Jueves, 24 de octubre de 2019

Siria, Auschwitz, Hiroshima,Vietnam, Sarajevo, Burundi, Iraq, Palestina, Sudán...

XV
Carne dura, enrojecida
la de tantos mártires
que sigue recorriendo
las oscuras alcantarillas
de los templos
de cualquier signo o credo
como la de los toros
antaño sacrifi cados a Isis.
(Ofrendados hoy al Becerro,
la Máscara que enceguece
y a la Bestia.)
Carne
huérfana, lechal,
en sangre macerada
como la de los corderos pascuales,
carne de Jesús, Teresa
de Jesús, dulce
de los arreboles olorosos
de María Magdalena o de las lágrimas
a Lázaro, sangre
en latidos de rebelión e ira
frente a los idólatras
y salteadores de templos, amarga
sangre también la que corría
hasta las raíces
asustadas de los olivos en el Huerto
y se hacía luego óleo
para la quebrada
andadura hacia el Gólgota
(o Auschwitz, Hiroshima,Vietnam,
Sarajevo, Burundi, Iraq, Palestina,
Sudán, Palestina...) o para los espasmos
de los clavos.

Carne
de Él en tu carne, Teresa,
en mi carne, transidas, inhabitadas,
engarce del diamante en el hierro,
del viento azul y húmedo
de la mar en las oquedades
grises de la piedra
o el bronce —Chillida—;
conquista del viejo sueño
de Babel: tocar el cielo
con estos débiles
dedos de tierra, forma excelsa
del arte y la metáfora.
Quizás sólo,
y tanto —cómo decirlo—,
culminación de la dádiva
y la gracia, encarnamiento
de la luz y sus fulgores
en el polvo inane, tibio
como suprema ley
que rige los destinos
de esta estirpe que habitamos.
Desde entonces
somos hijos de dioses, leónidas
de su constelación en nuestro barro,
frágiles centellas transidas de nostalgias
hasta regresar a la Hoguera
o Vientre original.

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