Viernes, 19 de octubre de 2018

El padre Vicente Valverde, pionero de la evangelización del Perú

Dominico de la Universidad de Salamanca, capellán castrense de Pizarro y Almagro, protagonista en el juicio a Atahualpa, primer obispo de Cuzco y por ende del Perú, protector de naturales y muerto por ellos.

[Img #154642]Nace en Oropesa (Toledo), España, a fines del Siglo XV, y muere en la isla de Puná, cerca de Guayaquil, el 31 de Octubre de 1541. Era hijo de Francisco de Valverde y Ana Álvarez de Vallejeda, descendiente de judíos conversos. Alrededor de 1515 parece que está matriculado en la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca. En 1521 se comentaría en los claustros dominicos salmantinos de San Esteban la conversión y adopción del hábito blanquinegro dominico en La Española por parte del célebre Bartolomé de las Casas Allí se empapó del espíritu del Humanismo y frecuentó trato con religiosos dominicos, tomando el hábito en 1523 en el convento de San Esteban de Salamanca, y haciendo sus votos solemnes en Abril de 1524. Fungía como prior Fray Juan Hurtado de Mendoza.

Perfecciona sus estudios en el Colegio Mayor de San Gregorio de Valladolid, logrando ser lector en artes y teología. Su compañero de hábito y gran cronista, P. Meléndez, dirá que fue Maestro en Teología. Jura sus estatutos el 17 de septiembre de 1524. Uno de sus maestros será el padre del Derecho Internacional, Francisco de Vitoria, quien funge como regente de estudios hasta 1526. En este centro tiene como compañeros al gran Bartolomé Carranza, futuro arzobispo de Toledo y primado de España, Fray Juan de Solano, su sucesor en el obispado del Cuzco y fundador del gran colegio de San Tomás “La Minerva de Roma”, Fray Pedro de León, Fray Diego de Astudillo, Fray Gregorio de Toledo, Fray Melchor Cano, Fray Domingo de Soto, el Padre Pascual Mancio de Corpus Christi. De Salamanca y Valladolid partirán la mayoría de los dominicos

Fruto de su dedicación a los estudios será la biblioteca personal que trae al Perú. Sabemos que en la almoneda realizada en la plaza de Lima en febrero de 1542 ascendía a 178 volúmenes. De ellos destacamos dos de Erasmo (el “Ynquiridión” y otro en romance), “Los milagros de Nuestra Señora de la Peña de Francia”, adquirido por Francisco de León en un peso y tres tomines,  un Arte de Nebrija, un volumen con las comedias de Terencio, un libro en romance de “Los Milagros de Nuestra Señora” 9 libros pequeños por 11 pesos comprados por los Padres Dominicos a través del bachiller Juan Vélez de Guevara (Hampe: 1981: 147)

 

Capellán castrense de Pizarro. El lance de Cajamarca

Hacia 1529, Francisco Pizarro, una vez recibido el nombramiento como Gobernador de Nueva Castilla, ultimaba los preparativos de su tercera expedición para la conquista de Perú. Según la cláusula 24 de la capitulación de Toledo, debía llevar misioneros para evangelizar a los naturales. En la Real Cédula  de 19 de octubre de 1529 aparecen los dominicos Alonso Burgalés, Pedro de Yépez, Tomás de Toro, Pablo de la Cruz y Vicente Valverde, comprometidos por Fray Reginaldo de Pedraza. Hemos de tener siempre presente que el dominico será uno de los personajes que más influyó en Pizarro y que fue su capellán en tiempo de guerra y en tiempo de paz. Claro que, a partir de su nombramiento como protector de indios y obispo, su rol será bien distinto. G. Lohman manifiesta su asombro el que “se escogiese para tan rudo ministerio a religiosos de calificada preparación” [1990:410].

