, 23 de enero de 2022
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La visita de los Reyes de España a Alba de Tormes en 1922
ALBA DE TORMES

La visita de los Reyes de España a Alba de Tormes en 1922

ALBA DE TORMES
Actualizado 03/01/2022 21:22
Redacción

Así fueron los preparativos de lo que sería un día histórico en la villa ducal, del que ahora se cumplen 100 años

Con motivo de la concesión de doctorado “honoris causa” a Santa Teresa de Jesús por parte de la Universidad de Salamanca (octubre 1922), el acto académico salmantino fue presidido por los entonces reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Es una visita real a la ciudad que está muy documentada, incluso gráficamente, y hasta con crónica detallada de aquellas jornadas. Pero ese acto universitario salmantino (6/7-10-1922) se desglosó o completó en una jornada teresiana en la cercana villa de Alba de Tormes (8-10-1922), con el fin de entregarle a la imagen de santa Teresa los signos académicos de tal título. Naturalmente no fue una decisión tomada de improviso, sino preparada anticipadamente. De esto precisamente, del ambiente de los preparativos en Alba, queremos informar en este breve artículo, que me consta es un detalle que nadie lo ha tratado.

Una visita real deseada desde siglos

Lo del año 1922 fue la realización cumplida de un deseo que se tenía desde siglos atrás, sobre todo cuando la villa albense toma ese auge nacional e internacional debido a la muerte y sepulcro de Santa Teresa de Jesús. Pero nunca lo había conseguido.

Sabemos que en un viaje de Felipe III a Salamanca, el sacerdote albense Pablo González le sale al encuentro en Peñaranda de Bracamonte (visto que no se desvió hacia la villa) para saludarle de su parte y entregarle una reliquia de la Madre Teresa, aún no beatificada. Esto lo declara el interesado en los procesos remisoriales de beatificación de la Santa (Alba, 13-5-1610): “viniendo sus majestades Felipe III y doña Margarita, reyes de España, que Dios guarde, a la villa de Peñaranda, que es de este obispado de Salamanca, este testigo por orden de la priora y convento de las descalzas carmelitas de esta villa, donde está el cuerpo de la dicha santa madre Teresa de Jesús, fue a besar las manos a la reina nuestra señora, y a le dar de parte del dicho convento una reliquia de la dicha santa. Y habiéndole dado el recaudo del convento y la dicha reliquia, sus majestades la recibieron mostrando muy grande contento, y dando a entender la grande opinión que tenían de la santidad de la dicha santa Madre” (Biblioteca Mística Carmelitana 37, p. 920). La cosa no pasó de ahí, es decir, el ser un gesto de cortesía hacia la familia real por parte del convento carmelita albense que guardaba el sepulcro teresiano. Y esto ocurre sin estar aún beatificada la Santa.

Mientras que en 1750 sí que se esperaba y de hecho se preparó la venida de los Reyes (Fernando VI y Bárbara de Braganza) a la villa con motivo de la inauguración del nuevo sepulcro de mármol y el regalo de la urna de plata por parte de ellos mismos para contener la reliquia de su cuerpo incorrupto. Pero el imprevisto de la enfermedad de la reina, aconsejó suspender esa visita real (la noticia llega a la villa en octubre de 1750), aunque sí se hizo el proyectado traslado del cuerpo a la urna regia de plata, y hasta se recibió un regalo de mucha calidad, como fueron los 2 cuadros grandes del pintor real Charles-Joseph Flipart, representando a San Fernando de Castilla y a San Francisco de Paula, los santos protectores de la dinastía borbónica (España y Nápoles), colgados desde entonces en la iglesia conventual y últimamente expuestos en el Museo CARMUS del convento carmelita femenino.

En Alba seguía flotando el deseo de una visita real que demostrase e hiciera visible los vínculos de la monarquía española con la Santa española más importante del barroco y a cuya canonización ésta tanto contribuyó.

