Viernes, 24 de mayo de 2019

"No creo que los temas definan la calidad literaria, lo que importa es el cómo"

Acaba de estrenarse en la literatura con un éxito más que evidente, 'La Vida en cinco minutos', un libro en el que aborda desde la moda unisex, el cine, la música, los hoteles o la soledad, a los bordes, el alcohol, la pareja, los amigos o la ambición, entre otros asuntos, de los que ha hablado con Charo Ruano

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Escuchar y leer a Virginia Galvín es una delicia, no es normal oírle decir a alguien…“Soy bastante feliz, diría que  feliz a riesgo de ser lapidada porque no es nada sexy, ya me consta. Un escritor vale más atormentado, o melancólico, o demente. O todo junto”… Para añadir a continuación… “Me siento muy libre porque no necesito nada más que un rincón donde escribir y un vaso con café, el más negro de los de Clooney. A veces me entristezco y entro en brote de silencio. Y mojo magdalenas y me sorbo las lágrimas. Detesto pisar migas y a los niños capullos y crueles…”

“A veces me rompen el corazón, pero he roto algunos más, así que no me quejo”… De todo esto y de muchas cosas más hablamos con esta mujer que es la subdirectora de la revista  Vanity Fair entre otras muchas cosas y que acaba de estrenarse en la literatura con un éxito más que evidente. Un auténtico placer, lean su libro y piérdanse en los AGUJEROS NEGROS de su blog.

.- La imagino feliz, feliz, después de este debut que promete y huela a éxito.

-Pues sí, es una sensación de estar subida en una montaña rusa pero sin marearme. Y un lujo haber debutado con “La Vida en cinco minutos” en una editorial que publica a Umbral, Dorothea Brande, Patricia Highsmith o David Shields.

.- Y además ese salir a la luz acompañada de Héctor Abad Faciolince.

-Desde luego no podía imaginar mejor padrino. Héctor Abad lleva años leyendo sin decírmelo los post de mi blog “Agujeros negros” y cuando le mandé las galeradas del libro se sumergió en la lectura en plena promoción de su novela “La Oculta”. Además, remató el prólogo enfermo, en la cama, cosa que nunca le agradeceré lo bastante.

.- Cinco minutos es lo que les queda libre a las mujeres que son madres, compañeras, trabajadoras, amigas, amantes…?

-No necesariamente. El tiempo se saca cuando hay algo que te apasiona. Se trata de dormir un poco menos, de priorizar, de no dejarse devorar por todas las demandas, de leer sólo buenos libros, de pasar tiempo sólo con las personas que lo merecen. Y de ser rápidos. Hombres y mujeres. Creo que la mejor forma de romper con el discurso multitarea es desafiarlo y convertirlo en una prueba de nuestra capacidad, no en el llanto que busca la compasión.

.- Se lo pensó mucho o este libro salió un poco rodado, hijo directo de su blog.

-Simplemente tuve que decidir qué post eran candidatos a convertirse en capítulos, de forma que hubiera una armonía pero que además el ritmo interno del libro funcionara, unos temas llevaran a los otros y al final la sensación fuera de puzzle que explica lo que nos pasa. Luego me edité, me volví a editar, seguí limpiando cada adjetivo, cada verbo, cada coma, y un día todo estuvo listo. (Aunque si me dejan hubiera seguido afilando el lápiz)

.- La moda unisex, el cine, la música, los hoteles, la soledad, los bordes, el alcohol, la pareja, los [Img #376534]amigos, la ambición… creo que podrían haberle salido media docena de libros de esos que se llevan ahora pero…¿digamos que a usted le puede la literatura con mayúsculas y este ha sido su modo de empezar? No sé qué libros se llevan ahora, y en todo caso la única literatura que contemplo es la que se escribe con mayúsculas. No creo que los temas definan la calidad literaria. Esos que menciona los han abordado Nabokov, Chandler, Lorrie Moore, Spanbauer, Dashiell Hammett y una lista interminable de autores más que respetables. Lo que importa es el cómo. El para qué. Si hay una buena trama, si el aliento no decae, si la frivolidad no asoma por las costuras de cada página. Si hay personaje y no zombie con nombre exótico. El resto, no me interesa.

.- Me da un poco de miedo esa calificación de usted como la voz de las nuevas mujeres…”escéptica, desenfadada… plena y despejadamente femenina”, no sería mejor no andarnos con etiquetas que pueden volverse en su, nuestra contra?

-Las palabras de mi prologuista son enteramente suyas. Está claro que una vez que uno publica se expone a ser etiquetado y eso no debe alterarnos. No creo que Madonna se hubiera calificado a sí misma como “la ambición rubia” ni Rachel Welch como “el Cuerpo”, ¿verdad? 

.- Y ser la subdirectora de Vanity Fair va a pesar en el lado positivo o negativo de la balanza? según quién y cómo no se lo van a perdonar.

-¿Perdonar? ¿Qué me tienen que perdonar? ¿Que además de escribir ficción trabaje en una revista prestigiosa de información general, de investigación, con los mejores fotógrafos del mundo y la posibilidad y obligación de escribir textos elaborados, rigurosos, con fuentes fiables? No lo veo, la verdad.

.-Me gusta la literatura que le gusta a usted y el retrato sonoro que pone al final del libro, me gusta su ironía, su sentido del humor, esa ligereza que fluye y que esconde cargas de profundidad, debo admitirlo, pero me gustaría saber qué planes tiene para esto de la literatura

-Seguir escribiendo. No he dejado de hacerlo un solo día. Y no lanzarme a publicar cualquier cosa que pueda llamarse novela hasta que no considere que tiene la suficiente calidad. Seguir observando la vida y las intenciones y prejuicios ajenos como material prodigioso para el relato.