En 1529 acompañó a Pizarro como misionero, en su pretendido viaje de conquista del Perú. Llegan a Cajamarca el 15 de Noviembre de 1532. Al día siguiente, el Inca entró hasta el centro de la plaza sin que ningún español se presentase. Valverde, en hábito de dominico, con una cruz en su mano derecha y el breviario en la izquierda, le acompañaban un cristiano que había llevado el mensaje por la tarde y el muchacho tallán Martinillo. Ante el silencio expectante, Valverde comenzó a hablar con el libro abierto, señalando con el índice lo que leía. Según el cronista Jerez dijo: “Yo soy sacerdote de Dios y enseño a los cristianos las cosas de Dios, y asimismo vengo a enseñar a vosotros. Lo que yo enseño es lo que Dios nos habló, que está en este libro; y por tanto, de parte de Dios y de los cristianos te ruego que seas su amigo, porque así lo quiere Dios y venirte ha bien de ello; y ve a hablar al Gobernador que te está esperando”.

El Inca oyó al dominico traducido por Martinillo. Tomó el libro y lo arrojó al suelo, encarándose con el Padre Valverde, a quien le echó en cara el maltrato hacia unos caciques. Valverde aclaró que fueron unos indios quienes le quitaron la ropa. Atahualpa insistió en que le devolviesen las ropas y se incorporó en su litera. Valverde, con bastante temor, corrió donde Pizarro y le comunicó cómo el Inca le había arrojado el libro santo y llamó “perro” al Inca, prometió la absolución a todos, instándoles a combatir a Atahualpa si querían salvarse. El Gobernador se puso al frente del combate y ordenó la batalla en la que murieron unos 3.000 indios. Pizarro, con veinte peones, entre los que se encontraban Miguel Estete, Alonso de Mesa y Diego de Trujillo, capturaron al Inca. Después de unas dos horas, en medio de la refriega llegaron Hernando Pizarro y Fray Vicente Valverde. El primero “requirió a todos de parte del rey y del gobernador en su nombre que se recogiesen pues era ya de noche y Dios les había dado victoria”.

Una de las relaciones más fidedignas, la de Diego de Trujillo, nos completa el cuadro:“Y entonces con la lengua salió a hablarle Fr. Vicente de Valverde, y procuró darle a entender al efecto qué venía y que por mandado del Papa un hijo que tenía capitán de la cristiandad que era el Emperador Nuestro Señor y hablando con él palabras del santo Evangelio le dijo Atabalipa, ´quién dice eso´, y él respondió ´Dios lo dice´, y Atabalipa dijo ´¿cómo lo dice Dios?´ y Fr. Vicente le dijo: “Velas aquí escritas” y entonces le mostró un Breviario abierto y Atabalipa se lo demandó y le arrojó. Valverde se esforzó en obtener la pacífica sumisión de Atahualpa; más tarde instruyó y bautizó al infortunado inca. Jerez, testigo ocular, afirma en su relación (Sevilla, 1534) que cuando el Inca rehusó someterse, Valverde se volvió e informó a Pizarro, quien ordenó entonces avanzar a sus hombres.

En todo el tiempo de la prisión de Atahualpa se le hizo buen tratamiento, y Valverde “tenía cuidado de predicarle y hacerle entender las cosas de nuestra santa fe y darle noticia de todo lo que convenía para su salvación” (Del Busto: I: 87). Como buen capellán, cuida de la hueste. Así, tras la captura del Inca, los soldados mozos, cuales mancebos desvergonzados, se entregaron desenfrenadamente a todo género de libertinaje sexual con las mujeres cautivas. En este sentido, y,  según Gutiérrez Santa Clara, el Padre Valverde luchó para que “ningún cristiano, de cualquier calidad, estado y condición que fuese, tuviese amistad deshonesta con ninguna india”.

