de 2008 cuestiona el mito del AVE; con líneas sin ocupación y estaciones vacías, marcado por la corrupción y la especulación. Afortunadamente el cuestionamiento de un modelo de transporte injusto socialmente, y que solo beneficia a unos pocos, parece tener cada vez un mayor calado social. Ya veremos que da de sí en Salamanca.