OPINIóN
Actualizado 19/11/2017
Carlos Javier Salgado Fuentes

El próximo domingo, 26 de noviembre, tendrá lugar en Salamanca una manifestación contra el proyecto de mina de uranio de Retortillo, que saldrá a las 12 horas de la plaza de Anaya, y que ha sido convocada por el ayuntamiento de Villavieja de Yeltes, así como por colectivos contrarios a dicho proyecto.

Parece por tanto, una ocasión inmejorable para que la voz de los numerosos vecinos del Campo Charro opuestos al proyecto de la empresa minera australiana Berkeley, se deje oír en la capital provincial, así como que muchos vecinos de Salamanca puedan sumarse a esta reivindicación.

Será, asimismo, una ocasión inmejorable para pedir a la Junta que deje de hacer oídos sordos a las numerosas voces que piden una nueva evaluación de impacto ambiental, al estimar que la realizada inicialmente, no incluía parámetros de vital importancia, hecho ya denunciado en Cortes por toda la oposición (esto es, PSOE, C's, Podemos, IU y UPL), así como por el Procurador del Común (el Defensor del Pueblo autonómico), que aconsejaba recientemente en un informe que se realizase una nueva evaluación de impacto ambiental.

También será una buena ocasión para denunciar la persecución a la que se ha visto sometido el activista Jesús Cruz, por haberse hecho eco en un blog de artículos o noticias que apoyaban las tesis contrarias al proyecto de mina de uranio, y por lo cual Berkeley le ha llevado a juicio.

Pero, sobre todo, será una gran ocasión para que el paisanaje salmantino pueda decir alto y claro que no quiere una mina de uranio en la provincia por los riesgos que ésta podría comportar para el medio ambiente y la salud. Cabe recordar, en este sentido, que el Gobierno ha llegado a reconocer que el Instituto de Salud Carlos III no ha efectuado ningún estudio sobre el posible impacto de la mina de Retortillo en la salud de los habitantes del entorno, lo que crea inquietud y hace plantearse las preguntas de ¿Por qué no se hace tal estudio? ¿Existe algún tipo de interés en que no se haga?

A este respecto, hay que recordar que el Consejo de Seguridad Nuclear precisamente junto con el Instituto de Salud Carlos III, ya advirtieron en 2009 que una planta de concentrado de uranio tiene riegos químicos importantes que deben considerarse a la hora de aprobar este tipo de instalaciones, al indicar que "En el entorno de las instalaciones de producción de concentrados de uranio se mezclan tres tipos de exposición." En este sentido, parece importante su advertencia de los peligros de "La exposición de la población en general, derivada de las emisiones, en la que pesaría más su componente de toxicidad química que la radiológica. Por último, los depósitos de residuos (estériles-tailings) que también son tóxicos".

Sobre los depósitos de residuos, no hay que olvidar el caso de la mina de uranio de Los Gigantes, en Argentina, que ha tenido una repercusión importante en el entorno, hasta el punto de que ha desaparecido la vida del arroyo de la Mina contiguo a la misma, al cual se habrían vertido o filtrado residuos desde la mina, afectando también al río Cambuche, cuyo estado desmejora notablemente tras recibir las aguas del arroyo de la Mina.

Y es que algo similar podría acabar ocurriendo en el río Yeltes, al cual la Confederación Hidrográfica del Duero ha autorizado a Berkeley a realizar vertidos de diversos elementos altamente contaminantes como arsénico, plomo o cobre, y que podrían amenazar al Yeltes con correr la misma suerte que al argentino arroyo de la Mina de Los Gigantes.

Por otro lado, hay que señalar que, recientemente, el diario digital El Español, realizó un reportaje, titulado "Los muertos por cáncer del uranio en Andújar, el otro Valle de los Caídos", dedicado a las consecuencias que ha tenido en la salud la mina de uranio de Andújar (Jaén), en la cual el 70% de sus trabajadores murió de cáncer por su exposición al uranio, falleciendo muchos de ellos antes de los 40 años y, por cierto, sin haber sido indemnizados hasta el día de hoy ni sus familiares ni los supervivientes enfermos.

En el caso de Andújar, una década después de su cierre, la mina entera fue desmantelada, siendo derribados sus edificios y sellados con asfalto y hormigón los terrenos en los que se asentaba, en el caso de Los Gigantes este paso aún sigue sin haberse dado.

Por todo ello, la posibilidad de que en Retortillo pueda repetirse lo ocurrido en Andújar o en Los Gigantes planea sobre el proyecto, y el domingo 26 será una buena oportunidad para que los salmantinos puedan decir si quieren o no correr ese riesgo.

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