.- Y me gusta eso que dice su prologuista de que para usted… “las palabras deberían ser sagradas…Y que le irrita mucho su mal uso…”

-Exactamente. Igual que la mala puntuación y las faltas de ortografía. Las discordancias verbales, la “gerunditis”,  la subordinación endemoniada que puede resolverse que tres puntos. Sólo profeso la religión de las palabras.

.- La imagino muy muy irritada con Bridget Jones y el modelo de mujer que  nos vendió, o era el que correspondía en aquel momento?

-Me pareció fast food, como hoy las sombras de Grey. Ni todas éramos patosas con bragas de cuello vuelto a la caza de un cretino (aunque fuera Hugh Grant en el cine) entonces, ni todas nos metemos en un cuarto rojo con un idiota esquemático a que nos peguen latigazos para sentir.

.- Y ahora dígame de dónde sale el tiempo para todo lo que hace, ¿Cuántas horas tienen sus días?

-Mis horas salen de despertar a las seis de la mañana o antes y ponerme al teclado, y de dosificar mis salidas nocturnas hasta la anécdota. No veo más tele que los Telediarios y algún programa suelto y no pierdo el tiempo con nadie que no ame.

.- Algún escritor me ha dicho que el blog está sustituyendo a lo que antes era la escritura de diarios o memorias, lo digo porque creo que usted es una buenísima escritora de ese  género.

-Muchas gracias. Al final hablamos del género del “yo”, y es cierto que estos tiempos egomaniacos propician la egoliteratura, pero también creo que sólo si tiene calidad puede calificarse de tal. Lo demás es onanismo con letras y fotos de colores.

.-A quien va a leer este verano, o va a desconectar de todo incluida la literatura…?

-Jamás desconecto de los libros. Este año me llevo a Frederik Pajak, “La inmensa Soledad”, “Nuestros antepasados” (Italo Calvino), “la Soledad de los perdidos” (Luis Mateo Díez), “Un buen hijo” de Pascal Brukner y “El Jilguero”, de Donna Tartt (creo que soy la única persona del planeta que no lo leyó al año pasado). O puede que aquí a preparar la maleta varíe algo el menú. ¡Tengo muchos títulos pendientes!

LA AUTORA

Nací en el tardofranquismo dentro de una familia numerosa en la que no se hablaba de política ni Avón llamaba a tu puerta pero sí el señor del Círculo de Lectores. Mi padre, los domingos, compraba el Mortadelo y Filemón o El Guerrero del Antifaz, y lo leíamos los cinco hermanos mientras mojábamos las yemas en sus huevos fritos del desayuno. Fui al colegio de las monjas y no salí renegada de dios, pero sí de la falsedad de esas mujeres con toca que mentían sin parar y podían ser crueles. 

Como a mí no se me permitía mentir en casa -tampoco decir "mierda"-  me puse a fabular. Cualquier papel servía para escribir una historia, y mientras suspendía matemáticas en BUP, decidí que estudiaría Periodismo, lo más parecido a ser escritor pero sin pasar hambre a fin de mes. 

Mis primeras prácticas durante la universidad fueron en la cadena SER y me enseñaron que existían las putas en pleno centro de Madrid, y que eran majas. Una se compadeció una noche de mí y esperó a que bajase el vigilante de la emisora mientras su chulo la increpaba. Se llamaba Esther. No lo había recordado hasta hoy. Desde ella siempre las miro con simpatía.

He trabajado en TRIBUNA de Actualidad, revista en la que me bregué, en ELLE y MARIE CLAIRE, he publicado mucho en El País Semanal y el País Viajero, algo en El Mundo, bastante en Interviú, en GQ, en el semanal de Progresa "La Mirada"...hasta que en 2008 entré en Vanity Fair como subdirectora y aquí sigo, disfrutando de una cabecera que permite y exige hacer buenas historias y machacando a mi equipo -el mejor equipo de la historia- con mi manía persecutoria por la exactitud de las palabras y el ritmo de las comas y los puntos. 

Tengo dos hijas en edad de (des)merecer (12 y 18), estoy divorciada hace muchos años (en una galaxia muy lejana) y profeso la religión de la amistad. Formo parte de un grupo de liderazgo femenino aunque no creo en las disputas de géneros. Las etiquetas, me parece, están para arrancarlas. O para cuestionarlas. 

Me mareo en el coche, incluso conduciendo, me pierdo a menudo pero nunca he dejado de viajar. Madrugo como una monja carmelita, bebo cerveza y leo con voracidad. Me interesan el arte, la arquitectura y la moda, y me da la risa cuando por decir que leo el Vogue me intentan colocar en la estantería de "rubias y frívolas". 

Jamás conseguí aprender a jugar al póker.

Pero hace dos o tres años empecé a correr y no he parado (como Forrest Gump, pero sin tartamudeo). A veces necesito estar sola y entonces me exilio a un hotel cercano y me compro una entrada para un concierto barroco de pueblo. Y eso se parece mucho a la felicidad.

No tengo regreso, ni tengo resentimiento. Me gusta mi vida y no necesito grandes cosas para pasármelo bien. No me haré la maldita, por tanto, para fingirme escritora. Pero escribo cada día y no hacerlo sería una maldición.

Fotos de Uxio da Vila

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