Sábado, 29 de enero de 2022
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Rajoy, por fin, Presidente
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Rajoy, por fin, Presidente

OPINIóN
Actualizado 31/10/2016

Por fin lo consiguió, Rajoy es presidente. Diez meses, dos campañas electorales y un secretario general del PSOE después, España vuelve a tener gobierno. Porque aunque siempre he defendido que por democracia, estrategia y sentido común el PSOE debía favorecer la investidura del gallego, pienso que esta ha sido low cost, de bajo índice calórico. Vamos, que le ha salido baratita. Es cierto que al final el resultado es lo que importa, pero si algo hay que reconocerle a Rajoy es que no se ha movido de la baldosa. Y no me refiero a la de sus férreas convicciones, ni mucho menos. Es que lleva inmovil, parado y estático en su porcelanosa particular desde diciembre. Observando y analizando la torpeza del oponente, y no me extrañaría que hasta partiéndose la caja con la yenka de intenciones, promesas y demás milongas que han desplegado en estos meses la "créme politique". Porque mientras que la guardia de corps generaba opinión y le allanaba el camino, el PSOE pasaba del no de los noes a hacerle presidente con pollo incluido. Rivera decía si al PP y no a Mariano bajo ningún concepto, y acababan firmando la investidura. Pero si es que hasta Podemos, que se veía con ministerios de pura casta en sus manos y sorpasando como si no hubiera día, medio salva la coleta y vuelve a los orígenes. A la bronca, el teatrillo y esa particular coherencia asimétrica. IU tampoco que se quedó atrás, viajó desde la única izquierda a franquicia podemita, aplicando a la política la más pura lógica capitalista. Y mientras Mariano sin inmutarse. Rajoy seguía haciendo la estatua, viendo como por aburrimiento ha minado la poca convicción del adversario, que ha ido dando bandazos como ese barco del inacabado "Ruedo Ibérico" de su paisano Valle-Inclán, para acabar como había que haber empezado hace diez meses. Sin duda y al igual que la obra del magnifico escritor gallego, una metáfora esperpéntica de una España convulsa, por decirlo suave. Ni que decir tiene que Don Mariano no estaba aquí de gratis, las urnas le asisten. Pero vamos, ilusión, lo que se dice ilusión, no trasmite. Cierto es que un gobernante tiene que serlo con eficacia, determinación y acción. Que lo demás es accesorio, pero no está de más un punto de proactividad, de color a tanto gris. Donde si puso cromatismo, aunque para los más entregados, fué en el "debate" de investidura. Más una batalla de gallos que una marea de proposiciones y esperanza, pero es lo que hay. La grada de animación rajoniana hinchaba el pecho ante las chanzas del líder. Solo había que escuchar, ver y leer como admiraban y alababan un nivel parlamentario a mi juicio tan paupérrimo para todo un presidente del gobierno. Más preocupado de mantener a Podemos como ese útil adversario del miedo, que de mostrarse sólido y contundente ante la ristra de sinvergonzonerías que se oyeron desde la tribuna. Pura política de bufanda. Rajoy daba la sensación de alivio. Con el sillón amarrado, se dejó llevar por el chiste fácil y hasta indecoroso en algunos momentos. Porque no me digan que hacer chanza con su habilidad para enviar SMS no es para llorar, cuando su complacencia con Bárcenas le hubiera costado el puesto hasta de presidente de su comunidad de vecinos. Solo Rivera, antes de pasarse de rosca, dio una talla aceptable. Pero bueno, al final España tiene gobierno. Y ya era hora. Lo demás es historia, no sé si esa que dicen que se corrige con el ejemplo, lo espero. Aunque lo que tengo meridianamente claro es que esta será de las crónicas que sobrevivan con el marchamo de una memoria poco honrosa.

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