Jueves, 29 de octubre de 2020

El arbolito

   Quiso el destino que te fijaras en aquel lugar en el que querías descansar.

   No tengo la fortuna de considerarme tu amigo, hay muchas más personas que tienen este título de honor, unos bandidos encantadores que entre botellines, risas y recuerdos llevan tu tatuaje en sus ojos.

   Pero también yo te extraño con tu magnetismo y embriagador humor; atento, cercano, sencillo, ¡vamos que te haces querer aun con el paso del tiempo!

   Quienes no te conozcan estarán perdidos entre pasado y presente, ¿qué más nos da verdad?

   ¡Tu historia es tan verdadera!

   Hace poco fuimos a verte, y  volveremos en breve. Ya casi asoma agosto.

   Enfilamos la vía del tren que ya no pasa, en peregrinación, pertrechados con la soga, las garrafas de agua, las viandas y la ilusión de estrechar tu mano una vez más.

   Menuda cuadrilla dirás, y tu casa siempre abierta para todos.

   En una de las últimas ocasiones hubo lágrimas necesarias para que ella entendiera que todos queremos a su papá, mamá y sus amigos mantienen viva la llama con el riego en el arbolito; de cuerpo a tierra, de acebo a olivo.

   Cada visita es una fiesta, como tú lo quieres, refrescando cuerpos y alma en el agua amable del entorno, desde Baños hasta Montemayor del Río, con empanadas, tortillas y cerveza. Va por ti, siempre por ti.

   ¡Qué suerte tienes!, de no estar y seguir aquí, ya lo dijo Julio el primer día, nadie se va mientras sigas en nosotros, ni ha llegado ni se espera al olvido Payo.

   Tu legado tiene carita de ángel (y carácter), ¡qué te voy a contar!, dos preciosas criaturas te guardan con infinito amor y un séquito de leales guardianes velarán por los tres.

   Sé que nos estás viendo, que nos escuchas y que sigues sonriendo.