Lunes, 3 de agosto de 2020

El tesoro de la sexualidad

La búsqueda del tesoro escondido es una parábola que ilustra muy bien el esfuerzo que hacemos las personas en nuestra condición de seres susceptibles de ser educados.

Cuentan que en algún remoto lugar hay escondido un tesoro… ante esta afirmación son muchas las posibles actitudes que desarrollamos los seres humanos:

  1. Resignación, está muy lejos;
  2. Ponerse manos a la obra, pero al ver que la meta es difícil, cejar en el empeño;
  3. Elaborar un plan, cargarse de motivos y razones y, a pesar de las dificultades, trabajar de forma constante para alcanzarlo;
  4. El observador incómodo que se mofa de los que tienen una meta clara y luchan por alcanzarla;
  5. El grupo de los que desean impedir a toda costa que algunos encuentren el preciado tesoro y, con estrategias ocultas y artimañas, tratan de obstaculizar el camino al héroe que anhela alcanzarlo.

Estas formas de enfrentarse a la vida o a un ideal no son excluyentes entre sí. También pueden darse en una misma persona a lo largo de diferentes momentos en la vida. Pero es que estamos hechos de “pasta humana”, albergamos en nosotros mismos al héroe y al villano que conviven en una lucha fratricida por permanecer invictos. Pero la esperanza por alcanzar el tesoro escondido de la felicidad es algo que persiste en nuestro inconsciente.

Vamos a lo concreto. En la educación de los jóvenes, el símil del tesoro es algo que refleja una realidad de lo que sucede en nuestros colegios e institutos. Analicemos el caso de la educación afectivo sexual que se imparte hoy en las horas de tutoría que asigna la legislación educativa. Una hora a la semana en la ESO.

La opción tres se rechaza de plano por los técnicos-psicólogos que imparten las charlas de educación sexual en los centros educativos. Parten de la premisa de que los jóvenes no son capaces de tener un ideal de vida distinto al políticamente correcto, que viven el “carpe diem” y que todos practican sexo… Por si esto fuera poco, parten de la teoría de que para aprender hay que practicar. O, ¿cómo aprendimos a leer, a sumar, a redactar? Pues, leyendo, sumando o redactando. Por lo tanto, los "expertos en la materia" imponen su visión única y excluyente: práctica, experimenta y te descubrirás. Ahora bien, hay que ponerse "barreras" para evitar ETC o embarazos imprevistos…

Muy bien, y ¿qué pasa con aquellos que han optado por esperar a mantener una relación sexual hasta que haya un compromiso firme y un proyecto de vida? ¿No es esta población la que no tiene ningún riesgo de contraer enfermedades virales? ¿No es esta la población diana a la que hay que reforzar en sus comportamientos? ¿Por qué se impone una única opción en la educación afectivo-sexual en los centros?

Seamos francos, muchas de las charlas de educación sexual optan por las vías planteadas en las opciones 1, 2, 4 y 5. Las fáciles, las cómodas, las que no exigen esfuerzo, trabajo, constancia, personalidad. Es cierto, la opción 5 exige un cierto grado de “inteligencia malvada”.

Una educación afectivo-sexual sin espera, sin conocimiento, sin respeto a los tiempos, sin compromiso, sin proyecto de vida… nunca será una relación libre y responsable, ni será educación —la educación exige esfuerzo, constancia, repetición de actos, espera—. El tesoro escondido en las relaciones sexuales se encuentra en el don de la entrega total, abierta y para siempre, sin engaños ni reservas y capaz de asumir las consecuencias: eso que algunos llamamos amor fiel y para siempre. Este es el mapa que nos guía en la búsqueda de lo escondido y valioso.

Aquellos afortunados que lo hallan, alcanzan cotas de felicidad insospechadas y generan en su entorno familiar y social alegría y ganas por vivir.

 

Nota: imagen obtenida en https://pixabay.com/es/mapa-explorar-aventura-cartograf%C3%ADa-846083/