Los preparativos del viaje real del 1922, 3º centenario de la canonización teresiana

Por las actas municipales, sesiones corporativas del ayuntamiento, nos enteramos de bastantes detalles, claro está, referidos al movimiento organizativo que dirigen las autoridades locales. Y como el viaje real de octubre debió ser decidido casi a última hora, es en agosto de 1922 cuando encontramos una primera noticia, que dice así:

“El señor Sánchez González se lamenta de la ausencia de los compañeros, que hoy más que nunca se necesita el concurso de todos, pues según se dice de público, parece ya es seguro la visita de los Reyes a esta Villa, y siendo así, es necesario que este Ayuntamiento esté prevenido, y dentro de la posibilidad del Ayuntamiento hacer lo más agradable posible a SS. MM. la referida estancia, para lo cual se acuerda que la Comisión de Festejos se reúna lo más pronto posible y den cuenta en la primera sesión del Ayuntamiento de sus iniciativas para proceder a su aprobación” (sesión 30-8-1922).

Preside la reunión, más bien escasa de concejales, el 1º teniente alcalde, y saca el tema a tratar e interviene el concejal Enrique Sánchez González que era Regidor síndico en aquel mandato de gobierno que apenas había comenzado a ejercer (1-4-1922), formado por los siguientes miembros: Alcalde: José García García; 1º Teniente alcalde, Francisco Sánchez Bordona Perlines; 2º teniente alcalde, Francisco Hernández López. Concejales: Enrique Sánchez González, Isidro Pérez Domínguez, Eusebio Camino Macarro, Emilio Clavijo Perlines, Bernardo Corredera Sánchez, Ignacio Perlines García y Juan Francisco Martín López.

El tema continúa pendiente en las sesiones siguientes, como en aquella que se asegura ya de la realidad de dicha visita real:

“Por el Sr. Alcalde se entera el Ayuntamiento que parece ya es un hecho la venida // de SS. MM. los Reyes a ésta; es necesario que este Ayuntamiento vaya pensando el ver el medio de recibirlos, dentro de las facultades económicas de este Ayuntamiento, lo más dignamente posible, acordándose que al Alcalde se le faculta para la construcción de un arco triunfal, sin perjuicio de reunirse para designar comisiones y demás que han de intervenir en todo esto” (20-9-1922).

Ya ha cuajado en Alba una idea festiva muy común entonces, la de preparar un arco triunfal de bienvenida (se entiende que en la zona de la Puerta del Río); es lo que llamaríamos hoy una construcción efímera, válida sólo para el momento preciso. Y podemos imaginar que se van haciendo y programando tantas cosas, sobre todo a nivel práctico y de organización. Porque estos detalles que ahora referimos provienen de las sesiones ordinarias del consistorio.

En la reunión sucesiva encontramos ya estas disposiciones concretas:

“El Sr. Alcalde manifiesta que el día anterior había estado en ésta [villa de Alba] el Sr. Obispo de la diócesis con el Aposentador Real para preparar la estancia de SS. MM. los Reyes en ésta, y el Ayuntamiento acuerda, para el mayor orden de todo, nombrar las comisiones siguientes: El Sr. Alcalde, Sres. Sánchez Bordona, Clavijo y Corredera, para ir a Salamanca a presentarse a SS. MM. y ofrecerles los respetos en nombre del pueblo, a la par que invitarles oficialmente a venir a ésta. El Sr. Hernández 2º teniente alcalde y los Sres. Camino y Pérez para que se encargue[n] del adorno de la Casa Ayuntamiento y limpieza y demás, así como para recibir a SS. MM. en la Casa Ayuntamiento; y a los Sres. Sánchez González, Corredera y Sánchez Calderón para la construcción de los Arcos del puente y de la puerta del Ayuntamiento, que se acuerda se ponga otro, y además el ordenar que las calles estén bien limpias, para lo cual buscarán obreros para que / en unión de los Barrenderos y de la Brigada procedan a la limpieza” (27-9-1922).

Las medidas que se van tomando, que no son tantas, puesto que se prevé una sola jornada de estancia, vienen complementadas con otra disposición logística, ya en días cercanos a la fecha señalada:

“Por el mismo Sr. [Sánchez González] se ruega a la Presidencia se interese del contratista de aguas para que el día de la venida del Rey dé agua con la correspondiente presión” (4-10-1922).

Apurando más los datos, llegamos a saber que fue Luís Rodríguez (posiblemente un carpintero local) el encargado de la construcción del arco de la Puerta del Río, porque en días posteriores a la visita presentó la cuenta de su trabajo al consistorio (18-10-1922, fol. 44r-v). En las fotografías de la jornada albense, se percibe que hubo también un arco o adorno especial en las rejas del atrio de la iglesia de las Madres Carmelitas. Exactamente igual en lo relativo a las cuentas de la música (Regimiento de la Victoria), como también en el habitual capítulo de la música ejecutada en la octava de santa Teresa (30-10-1922, fol. 45r).

