Sábado, 17 de noviembre de 2018
Las Arribes al día

La Bufa revive los orígenes más remotos de La Ribera

ALDEADÁVILA | Los muchachos ataviados con cencerros ahuyentaron los malos espíritus e hicieron burla a la Urga y al Judas

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Muy pocos hoy recuerdan las correrías de los niños por las calles en penumbra de Aldeadávila haciendo sonar sus cencerros atados a la cintura con una rosquilla entre sus manos, seguramente procedente de la bandeja puesta en convite por el mayordomo de San Antón, encargado de presidir cada acto en la víspera y el día del Santo. Ángel Arroyo fue el último mayordomo de La Bufa de San Antón, hace 40 años, pues corría el año 1975. Desde entonces la fiesta de La Bufa había dejado paso al vacío de un tiempo muerto, un intervalo hasta que hace cinco años esta celebración, de orígenes prerromanos, resurgió de sus cenizas.

La Bufa es la única mascarada de invierno que se celebra actualmente en la provincia de Salamanca, y comparte orígenes con otras que se celebran en provincias como Zamora o regiones como la extremeña, en todas ellas con el denominador común del intento por ahuyentar al ‘maligno’ o a los malos espíritus que deambulaban entre sus animales y tierras con la llegada de las noches de solsticio. Más adelante estas costumbres paganas fueron acogidas por la Iglesia ante la imposibilidad de su erradicación, pues de las gentes emanaba con fuerza las creencias de sus ancestros.

En palabras del etnógrafo e historiador Bernardo Calvo Brioso, y que hace tres años recogía LAS ARRIBES AL DÍA tras su paso por esta localidad como pregonero de esta mascarada, La Bufa es “el tesoro más antiguo de Aldeadávila, seña de identidad y estandarte más representativo, una revista a la forma de vida de los antepasados, un patrimonio cultural inmaterial que hay que conservar”.

En el caso de La Bufa de Aldedávila, la indumentaria de sus protagonistas revela la mofa que en este día, previo a San Antón, los vecinos hacían del obispo de Salamanca y de los franciscanos de Santa Marina. Se consideró tal afrenta el pasacalles ruidoso y burlesco que el obispo de Salamanca, Diego de Deza, en el sínodo de 1497 prohibió su celebración bajo amenaza de excomunión a quien osase perpetrar tal ofensa para la Iglesia. Afortunadamente para la cultura, el empeño de los aldeavilucos fue más allá, y la Bufa perduró a pesar de los inquisidores que veían en las mascaradas un subterfugio para el demonio.

Señales de esta burla se delata en sus capirotes en forma de mitra y sus atuendos de arpillera, a semejanza de las vestimentas eremitas de los monjes confinados en el convento de La Verde, todo ello aderezado de cencerros a la cintura, vejigas hinchadas, cintas de colores y cualquier instrumento con el que hacer ruido para alejar al Judas y la Urga y evitar la esterilidad de sus campos y animales, papeles que representan a los malos espíritus y que cobran forma en un ser abominable, con aspecto de animal, y una bruja de poderes malignos, personajes emparentados con los de otras mascaradas de provincias limítrofes a la salmantina.

Junto a esta indumentaria que muestran los bufoneros o bufantes, no falta la influencia portuguesa, en este caso representada en las máscaras y pintado de las caras para hacerlos irreconocibles ante el mal, primero, y ante el poder eclesiástico, más tarde, además de la figura de los mayordomos, ‘pedigüeños’ por naturaleza que recorrían las puertas en busca de recompensa a su postulado. Como en las provincias de Orense, Zamora y Tras os Montes en Portugal, La Bufa de  Aldeadávila, como La Loa en La Alberca, es exponente de un patrimonio cultural de gran importancia antropológica.

Celebración de La Bufa

[Img #204367]Los más pequeños, por conocer lo que les han contado, y algunos mayores para acompañar a los primeros o recordar lo que un día vivieron, en Aldeadávila de la Ribera se reunían esta tarde para revivir La Bufa, primera mascarada de invierno que tenía lugar en la provincia charra en la víspera de San Antón, un rito ancestral de influjo pagano y que sobrevivió a la cristianización por medio de su trasformación.

Y como en los últimos tres años, en esta nueva edición de la Bufa ejercían de mayordomos los concejales de Turismo y Festejos del Ayuntamiento de Aldeadávila, Fernando Redondo y María del sol Sánchez, que esta función ofrecían a todos los participantes un chocolate con bizcochos a modo de convite.

Pero antes, los bufadores se concentraban en el Centro cultural para asistir a una breve representación de La Bufa, este año a cargo del grupo de teatro Lombo y cuyos componentes daban vida a la Urga y al Judas, personajes que animarían entre los más pequeños el pasacalles posterior hasta la plaza del pueblo. Los cencerros interrumpían el silencio de las calles de Aldeadávila, las cintas mágicas volaban surcando el aire y las vejigas hinchadas proclamaban fertilidad entre los mayores. Los bufoneros comenzaban sus correrías poniendo con sus voces música celestial.

Por último, mañana domingo, a las 13.15 horas, se celebrará la misa y la posterior procesión con el Santo con la bendición de mascotas y resto de animales.