Lunes, 17 de enero de 2022
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Nuestro obispo Carlos
Calle de la Fe s/n

Nuestro obispo Carlos

OPINIóN
Actualizado 01/01/2022 14:45
Tomás González Blázquez

Nuestro obispo Carlos | Imagen 1

La primera hora de la mañana era siempre particularmente bulliciosa, y ponía a prueba el ingenio, los recursos y la agilidad de cada uno para acelerar el aseo propio del momento. Solícito, nos animó a pasar al cuarto de baño que se le había reservado. Cuando lo hicimos, comprobamos que su saco de dormir estaba ya recogido, junto a la esterilla todavía extendida, en el pequeño espacio que separaba un armario de la cama sin tocar. Él era uno más en aquella peregrinación de seis días hacia la Peña de Francia, cuya última noche nos hizo recalar en el Desierto de San José, allá en el singular valle de Las Batuecas. Tampoco allí, con la hospitalaria ofrenda de una mayor comodidad, se salió de su condición de obispo peregrino, que a veces iba delante, otras en medio y algunas detrás de aquel grupo de jóvenes de la diócesis de Salamanca, acompañados por algunos sacerdotes y seminaristas. Pocos minutos después recuerdo que alguien albergó dudas acerca de la leche dispuesta para el desayuno, y fue el propio Don Carlos quien las despejó con un buen trago, espontáneo, cercano, familiar, entrañable en esas distancias cortas que he tenido la dicha de conocer en estos casi diecinueve años en que ha sido nuestro pastor en la Iglesia local salmantina. Mañana, en el segundo día del año, a las cinco de la tarde en la Catedral, nos reuniremos en la Eucaristía para dar gracias por su ministerio episcopal entre nosotros.

Hablar de un obispo como figura de relevancia social o de perfil político suena ciertamente a antiguo, aunque paradójicamente lo llevan haciendo varios meses ciertos personajes desde posturas anticlericales o siglas partidistas claramente ajenas y hasta hostiles en sus planteamientos a la doctrina que propone la Iglesia católica. Otra cuestión es la defensa, más que respetable e incluso admirable, que se ha venido sosteniendo en pos de la continuidad de la diócesis de Ciudad Rodrigo a partir de razonamientos puramente eclesiales. Pero de esto ya escribí en su día, como lo hice de un hecho concreto en el que sentí que se calumniaba al obispo de Salamanca, y del que ejercieron de altavoz, sin pararse a sopesar la realidad presentada, no pocos medios de comunicación de esta ciudad. También ha habido espacio en esta modesta columna de la Calle de la Fe para la Asamblea Diocesana que convocó e impulsó, para diferentes iniciativas que respaldó como la Adoración Eucarística Perpetua en nuestra ciudad, o para diversas noticias o reflexiones en relación con el mundo de las cofradías, que nuestro obispo Carlos ha ido acompañando en venturas y desventuras y a las que ha dotado de un marco normativo que es sobre todo un espaldarazo a la labor apostólica a la que están llamadas. En varios de estos párrafos se le habrá citado o se habrá considerado su influencia en lo expuesto. Ahora, aceptada su renuncia por el Papa Francisco, se hace a un lado, al segundo plano propio del obispo emérito, a la esterilla de esa alcoba guardada para él en una noche de verano.

Otros habrá que estudien y analicen su episcopado, sus luces y sombras, con una distancia que no puedo esgrimir yo. Por eso, al comenzar este 2022 en el que ya agota sus servicios a la diócesis como administrador apostólico, pues será sucedido el día 9 de enero por Don José Luis, doy gracias a Dios por nuestro obispo Carlos. Por los inolvidables kilómetros camino de la Peña de Francia. Por las largas veladas de las sesiones finales de la Asamblea. Por esos momentos tan especiales en la sacristía de la Vera Cruz junto a su querido Don Pedro, justo antes del Descendimiento, y por su felicitación pascual a los hermanos de paso del Lignum Crucis cuando salía a presidir el Encuentro del Resucitado con su Madre. Por su afecto. Por la mutua confianza. Por haber sido nuestro obispo Carlos, que no tiene escudo episcopal pero sí un precioso lema: Gloria Dei homo vivens.

En la fotografía de Óscar García, Don Carlos López Hernández muestra la imagen del Niño Jesús para la adoración de los fieles tras la última Misa de Navidad en la Catedral – Servicio Diocesano de Medios de Comunicación (Diócesis de Salamanca)

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