Lunes, 28 de septiembre de 2020

San Francisco 'El Grande', la estética del tiempo, porque es ncesario recordar

Los únicos restos de San Francisco que se conservan en su original ubicación son el ábside principal y uno de los laterales (el de la Epístola), ya que el del lado del Evangelio fue cedido a los Franciscanos de la Tercera Orden (Capuchinos) para la construcción de su actual capilla / El vestigio del pasado se convierte en el símbolo de la transitoriedad, de la permanencia y de la caída, de los ocasos, del interior humano, de la soledad (GALERÍA DE FOTOS)

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Todo se disuelve, todo perece, todo pasa, sólo el tiempo sigue adelante. El mundo es viejo y nosotros nos paseamos entre dos eternidades… ¿Qué es nuestra existencia en comparación con estas piedras desmoronadas?

Denis Diderot

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El vestigio del pasado se convierte en el símbolo de la transitoriedad, de la permanencia y de la caída, de los ocasos,  del interior humano, de la soledad. Es a través de la ruina de donde surgirá un nuevo espacio estético mental de carácter caótico, regido por la fuerza del tiempo. El espacio y el tiempo, ruinosos, se dispondrán como punta de lanza para un nuevo camino de comprensión artística. La belleza, el amor y la muerte se hermanan como escribiera Leopardi en “Amore e Morte” . El porvenir de la belleza es la muerte, una muerte que es en sí misma belleza y vida. Para el romántico la poética de la ruina se asimila plenamente, como símbolo de la melancolía,  oponiéndose a la restauración… “La sola idea de conferir un esplendor acabado a una ruina es absurda… una ruina es una cosa sagrada… la podemos considerar como una obra del tiempo y de la naturaleza más que como una obra del hombre”.

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Ciudades como Salamanca en la que el pasado y el presente conviven de un modo natural pueden ser entendidas como grandes narraciones corales permanentemente recitadas y por tanto reescritas y reinventadas, por ello un gran número de voces, susurros, personajes, tramas e historias que fueron se concentran en algunos lugares especiales como en estas hermosas ruinas del Convento de San Francisco el Real.

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Estas ruinas es lo que queda del gran templo gótico del Convento de S. Francisco el Real, la gran obra de los franciscanos en Salamanca y uno de los más importantes de España, la ocupación francesa ( 1809-1813) , el estallido de un polvorín cercano en el año 1812 y la desamortización de Mendizabal en 1836 significaron su casi desaparición.

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El hecho más significativo en su destrucción fue la explosión de un polvorín, en la calle Sierpes,  junto al Convento en el año 1812

“El juicio final, un nuevo terremoto de Lisboa”, decían las crónicas, 600 muertos y heridos la desaparición del barrio de las Peñuelas de San Blas, llantos durante días, fuego, gente enterrada, edificios y casas convertidas en escombros y una gran fosa común para los cadáveres. Las consecuencias de la explosión del polvorín fueron terribles: La destrucción del convento, del claustro y del templo del que quedan estas piedras, eso sí llenas de voces, gritos, historia y misterio

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La iglesia de San Francisco el Grande

Los únicos restos de San Francisco que se conservan en su original ubicación son el ábside principal y uno de los laterales (el de la Epístola), ya que el del lado del Evangelio fue cedido a los Franciscanos de la Tercera Orden (Capuchinos) para la construcción de su actual capilla.

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El edificio más importante del convento era la iglesia. Lo describe Villar y Macías: "El templo ojival era de los mayores de Salamanca, formado por tres largas naves de seis bóvedas cada una, de crucería; cubrían en gran parte los muros, nichos y arcos apuntados, varios de ellos con calados colgadizos, pináculos y cresterías de la última época del gótico". Se comenzó su construcción después de que en 1340 se derribase la Parroquia de San Simón, la cual estaba en el lugar que aún hoy ocupa el ábside central y el crucero.

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Un siglo más tarde se realizaron obras en una capilla y en el presbiterio por hallarse sus muros en ruinas. Puede que en esta reforma se realizara la construcción de las bóvedas en sustitución de la techumbre de madera que solían tener las iglesias franciscanas de los primeros tiempos.

Entre 1570 y 1573 se levantó el Altar Mayor de la iglesia con su escalera. Al hacerlo se cegaron las tres ventanas del ábside central. Éste es el altar barroco que vemos en la actualidad.

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La fachada principal se levantó entre 1616 y 1617 y fue obra de Juan Moreno.

Por último, en 1743 Alfonso de Pimentel (Conde de Benavente) cedió la capilla de Santa Catalina (amenazada de ruina) a la Orden Tercera de San Francisco, para que hicieran su nueva capilla. A partir de esta mutilación, comenzó la destrucción de la iglesia y con ella el resto del convento
Durante la Guerra de la Independencia, el asedio al fortín de San Vicente le ocasionó graves daños que aumentaron con la explosión del Polvorín de la calle de la Sierpe. A ellos hay que añadir las trágicas consecuencias que tuvo para los conventos la Desamortización.

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Estas ruinas se pueden visitar, acediendo por la portería del Convento de los Padres Capuchinos y son de visita obligada para el conocimiento de la historia de Salamanca y de la Ciudad Interior.