El Toro de San Sebastián volvió a reunir a vecinos y visitantes en una jornada cargada de tradición y ambiente festivo.
Hoy, 17 de enero, Ciudad Rodrigo ha vuelto a sentir que el Carnaval está cada vez más cerca con la celebración de uno de los actos más esperados de las fiestas de San Sebastián: el Toro de San Sebastián, una cita marcada en rojo en el calendario de los mirobrigenses y que, para muchos, supone el auténtico pistoletazo de salida del ambiente carnavalero.
Ni el frío ni la ausencia de sol han logrado frenar las ganas de fiesta. Antes de que comenzara el evento, la avenida del Conde de Foxá y las calles cercanas se han llenado de vecinos y visitantes dispuestos a disfrutar de una jornada única, donde el toro, la música y el reencuentro con amigos y familiares han sido los grandes protagonistas. El ambiente, cargado de emoción y tradición, ha dejado claro que nadie quería perderse un día tan especial.
Esta ha sido ya la quinta edición de este festejo, posible gracias al Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y a la implicación de los comercios y establecimientos hosteleros de la zona e incluso algunos que no estuvieran por estas calles donde han trascurrido este evento, que contribuyen a mantener viva una tradición cada vez más arraigada.
Los protagonistas de la jornada han sido dos toros de la ganadería vallisoletana Toros de Brazuelas: "Motorista", de capa colorada y marcado con el número 41, y "Picapleitos", un imponente ejemplar negro herrado con el número 31. Ambos ofrecieron momentos de intensidad y espectáculo, despertando la emoción del público.
Carreras, recortes, cánticos y gritos acompañaron cada arrancada de los toros, mientras el público animaba sin descanso, golpeando las agujas y poniendo música para caldear aún más el ambiente. Sonaron canciones actuales y, cómo no, temas carnavaleros, haciendo imposible no pensar que el Carnaval del Toro está ya a la vuelta de la esquina.
Y para finiquitar esta estupenda jornada y poner el broche final por todo lo alto, la Charanga “Me han liado” recorrió los bares de la zona, llenando las calles de música, baile y alegría. Tras ellos, una marea de mirobrigenses se sumó a la celebración, compartiendo risas, abrazos y momentos inolvidables, en una jornada que volvió a demostrar que Ciudad Rodrigo sabe vivir y sentir sus fiestas como nadie