Miércoles, 21 de octubre de 2020

Messi bis

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Voy a repetir parte de un artículo que publiqué en este mismo sitio de internet acerca de Lionel Messi hace justamente un año. Comenzaba calificando de absurda su designación como mejor jugador del Mundial 2014 y continuaba con unas consideraciones sobre su juego y su fama que considero trasladables punto por punto a la actual situación tras la Copa de América:

Como figura mediática que rebasa el ámbito deportivo, hay admiradores y detractores de Lionel Messi hasta en aspectos tocantes a su personalidad. Resulta inevitable. Las idolatrías se fraguan precisamente en el crescendo de una aureola a partir de alguna cualidad que hace sobresalir a un personaje. Ocurre en el deporte y en cualquier otra actividad de proyección pública. Marilyn Monroe, Manolete, Picasso o Mikel Jackson fueron muy buenos en lo suyo y terminaron convirtiéndose en fenómenos irrepetibles.

Obviaré los aspectos de la personalidad de Messi para señalar sólo tres factores relativos al juego que, a mi juicio, han contribuido decisivamente a su cotización. El primero, su extraordinaria capacidad para el regate. En eso sí es el mejor del planeta. Cuando le llega la pelota cerca del área, la convierte en la bolita de la ruleta que gira y da quiebros y saltitos mientras el resto del terreno de juego se convierte en un tapete de casino hasta que acaba cayendo, con frecuencia, en blaugrana, impar y pasa.

El segundo, que su creciente condición de leyenda levanta a su alrededor un escudo invisible que le concede ventaja frente a los adversarios. Damos por supuesto que vivimos en una cultura democrática y laica, pero conservamos atavismos y tabúes ancestrales que siguen influyendo en el subconsciente. Por ejemplo, el de la profanación; Messi es "un dios", "el mesías". Se considera infinitamente más grave el magnicidio que el homicidio de un individuo común y corriente; y de Messi dicen sus seguidores que es "el más grande", "el mejor del mundo", "el número uno". Creo que estos detalles explican por qué muchos defensas zancadillean menos al jugador rosareño que a cualquier otro. Durante un partido Barça-Madrid el comentarista de una televisión argentina dijo una frase genial: "El Barcelona es arrollador con los equipos que le admiran... y le miran".

El tercer factor que ayuda a su incuestionable eficacia goleadora es una astuta administración del esfuerzo. Últimamente, desde que comenzó el bajón físico, se le acusa de ir por el campo andado... Lo ha hecho siempre. Solía correr poco. Así, en los tramos finales, cuando los demás están fundidos, él puede imponerse en la carrera y plantarse con ventaja ante la meta contraria.

He visto partidos de Maradona, Cruyff, Platini, Ronaldo el gordo y Ronaldinho el flaco, Raúl, Zidane, Etoo, Iniesta, Xavi, Lewandowski, Rooney, Silva, Robben, Cristiano, Falcao, Shaqiri, Deulofeu, Oliver, James Rodríguez, De Bruyne... y me gusta más el juego de cualquiera de ellos que el de Messi. Voy a decir un sacrilegio, incluso el de Clemente; sí, el insolente y tocapelotas Javier Clemente del Athletic de Bilbao, posiblemente el mejor interior zurdo de nuestra Liga hasta que se truncó por lesión.

Sé que mi irreverencia molestará a más de un fanático, pero no suelo coincidir con las opiniones de la mayoría.