Fray Buenaventura de Salinas nos informa del Requerimiento de Valverde: “Pidió licencia Fray Vicente para hablar con Atahualpa y habiéndosela concedido le comenzó a predicar los misterios de la fe: un solo Dios y tres personas, que la segunda se habían hecho hombre y desnudo en una cruz había muerto para redimir el mundo, dejando en su lugar al Papa como a cabeza de la Iglesia; el cual con la potestad que tenia había dado todas las tierras de aqueste nuevo mundo, que él habitaba, al Emperador y rey Católico don Carlos señor nuestro: y que Su Majestad había enviado en su lugar al Gobernador don Francisco Pizarro para que en su lugar tomase la posesión, y él y los suyos recibiesen la fe de Jesucristo por para poderse salvar. Habiendo entendido Atahualpa aquellas cosas por intérprete, respondió que él no conocía a Jesucristo por Dios, porque ¿cómo lo podía ser si había muerto desnudo? Y que solo al Sol a quien llamaban Pachacama, adoraba por Dios y criador de todas las cosas; Y que él no sabía que hubiese en el mundo otro rey ni monarca y que cuando lo hubiese cómo podía el Papa dar sus tierras a otro; y que si las había dado que él no consentía en ello, ni se le daba nada”.

Atahualpa promete una sala de oro y plata por su libertad. Parece que con “el único español que Atahualpa se mostraba poco amable era con Fray Vicente de Valverde” (Del Busto: II, 87). Garcilaso dirá que “Fray Vicente tuvo cuidado de instruirle en la fe” [Comentarios Reales, Parte II, lib. I, cap.36, p.364, t.III). Al Inca se le formó juicio de guerra y fue condenado a la hoguera por idólatra y hereje contumaz, tirano y usurpador, traidor, regicida, fratricida, homicida, polígamo e incestuoso. Cuando Atahualpa se percató de que la condena era inexorable preguntó al Padre Valverde acerca del destino de los que morían. Al responderle el dominico que los cristianos iban al cielo y los idólatras como él al infierno. Tornó a preguntarle Atahualpa sobre el lugar dónde los enterraban; como el fraile le respondiese que los cristianos en la iglesia y los paganos fuera, manifestó su deseo de hacerse cristiano. “Todos vieron que al idólatra se le abrían las puertas de la salvación y Fray Vicente, antes de que Atahualpa mudara de parecer, se apresuró a bautizarlo. Se le impuso el nombre de Francisco” (Del Busto, II, 174). Pizarro, atendiendo a su conversión, le conmutó la pena de la hoguera por la de garrote. En los responsos y la misa de entierro, nuestro protagonista será acompañado por los eclesiásticos Juan de Sosa, Juan de Balboa, Francisco de Morales y Juan de Ascencio.

Como celoso capellán, participará en todos los actos litúrgicos. Asimismo, intentará la conversión de todos los naturales como la del general quiteño Calcuchímac. De igual manera participa regularmente en los consejos convocados por el Gobernador para decidir asuntos importantes, tales como la fundición de metales preciosos junto al contador Navarro y el tesorero Riquelme el 10 de mayo de 1533, en Cajamarca. Fue el único de los participantes en la captura del Inca que no obtuvo beneficio alguno de las cuantiosas sumas de metales preciosos.

La luctuosa muerte del Inca entristeció a los teólogos salmantinos tan comprometidos con los derechos humanos. El P. victoria escribirá a su amigo el P. Miguel de Arcos, el 8 de noviembre de 1534: “¡Se me hiela la sangre en el cuerpo en mentándomelas…nunca Talbalipa (Atahualpa) ni los suyos habían hecho ningún agravio a los cristianos, ni cosa por donde les debiesen hacer la guerra”.

Vemos a Valverde también en la fundación de ciudades como Cuzco y Jauja.

 

Primer obispo del Perú

Una nota de 14 de agosto de 1535 le comunica que la Reina quiere verle “para entender en vuestro despacho y platicar con vos algunas cosas del servicio de Dios Nuestro Señor”. Las Actas del Cabildo de Lima dan cuenta de cómo la Reina de Castilla, el 7 de enero de 1536, un año antes de su consagración como obispo en Salamanca, había encomendado al Gobernador del Perú al P. Valverde como obispo de la provincia, y “que luego como llegare entienda con que se hagan las iglesias que a él y a vuestras señorías pareciere así en los pueblos de cristianos como en los de los indios y que se pongan en ellos los ornatos y cosas que de acá se llevan”y que se reúnan para proveerse de los indios más comarcanos a los sitios donde se hubieren de edificar los ayuden a hacer con la menor vejación”.

