Sábado, 28 de noviembre de 2020

Montserrat Caballé. Bel canto, hermosa humanidad

Ha cumplido recientemente 82 años. Recojo aquí las líneas que le dediqué en mi libro "Más allá del personaje"

    Confieso mi desconocimiento del bel canto. Por eso, me sorprendió enormemente la pasión que pueden poner en la Ópera los auténticos aficionados. Investigar aunque sólo sea de modo superficial en ese mundillo supone encontrar un ardor y un interés comparables a los que viven las hinchadas futbolísticas. Se que es una comparación arriesgada y hasta absurda. En el fútbol se mueven las masas; en la ópera, una [Img #277363]minoría. En el fútbol, los resortes que hacen saltar del asiento a los forofos suelen ser primarios e instintivos; en la ópera, refinados. En el fútbol, las figuras son conocidas por todo el mundo; las estrellas operísticas apenas significan nada para el hombre de la calle. Sin embargo, tanto los ases del balón, como las primeras figuras del bel canto arrastran tras de sí la admiración de seguidores incondicionales, la expectación y la polémica.

   Monserrat Caballé es un número uno. Es la prima donna, "la Maradona" de la música. Y disculpen el juego de palabras. En los ambientes musicales de Nueva York, Berlín, Tokio o Milán, su presencia significaba una conmoción. El "no hay billetes" estaba asegurado con antelación de semanas.

    Iba a entrevistarla en el centro regional de TVE en Bilbao, en la mejor época de su carrera, cuando una avería técnica obligó  a retrasar la grabación. Lo que parecía que iba a ser una anomalía sin importancia, se convirtió en una larga espera. En ese lapsus forzoso pude comprobar la calidad humana de Monserrat Caballé. Hablamos de su vida al margen de los escenarios. Si alguien tiene de ella la imagen de una diva en el sentido peyorativo de la palabra, deséchela. Porque su aparente afectación no es sino sensibilidad. Es una mujer sencilla e inteligente.

    –No se me ha subido el éxito a la cabeza –me comentaba–. Soy consciente de que mucho de lo que he conseguido se debe a razones innatas y a circunstancias que no dependen de mi voluntad. En lo que depende de mí, no dudo en estudiar, en practicar, en sacrificarme. Cantar es mi vocación y también mi obligación.

     –¿Cómo es su vida fuera de las temporadas de ópera?

     –Procuro hacer vida familiar y descansar. Por desgracia, tengo poco tiempo libre. Un mes al año, más o menos. Esos son los únicos días que puedo vivir en España, en mi casa. Y procuro no desperdiciarlos para la galería.

     Monserrat Caballé es una de tantas profesionales que prestigian a España en otros lugares del mundo. Y, como ocurre casi siempre, ante la indiferencia popular y oficial.