, 14 de agosto de 2022
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'Vida en la Raya' impulsa la cultura del vino y la vida en los pueblos de la frontera portuguesa
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Villar de Ciervo| Reivindicación vinícola

'Vida en la Raya' impulsa la cultura del vino y la vida en los pueblos de la frontera portuguesa

COMARCA
Actualizado 17/04/2022 13:44
Adrián Martín

Participaron una docena de productores de vino Villar de Ciervo, Villar de la Yegua, Puerto Seguro, La Bouza y Aldea del Obispo denunciando la despoblación ofreciendo a la vez una posible alternativa

El vino está de moda, la viticultura se ha convertido en un arte que acompaña a la tradición, a la historia y a la calidad del ocio y del tiempo.

El vino ha formado parte de nuestra historia, nuestros mayores han sembrado vides en sus tierras creando una infinidad de caldos que han ido evolucionando a lo largo del tiempo, convirtiéndolos en imprescindibles para el mundo entero.

El Oeste de la provincia salmantina, no es conocida por sus campos de viñas ni por destacar en sus cosechas de vinos; Pero los que hemos crecido en esta zona, hemos conocido al vecino del pueblo de al lado que tenía un pequeño huerto, en el que se daban unas circunstancias especiales por las cuales cada año por el mes de septiembre, recogía una pequeña cosecha de la que sacaba varios cántaros de vino y unos buenos litros de aguardiente, que eran para consumo propio o bien hacía un trueque con otro que tuviera en sus parcelas otro tipo de producto que a él no se le daba.

Esta situación bien la conocen los habitantes de las zonas rayanas como Aldea del Obispo, La Bouza, Puerto Seguro, Villar de Ciervo y Villar de la Yegua, de los cuales, una docena de pequeños productores se han unido en un colectivo llamado Vida en la Raya, con intención de impulsar en la medida de lo posible la vida en los pueblos salmantinos y portugueses cercanos a la frontera.

La tarde noche del Sábado de Gloria, la localidad de Villar de Ciervo acogió un evento novedoso para la zona rayana del oeste de la provincia, “Noche de Vino y Rosas” organizado por este colectivo. Son un grupo de amigos, pequeños productores de vino de la zona rayana que han querido mostrar su preocupación por la despoblación, el abandono de algunas parcelas con vides centenarias que sus antepasados trabajaron y atendieron con mucho cariño y esfuerzo sacándole el beneficio que daba entonces; Básicamente de consumo propio.

La intención de Vida en la Raya es potenciar los recursos que tiene esta comarca, como los almendros, u otro tipo de productos que da esta tierra.

Según comenta Vicenta Álvarez, una de las organizadoras de "Noche de Vino y Rosas", el evento no está hecho con fines comerciales para la venta de vino, sino para dar a conocer “sobre todo a las nuevas generaciones lo que se puede sacar de estas tierras, más bien es un acto simbólico de decir que estamos aquí y queremos enseñar nuestros vinos”, dejando en un segundo plano la venta de sus caldos. “Esto es un primer paso, lo que no quiere decir que se den más para la creación de una marca para comerciar con estos vinos”.

Tienen en mente según apunta Vicenta, poder contar con algún enólogo de una D.O. para que les pueda indicar las variedades de uva que tienen, puesto que “seguro que hacemos caldos con variedades que incluso desconocemos” además de ponerse en contacto con profesionales que les ayuden a separar el tipo de uva, “puesto que ahora casi todos juntamos distintos tipos”, en definitiva, poder mejorar la calidad del vino que ahora tienen, y como principal medida, mantener esas cepas centenarias y el mantenimiento de los terrenos sembrados y evitar así que queden en desuso.

La jornada de degustación tuvo mucho éxito, asistiendo cientos de personas llegadas de todas las localidades participantes a la que se sumaron sus vecinos portugueses, muy arraigados también a la cultura del vino.

Para la ocasión, en la Plaza del pueblo se instaló una carpa que albergaba stands de los doce productores que presentaban sus vinos y aguardientes, cada uno con su decoración y presentación que nada tenía que envidiar a grandes eventos enólogos.

Para acompañar el vino de la zona también se ofrecía jamón y productos típicos de la matanza de la zona.

El precio de cinco euros incluía además de la degustación de vinos, se adquiría una copa de vino grabada que el visitante podía llevarse a su casa.

Además, existían a la venta sombreros adornados y rosas que servirían para recaudar fondos para otros proyectos de este tipo reivindicativos.

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