Conocemos el alto concepto que del nuevo obispo se tenía en la Corte por las cartas de presentación dirigidas al Papa, al Superior de los PP. Dominicos. En la Carta del Rey a Su Santidad califica a Valverde como “persona docta y benemérita y cual conviene para la instrucción de los indios naturales de aquella provincia...por sus letras, vida y ejemplo como por la experiencia que tiene de las calidades y condiciones de los indios”. En una Real Cédula de 1535 le indica que “convendría para la instrucción de losa naturales de ella (la provincia del Perú) que se edifiquen algunas (iglesias) en los pueblos de los cristianos y en las comarcas de los pueblos de indios, y que sean proveídas de ornamentos y otras cosas”. Se observa que incluso en España, Valverde se mantiene en contacto con sus amistades en Perú y procurando en todo momento la paz. Un año después, el 15 de febrero de 1536, se promulga una. RC ordenando a Pizarro que dé al obispo Fr. Vicente Valverde un indio lengua. De los tres que tiene “porque el Obispo de esa dicha provincia tienen necesidad de una de estas lenguas para predicar e industriar a los naturales de esa tierra en las cosas de nuestra santa fe católica”. El 19 de julio de 1536, la Emperatriz regente, Isabel de Portugal, escribirá para el Padre Valverde una detallada instrucción general en la que–además de las específicas de cuidad de la salud espiritual y cristiana para un prelado- se le confía el cumplimiento de diversas tareas financieras y administrativas.

Como señala J. Lockhart y enfatiza Rafael Varón (1992: 117), el Consejo de Indias esperó encontrar en el “pionero” Valverde un brazo independiente que controlase el gobierno de Pizarro, además de convertirlo en una fuente de información alternativa. De este modo, se le otorgan amplios poderes para facilitar las numerosas comisiones para las que se le destinó.  Para acometer la alta tarea a la que venía destinado se rodea hombres de confianza, familiares y paisanos. El 8 de febrero de 1537 se registran en la Casa de Contratación de Sevilla 55 pasajeros en su compañía. Dos de ellos eran hermanos, Francisco de Valverde y María de Trillo. Además, el marido de ella, Pedro Orgóñez, así como los parientes Fernando de Vallejeda y Juan de Valverde. Por fin, la primavera de 1537 pudo zarpar la flota del obispo. Iban 8 dominicos (Gaspar de Carvajal, Antonio de Castro, Alonso Daza, Toribio de Oropesa, Francisco de Plasencia, Jerónimo Ponce, Alonso de Sotomayor y Pedro de Ulloa. En la Española refuerzan el grupo don Fray Juan de Olías y Fray Francisco Toscano. Por el mes de marzo de 1538 llegarían a Lima los españoles. Así lo hacen, y el mismo día que presenta sus ejecutoriales, los regidores, presididos por Pizarro, le reconocen como obispo y disponen que Fray Gaspar de Carvajal traduzca la bula papal en la que se disponía la acogida del Prelado.

A pesar de estar convulsionado el Perú por las guerras civiles, con la batalla de las Salinas,  en Cuzco, Valverde continúa su titánica labor. Permanece con el Gobernador largo tiempo, ocupándose en acomodar las instalaciones necesarias para aposentar al séquito. Valverde compró a Pizarro el 23 de mayo unas casas vecinas a la catedral por 900 pesos. De Lima pasa a Ica y el 18 de noviembre de 1538 entra en el Cuzco donde fue recibido por Pizarro y españoles presentes. Se presenta públicamente ante el Cabildo el 20 de diciembre y se centra en su sede. Una de sus misiones será recomendar a algunos soldados como Bartolomé Terrazas y Gonzalo Dolmos para que le otorguen adecuada remuneración o permiso para entrada a una zona de esmeraldas en el norte del Ecuador.

El 20 de marzo de 1539 fray Vicente de Valverde OP, primer obispo del Cuzco y Perú, escribió desde su sede una extensa carta-informe al emperador Carlos V en la que detalla la situación eclesiástica y civil de Perú a los siete años de los inicios de la conquista y evangelización.

