Lunes, 17 de enero de 2022
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Cuesta abajo y sin frenos

Cuesta abajo y sin frenos

OPINIóN
Actualizado 10/01/2022 10:34
Francisco López Celador

Los conductores diligentes conocen la señal que indica la proximidad de una zona de frenada de emergencia. También deben conocer otras maniobras que podrían solucionar el problema, cuando el peso total del vehículo no supera la fuerza de retención del motor. Si tal maniobra es imposible, caben dos soluciones: encontrar esa zona de emergencia o rezar lo que se sepa.

España es hoy un gran autobús descendiendo un puerto de primera categoría, con las pastillas de los frenos en muy mal estado y con un conductor que carece de las más elementales cualidades que deben adornar al profesional responsable. Desconoce lo relacionado con el mantenimiento de la máquina que maneja; cegado de soberbia y autosuficiencia, no emplea los cinco sentidos en la carretera; no reacciona a tiempo cuando otros conductores ponen en peligro el tráfico; por no seguir el código de circulación, no observa adecuadamente los límites de velocidad de cada momento; con demasiada frecuencia, presta más atención a los mensajes que recibe, haciéndole perder la concentración en otros vehículos o en los peatones. En resumen, un desastre.

Problema tan serio se ve agravado porque Sánchez, a fuerza de repetir los viajes, está convencido de ser el Hamilton español. No importa que haya tenido que abonar –con dinero ajeno- cuantiosas multas, cuyo importe habría solucionado cuestiones más perentorias, ni que su carnet vaya perdiendo los puntos que los españoles le concedimos en su día. Ni rectifica ni admite la menor crítica a su impericia. Cuando se afea su torpeza, lejos de reconocerlo, llega a la insolencia con quien lo intenta.

En su fuero interno, es consciente de la necesidad de ayudantes, mecánicos, contactos con las agencias de viajes, además de un exclusivo aparato de propaganda. Pues bien, tampoco ha estado acertado a la hora de elegir los más apropiados para estas importantes misiones. Zapatero a tus zapatos –y no me refiero al embajador plenipotenciario de este gobierno cerca del gorila caraqueño- dice el refrán. La eficiencia de la mayoría de colaboradores seleccionados por Sánchez ha quedado manifiesta “a las primeras de cambio”. De los que le han sido impuestos, mejor no hablar.

La gran empresa llamada España cada vez tiene menos peso, tanto en la Unión Europea como en el resto de organismos internacionales. Por mucho que el orfeón de corifeos intente tergiversar la verdad, la dura realidad habla de unos índices muy alejados de los que se pregonan desde los medios afines.

La constante lucha interna que sostiene Sánchez entre lo que dictan la lógica, las maneras democráticas y el interés de los ciudadanos, de una parte, y su desmedida ambición de poder, por otra, está aproximando el autobús al borde de un precipicio. La crisis generalizada que afecta a todo el mundo adquiere aquí unas dimensiones muy superiores a las de nuestro entorno. Cuando Sánchez accedió al gobierno, se enorgullecía de ser el único líder de la socialdemocracia en la Unión Europea. Ahora sabrán todos –pensó- lo que es el verdadero progresismo. Había llegado la hora de las reformas y las derogaciones. Unas, por llevarlas en su pedigrí de rancio socialista, otras –más peliagudas- impuestas, sí o sí, por sus socios de gobierno y de legislación. La primera señal clara de progreso la tuvimos al conocer el número de ministerios que necesitaba para llevar a cabo su misión, el de asesores digitales y el de funcionarios de nuevo cuño. La segunda señal –la más previsible- fue el anuncio de subida en catarata de todo un rosario de impuestos. Cuando se enteró de la diferencia entre predicar y dar trigo, tuvo que pasar el puerto de arrebatacapas. De un lado, la Unión Europea le enseñó el caramelo de los fondos de recuperación –el combustible para su autocar- a cambio de unas líneas a no traspasar., de otro, los que venden su apoyo sólo a base de prebendas provocan la aparición del primer envaine: la derogación de la política laboral en vigor. Por otra parte, algunas Autonomías gobernadas por la oposición han osado bajar los impuestos ¡y han recaudado más que antes! Segunda operación, esta vez de contraataque: legislar lo necesario para impedir tamaña ofensa. De repente, eso que llamamos las naciones de nuestro entorno, léase Alemania, Francia o Italia, entre otros, deciden bajar sus impuestos. Para colmo de desgracias, el nuevo canciller alemán, Olaf Scholz, socialdemócrata para más inri, es el que más los ha bajado.

El conductor de nuestro autobús se está quedando sin combustible y, además, corre peligro de que su vehículo no pase la próxima ITV y que él mismo no supere la renovación de carnet que tiene pendiente. Peligro inminente para todos los viajeros. A pesar de llevar bien prieto el cinturón de seguridad, con un conductor drogado por la ambición, el accidente está siempre a la vuelta. Creo que los españoles nos merecemos un nuevo autobús, un taller mecánico llevado por profesionales, unas autoescuelas exigentes y unos conductores que superen el examen con buena nota.

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