Advertisement Advertisement
Jueves, 4 de marzo de 2021

Dialogar con los textos: aprender a escuchar

El silencio no es nunca el vacío, sino la respiración entre las palabras, el repliegue momentáneo que permite el fluir de los significados, el intercambio de miradas y emociones, el sopesar ya sea de las frases que se amontonan en los labios o el eco de su recepción, es el tacto que cede el uso de la palabra mediante una ligera inflexión de la voz, aprovechada de inmediato por el que espera el momento favorable.

David Le Breton

[Img #443095]

¿Qué tienen en común la lectura y la escucha? ¿Cómo se liga aquella con la palabra pronunciada, esa que toma cuerpo en una voz, ya sea la propia o la de los otros?

Con estas preguntas comienza el libro del que quiero hablarles, pero antes de ponerme con ello, recojo un par de cuestiones más que plantea su autora, y que tienen mucho que ver con las anteriores:

¿Dónde se encuentra la lectura con esa palabra que no se dice pero se manifiesta a través de la mirada, los gestos, el cuerpo…? ¿Cuáles son esos otros códigos expresivos que establecemos para transitar los puentes entre lector y el texto en una doble dirección, y también entre los propios lectores?

Oír entre líneas, así se llama la obra de Cecilia Bajour, recoge un brazado (porque acoge) de escritos, fruto de conferencias impartidas por la autora en su país y en otros de la América Latina, con el objetivo de acercarse y cuestionar: ciertas zonas de las prácticas de lectura tales como la conversación literaria, la selección de textos, la cuestión del canon, la relación entre enseñanza y promoción, y el lugar simbólico y real de las bibliotecas en las escuelas.

Y lo hace (esto es importante destacarlo) desde la reflexión que suscita la práctica, resultado de sus intervenciones en la elaboración y coordinación de experiencias en estos temas.

La joyita, editada por Gustavo Bombini en la editorial argentina El Hacedor (la biblioteca de su barrio o su librero de guardia podrán sin duda acercárselo), cuyo subtítulo, El valor de la escucha en las prácticas de lectura, es toda una declaración de intenciones, me lleva a esa situación, tan querida por muchos de nosostros como es tener entre las manos un escrito estimulante: hablo de encontrase leyendo un libro (propio) con el lapicero en ristre, y no parar de subrayar, de anotar en los márgenes, incluso responder al propio texto, planteándole preguntas, propiciando el diálogo.

La publicación se inicia preguntándose en qué se parece la acción de leer a la de escuchar, y lo hace cruzando con acierto la afirmación de Georges Steiner de que en los textos percibimos las palabras de los otros, oímos entre líneas, con la de Roland Barthes de leer levantando la cabeza cuando el libro tiene significante, nos obliga a parar, pensar sobre él, hacerlo nuestro.

Bajour, profesora universitaria y especialista en literatura para niños y jóvenes, utiliza este “encuentro” para hablarnos de dos cuestiones fundamentales: la lectura compartida, poniendo especial énfasis en la referida a los textos literarios: el encuentro de los lectores con el arte pasa en gran medida por ‘cómo nos sacude el cómo’, hablando y dejando hablar sobre ellos, porque hacerlo es como volver a leerlos. Y esa otra que habla de una escucha atenta a lo que se dice pero también a lo que se guarda, o se manifiesta también con gestos o silencios enfáticos: atentos a esas 'levantadas de cabeza'.

Para que estas situaciones de lectura compartida sean una realidad, es fundamental conocer a fondo los textos que se proponen, buscando aquellos que se salen del cantito, es decir, que buscan camino no trillados, que proponen nuevas estéticas y lenguajes.

No piensen que en el libro se niega la lectura personal, y aunque en el artículo las referencias se deben a la experiencia escolar, lo que se cuenta creo que también interesa trasladarlo al ámbito de la lectura entre adultos, estoy pensando, por ejemplo, en los clubes de lectura: Construir significados con los otros sin necesidad de cerrarlos es condición fundamental de la escucha y esto supone una conciencia de que la construcción de sentidos nunca es un acto meramente individual.

Hay que hablar de los textos que se leen, dice la autora. De este modo, uno se escucha diciendo a los demás lo que supuso para él la lectura: poner afuera, para otros, la música de nuestra lectura puede revelarnos los acentos que pusimos a lo que leímos, las  melodías que evocamos o la percepción de la ausencia, los ruidos o silencio que los textos nos provocan.

Esta imagen musical de la escucha me gusta pensarla también en las dos fotografías que acompañan a lo que escribo: la joven que levanta la cabeza, mira hacia dentro, convirtiéndose en oyente de sus propios pensamientos, pero buscando al tiempo el rumor compartido de las voces individuales que manan por cada caño su propia lectura, encontrándose después en la pila, sin trabas.

[Img #443094]

Hablamos de introducir la conversación literaria como medio para la construcción de conocimiento. Y en el siguiente artículo del libro, la autora introduce el tema de la selección de textos, ampliando algunas de las reflexiones de su primer escrito; seleccionar significa dar valor a lo que se escoge, nos dice a través de la palabras de la especialista Geneviève Patte.

Y nos acerca una serie de ejemplos aplicados por los educadores con los que trabaja, poniendo de relieve algo que entendemos como trascendental, la necesidad de registrar, negro sobre blanco, todo aquello de lo que se habla para luego darlo a conocer a otros mediadores: los docentes aprendían a escribir registros que ayudaran a los otros a mirar la trastienda de sus encuentros con lectores: por eso la fuerza de lo narrativo para activar la escucha sensible y para reconstruir la lectura no como un hecho abstracto sino como una construcción anclada en el tiempo y en el espacio. La idea era que pudieran hacer relatos que fueran más allá de lo anecdótico, de lo descriptivo y ahondaran en los saberes teóricos acerca de la literatura y la lectura.

Las dos acciones introducen el diálogo literario en los espacios educativos, o como titula Bajour en este segundo escrito, pensar la conversación literaria como situación de enseñanza. Pero sin olvidar que es necesario previamente imaginar posibles preguntas, pero también estar predispuestos a la sorpresa, habilitando la apertura a lo inesperado porque, como se nos dice, no se trata de una celebración acrítica de la escucha.

Hemos tratado de la importancia de la construcción social de la lectura, de la escucha literaria, de cómo organizarla (armarla, dice Bajour, y me gusta) para que se integre en los espacios de enseñanza, pero se nos ofrece más cosas en el resto de textos, cuyos temas esbozamos en los párrafos iniciales de este artículo, que propician otras sustanciales “escuchas” de las que hablaremos en otro momento.

Rafael Muñoz