Lunes, 17 de enero de 2022
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Andrés Alén: Ser una sensibilidad (Parte II)

Andrés Alén: Ser una sensibilidad (Parte II)

OPINIóN
Actualizado 10/01/2022 09:00
Maeva Peraza

II

Llaman la atención, dentro de los collages de Andrés Alén, las intervenciones de color que vienen a ser una suerte de rara avis dentro de su operatoria, la cual se distingue por el uso de una paleta sobria, con tendencia a un cromatismo más bien frío. En este caso la luminosidad de las piezas también comunica, y la calidez de los tonos armoniza una visualidad pétrea, mineral; parece que el artista viajara hacia los límites de la creación para cuestionarlo todo, incluso a la creación misma.

Ese gusto por quebrar fronteras al problematizar está presente en su serie Abstracciones, de gran impacto por su factura visual. Alén pretende nuevamente demostrarnos la vulnerabilidad de los límites, la inevitable transformación de todo lo existente. Dicha metamorfosis es ostensible en las degradaciones de color y en la constante mutación de las formas; sus Abstracciones semejan a estadios del subconsciente, a un cosmos emergente, en formación.

Es en ese camino que el artista concibe sus pinturas, representando un universo contenido en su propia ruptura donde apreciamos la descomposición del objeto en materia; asistimos a texturas y ambientes desérticos. De ese modo encontramos una abstracción que racionaliza el proceso pictórico, lejos quedan aquí las acciones que parten de un impulso violento y fugaz; por el contrario, sus piezas nacen de un proceso analítico, de una contemplación sosegada.

La culminación de su exégesis yace en la serie de vinilos que fueron expuestos en el Palacio Episcopal de Salamanca, aquí Andrés Alén nos descubre un universo fractal y desarticulado en pequeños fragmentos. Estas obras se destacan por su minuciosidad, cada pieza de la polifonía se dispone para crear un conjunto ordenado. Sus vinilos, que emergen de una lógica casi matemática, se articulan como un todo coherente y armonioso. La visualidad de estos trabajos genera un impacto cercano al arte óptico, se trata de un caos en orden donde nuevamente el artista busca problematizar, generar cuestionamientos.

Por otra parte, resulta curiosa esa voluntad de Alén para desdoblarse, para asumir riesgos que lo hacen navegar entre abstracción y figuración, o abordar temas controversiales como la revisión mitológica y religiosa en obras como La octava esfera y Profesía, por solo citar algunas. Del mismo modo sus alternancias entre pequeño o gran formato se desarrollan orgánicamente en su producción visual; el artista conoce que lo monumental no yace necesariamente en las dimensiones de un cuadro, así sus piezas de pequeño y mediano formato se disponen para crear una estructura mayor. Andrés Alén se nos descubre como un creador que permanece incómodo en las fórmulas y clasificaciones, es precisamente en su investigación y experimentación constante que podemos encontrar la génesis de su creación.

Epílogo

Conocí a Andrés Alén una tarde de otoño donde conversamos sobre exposiciones, cementerios de artistas, y obras que quedaron abandonas en el tiempo, en tierra de nadie. También hablamos sobre espacios imposibles y sobre espacios inexistentes, en ese intercambio Andrés se detuvo, me miró y preguntó:

-¿Qué es para ti la contemporaneidad, el arte contemporáneo?

Me sentí incómoda, la pregunta, aunque simple, se antoja también difícil y, en cierto sentido, abstracta.

Creo que fragmentación, discontinuidad -contesté rápidamente. En aquel momento no conocía la obra de Andrés Alén, luego descubrí que ambos conceptos la definían.

Alén me miró y sonrió.

-Eres joven y estás en la edad de las certezas -me dijo- yo en cambio estoy en la edad de la duda, de cuestionarlo todo.

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