SIELE

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Han pasado dos semanas desde que los Reyes de España presentaron el Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE) en Ciudad de México. Se trata de una actuación gracias a la cual por fin habrá un examen que, como los de la Universidad de Cambridge con el inglés, certifique que se domina la lengua de Vargas Llosa y de Aleixabdre, de García Márquez y de Neruda, de Lope de Vega y del Inca Garcilaso. El Instituto Cervantes, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Salamanca están detrás de un propósito minuciosa y sabiamente elaborado que se inicia el próximo curso académico.

Desde esta esquina donde se otean sucesos de distinta índole pocos hay como éste que puedan tener un impacto tan sobresaliente en nuestra pequeña comunidad universitaria y en la gran aldea global del español. Sumergidos en las rutinas, escépticos ante tantos proyectos de futuros promisorios como escuchamos en las crónicas diarias, la noticia debe valorarse por su dimensión, que no requiere explicación alguna, y por el reto que supone la ejecución de una empresa que demanda dosis elevadas de coordinación de una tarea compleja con aspectos técnicos, logísticos y políticos que elucidar. Para nuestra Universidad representa un excelente diapasón publicitario de su propia actividad cotidiana que no dejará de tener una repercusión notable en cualquier otro campo disciplinario. Para la ciudad es una nueva oportunidad de convergir con el viejo Estudio en diferentes facetas en las que la falta de comunicación y de sintonía suele ser la nota dominante.

Sin embargo, el acierto de aunar esfuerzos de los dos países que vienen a integrar a una tercera parte de la población hispano parlante no debe ocultar el carácter complicado del uso del español en el mundo y más en concreto en los restantes países americanos. Así, uno de los primeros desafíos del SIELE es el de incorporar al acervo universitario de esas naciones. Dejar fuera del marco a Colombia o a Argentina, que suman noventa millones de habitantes, así como a los demás países de habla española supondría un lamentable error. La tarea no es sencilla y requiere de habilidad en los procesos, trenzando alianzas con los departamentos de español mas relevantes de las universidades que han quedado fuera. Si la UNAM y la USAL van a gestionar el proceso por méritos propios, el Instituto Cervantes puede ser la instancia para generar empatía.