Aunque no se mencione en las actas municipales, debieron tener su parte incluso en la preparación de esta jornada real, las 2 Juntas locales (señores y damas) para el centenario teresiano, dentro de las que se hallaban incluidos también casi todos los miembros del gobierno local. Ambas habían sido promovidas por el obispo salmantino, Julián de Diego y García de Alcolea. La Junta de caballeros tenía a Emilio Clavijo Perlines como presidente, y vicepresidente eran el alcalde y el diputado provincial Manuel Campos; consiliarios, el prior de los frailes carmelitas de Alba y el párroco; tesorero, el sacerdote Don Heliodoro Gutiérrez García; secretario, Don Tomás Rodríguez Rubio, y vicesecretario Don Galo Barbero García. Eran vocales de la misma: Luis de Zúñiga y Clavijo, Don Salvador Rodríguez Rubia, José Bruno Yagüe, Don Fulgencio García Salinero, Don Félix Briz Díaz, Diego Mosquete, Eusebio Camino Macarro, Ignacio Perlines García, Emilio Sánchez Ferrero, que figuraba como comisario de fiestas.

Mientras que la Junta de Damas estaba presidida, en calidad de vicepresidentas, por Doña Concepción Zúñiga, viuda, vizcondesa de Garcigrande, y Dº Teresa Escudero de Rodríguez Prieto; otros miembros eran Pilar García Avecilla de Zúñiga, Perfecta Cano de Clavijo, como tesorera; Pilar Nodal de Corredera, vicetesorera; y como secretarias, Dolores Ruiz del Amo y Esperanza Rodríguez; como vicesecretarias, Trinidad García y Esperanza Martín; más luego un sinfín de mujeres, con apellidos bien conocidos en la villa, y éstas en calidad de vocales de dicha Junta.

Es de suponer, por tanto, que tuvieran su parte en la organización de la jornada regia todos estos personajes, que eran sobre todo pertenecientes a la clase alta de la villa.

Aquel día memorable del 8 de octubre del 1922

La visita de los Reyes de España a Alba de Tormes en 1922 | Imagen 1

Crónicas de la estancia real en Alba tenemos suficientes, aunque la cosa no pasó del acto académico en la basílica de la imposición del birrete y la pluma a la imagen, la sencilla misa rezada dentro de aquel recinto, la visita a la iglesia y convento de la pareja real y su séquito, más la entrada en clausura para visitar de cerca el sepulcro teresiano, y fue allí mismo, en el llamado Camarín alto del sepulcro, donde estamparon la firma real en el libro de visitantes del convento que, en este momento, por no haber todavía un libro especial de visitantes ilustres, ellos firmaron en el Libro-Registro de la Hermandad Teresiana Universal. A todo lo cual se añada la comida en la Hospedería teresiana al otro lado del puente, hoy Hostal América, con alguna que otra anécdota respecto al menú del día, que ya narramos en otra ocasión dentro de este mismo periódico digital (ver: “Natillas carmelitanas para el rey Alfonso XIII”, en ALBA DE TORMES AL DÍA, 29-7-2015). En la crónica del acto albense que hizo Pedro G. Gutiérrez para el periódico “La Gaceta regional” se añade el menú del almuerzo (seguramente servido por algún restaurante salmantino) que, de acuerdo a los gustos del tiempo, se cita en francés: “consommé au pain grillé, omelette al’espagnole, ragout de filet de boeuf, fraude froide”. Y narra otro detalle sobre el que pasan de largo otros cronistas de la jornada, y es que antes del almuerzo, los Reyes manifestaron su deseo de ver a los danzarines de Alba, que ejecutaron sus típicas danzas en la Guía, en cuyos balcones estaban sus majestades, que aplaudieron largamente.