 

Protector de Naturales

Su rol no es sólo el profético de denunciar, le toca anunciar, promover, construir.  Desde Fuensalida, un siete de octubre 1541, le envían una Real Cédula al gobernador y obispo del Cuzco para que haya hospitales en los pueblos de cristianos “proveáis como haya hospitales en los pueblos de cristianos que hubiere poblados donde se curen los pobres enfermos que hubiere y daréis orden que los sanos ganen de comer y no anden hechos vagamundos”. Como protector, tuvo que velar por la administración de justicia, tal como se ve en algunas sentencias dadas con el fin de dar libertad a dos indias, injustamente privadas de ella por sus amos. En la citada carta de 1539, vimos su propuesta de que ni los indios libres ni los yanaconas se diesen en encomienda, sino que viviesen en libertad para servir a quien quisiese Sin embargo, los pobladores sin curaca podría estar encomendado. De igual modo, encarece a la Corona cuidar de que los naturales no fuesen esclavizados ni puestos a trabajar en las minas ni compelidos a servir como cargadores ni a salir de sus tierras de origen. Recomendaba también no se otorgasen indios a los españoles considerados viciosos y que con el dinero obtenido de los juegos se financiasen obras benéficas. Su comprometida acción le acarreó muchos problemas y penurias económicas.

 

Asuntos varios de un obispo misionero

Sorprende la amplitud de funciones y actividades en las que participó Valverde. Véase, por ejemplo, un curioso informe en el que se relata la seriedad con que estudia la latitud del Cuzco el 9 de abril de 1539. En el viaje costero de regreso, se detiene en Arequipa desde donde escribe el 20 de junio una nueva misiva a Carlos V, y encomienda la protectoría de los indios al Padre Rodrigo Bravo. En Lima realiza diversas gestiones administrativas ayudado por el escribano de Madrid, Pedro de Salinas, y su mayordomo y contador Gonzalo Aguilar. Otra de las misiones encomendadas por la Corona fue el inspeccionar la contabilidad de la hacienda real, como tuvo que hacer a fines del año 1539 con los ajustes presentados por Hernando Verdugo de Henao y el licenciado Caldera. Debe, además, tomar cuentas a los oficiales reales, recaudar los diezmos eclesiásticos, investigar sobre los bienes de difuntos y averiguar acerca del pago del quinto regio por los tesoros saqueados. Se recoge también en las Actas Capitulares la provisión por la que se le nombra inquisidor y protector de indios, teniendo “mucho cuidado de mirar y visitar los dichos indios y hacer que sean bien tratados e industriados y enseñados en las cosas de nuestra santa fe católica. Como inquisidor, conocemos una solicitud de Valverde de un expediente del proceso contra el capitán Alonso de Mercadillo “porque lo quiere ver para conocer de ciertos delitos e blasfemias que cometió y dijo contra Dios, Nuestro Señor y su Bendita Madre”  [Libros de Cabildos de Lima: I, 379].

Pendiente de su familia, ayudará a la prosperidad económica de su hermana María. Ella estuvo casada con Pedro Orgóñez, con quien procreó dos hijos Teresa y Pedro, y, viuda, con el doctor Juan Blázquez, teniente de gobernador de Cuzco

Nunca se ha de olvidar que fue el primer religioso mendicante y dominico del Perú. A pesar de las numerosas funciones administrativas y civiles que le tocó desempeñar, siempre tuvo presente la de procurar la conversión de los indios a la fe cristiana.

La tarea de Valverde como obispo fue muy intensa y como señala T. Hampe “estuvo dirigida a imponer en breve tiempo una situación estable en la estructura del gobierno eclesiástico colonial”. Así, promovió y vigiló la construcción de iglesias en Lima y Cuzco, dio el visto bueno al nombramiento del bachiller Garci Díaz Arias como vicario de Quito; nombró al Padre Rodrigo Bravo vicario en Arequipa, al arcediano Rodrigo Pérez  vicario de Nueva Toledo, a Francisco de Cervera, vicario de Huamanga, completó el número de dignidades en el cabildo de Cuzco con la designación de Hernandarias. El 16 de mayo de 1539 promulgó un auto por el que se ordenaba la paga del diezmo sobre todos los bienes a indios y españoles; el propio Valverde se afanó con ahínco en controlar la recaudación.