No sabemos nada de la impresión que les causó este viaje rápido, de apenas 5 horas, a la villa; quizás lo que más agradecería fuera el contemplar aquella basílica en construcción, todavía inacabada, a cuya promoción las infantas, tías del rey, habían dedicado tantas fuerzas y apoyo. Porque no consta que se acercaran a la Plaza Mayor ni a la casa consistorial. Y es que fue una jornada estrictamente académica y religiosa, escrupulosamente teresiana, que les debió resultar muy corta y demasiado ceñida en sus contenidos.

Pero sí sabemos que la vuelta a Madrid, fue por Peñaranda de Bracamonte, adonde se detuvo un tiempo breve la comitiva y paseó por aquella villa, como también hizo una parada en Ávila visitando el convento de la Casa natal de santa Teresa y otros lugares teresianos.

La visita de los Reyes de España a Alba de Tormes en 1922 | Imagen 2

Gestos significativos en aquella estancia regia de Alba

No sé si era habitual comportamiento de los viajes reales, pero el Libro de sesiones del ayuntamiento registra unos días después un detalle muy significativo:

“Se dio cuenta por el Sr. Presidente de una comunicación del Sr. Mayordomo mayor de Palacio, dando cuenta de un donativo de quinientas [ptas] que S. M. el Rey ha tenido la atención de enviar para los pobres de esta Villa, y el Ayuntamiento a cuerda dirigirse a S. M. expresando el testimonio de gratitud de esta Villa por el alto honor que se nos ha dispensado visitándonos los Reyes, y doblemente y en nombre de los pobres socorridos” (18-10-1922). Era una cantidad de dinero entonces elevada que, naturalmente, llegó a su destino.

Y como recuerdo perenne de la visita real quedó en la mente de nuestros antepasados el detalle de la imposición del birrete a santa Teresa por parte de la reina Victoria Eugenia, en cuya confección por parte del orfebre entró también alguna joya personal suya, como también el regalo real de la pluma de oro que el mismo monarca colocó en la mano derecha de la imagen teresiana, mano femenina que seguidamente besó con no poca reverencia y devoción. Un gesto espontáneo y sentido que todos los presentes alabaron mucho, y hasta lo creyeron como un signo de elegancia regia hacia santa Teresa, al cual asintieron con un espontáneo y largo aplauso de todos los asistentes. ¡Cuánto dio que hablar aquel “beso real” en la prensa rosa de entonces! Así lo juzgó, por ejemplo, el famoso escritor salmantino J. Domínguez Berrueta: “Para mi ese gesto del rey significaba lo que el beso de un hijo en la mano fría de su madre muerta, beso de reliquia, lleno de religiosidad y de cariño. El rey acaso hubiera pensado que el cuerpo mismo de santa Teresa se expondría a la veneración de los fieles, y habría depositado un beso en la mano auténtica de la escritora canonizada. La mano que escribió tantas obras maestras bien merecía ser besada por regios labios, con tal filial y devoto respeto” (La Basílica Teresiana, 1922, p. 418).

Y repasando con cuidado la galería fotográfica de la jornada albense, abundante y de calidad, no deja de llamar la atención que mientras sí que se registró el momento en el que Alfonso XIII coloca la pluma de oro en la mano derecha de la imagen teresiana, no ha quedado ninguna fotografía del momento previo en el que la reina Victoria Eugenia, le impuso el birrete doctoral a la misma imagen. No hallamos otra explicación a esta ausencia sino la de que se actuó así, seguramente, por razones de protocolo; con todo y eso, y si hubiera sido por esta causa, a nosotros hoy no nos satisface esa medida o precaución, porque además de haber dejado en 2º lugar a la reina, el signo doctoral más importante era precisamente el del birrete que a ella le tocó entregar y colocar cuidadosamente en la cabeza de la imagen teresiana ya tocada con el velo negro monjil. Una curiosa y rara composición de adorno femenino que no se convenía, pero que en este caso de Teresa de Jesús nadie lo juzgaría contraproducente. Todo lo contrario, algo muy conveniente y hasta de justicia para una mujer escritora que, aun siendo monja de clausura, honra tanto el mundo de las letras.

Hemos querido recordar estos pequeños detalles de una visita histórica para Alba de Tormes, en aquella ocasión villa teresiana por excelencia que, representada en sus políticos, trata de responder y estar a la altura de esta situación tan especial. Detalles algunos que han pasado desapercibidos y que no entraron siquiera en las crónicas periodísticas del día.

Manuel Diego, carmelita Descalzo de Alba de Tormes

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