 

¿Mártir de la fe y la caridad?

Juan de Santa Cruz Pachacuti  da cuenta del inicio de la evangelización en Cuzco en forma pintoresca y solemne: con el Inca (Yupanqui), en compañía del santo evangelio de Jesucristo Nuestro Señor, entraron con gran aparato real y pompa de gran majestad” Si uno representaba al emperador Carlos V “el padre Fray Vicente con su mitra y capa representaba la persona de san Pedro, pontífice romano [...] Fray Vicente va derecho a Coricancha, casa hecha por los incas antiquísimos para el hacedor. Al fin la ley de Dios y su santo evangelio tan deseado entró a tomar posesión de la nueva viña...Allí predica todo el tiempo como otro santo Tomás el apóstol, patrón de este reino, sin descansar, con el celo de ganar almas, haciéndolos convertirse, bautizando a los curacas con hisopos no más, porque no pudieron echar agua a cada uno...Lo que es llamar a Dios, había mucha devoción en los españoles y los naturales eran exhortados con buenos ejemplos”.

El año de 1541, mientras estaba en su diócesis le llegó la noticia del asesinato de Pizarro y rápidamente salió del Cuzco con dirección a Lima para contener los disturbios que temía se habrían de seguir. Una vez llegado a Lima trató de evitar la muerte de un tal Antonio Picado y puesto que no logró evitarlo dijo algunas homilías donde amonestaba a los responsables. Sus palabras causaron una negativa impresión, y varios fueron a su alojamiento para pedirle explicaciones. Después de todo esto, Valverde decidió embarcarse para salir del Perú. Sin embargo, será un celoso misionero y sincero protector de los naturales para cuya defensa redactó un memorial. Hasta el final de sus días, siguió trabajando duro, muriendo a manos de los indios de la isla de Puná. Varios de los cronistas religiosos no dudan en calificar a Valverde como mártir. Es el caso de Fray Buenaventura de Salinas:

Gloríese en hora buena y con razón la Orden sagrada de los predicadores y pongan en su Martirologio y Anales, al Ilustrísimo Obispo Fray don Vicente de Valverde por varón memorable y animoso que puso el Evangelio o Misal a Atahualpa en las manos y por no le haber recibido apellidó guerra contra aquel Príncipe Gentil”  (p.41).

En Lima, el célebre jesuita, P. Manuel Abreu, cuando rememora los lauros dominicos en Perú con motivo del séptimo centenario de su aprobación, tendrá un recuerdo muy especial para este protomártir peruano:

Y ¿a quién sino al tan calumniado dominico Fray Vicente Valverde, venerable mártir de Cristo cabe la gloria de haber reducido a la fe y abierto las puertas del cielo antes de morir el primer Inca cristiano del Perú Atahualpa?[...]Él erigió y fundó en el Cuzco la primera Iglesia y Cabildo catedral del Perú cuyos estatutos han servido de pauta y norma a las demás iglesias catedrales fundadas más tarde en el reino y en toda la América del Sur y el primero que trabajó con celo incasable en acomodar a los cánones la marcha de los asuntos eclesiásticos.

Baste como conclusión recordar con el llorado maestro Lohmann Villena que en el lance de Cajamarca “nadie más sino Valverde era capaz de empuñar la pluma y redactar un texto de tal contenido ideológico y de tal pulcritud de estilo, que a las claras trasluce la impronta de Vitoria al recordarse la hermandad de todos los hombres, la solidaridad entre las sociedades y la precisión de organizarse en comunidades políticas”

 

 


[1]. Singular advocación mariana cuidada por los PP. Dominicos en Salamanca y de tanto arraigo en América. Guamán Poma de Ayala la menciona en varios de sus dibujos. Santo Toribio le tenía gran devoción, en particular la que se veneraba en el monasterio de Santa Clara de Lima.