Itas, itas, itas: somos coccinélidos

Estando entretenido en casa, laborando en el huerto y el jardín, esta semana me he vuelto a reencontrar con una especie que, habiendo sido muy fácil de ver, parece haber perdido su lugar en el mundo. Y, curiosamente, en la misma tarde me encontré dos individuos, aunque posiblemente fuera el mismo en movimiento. Incluso era muy frecuente toparte con ellas en las grandes ciudades, tipo Madrid, sin que necesariamente fuera en las zonas verdes, pues cualquier terraza o balcón, donde hubiera una maceta, les servía de hábitat.

Quizá es la única especie de insectos que suele caerle simpática a los seres humanos, por mucho que esté adscrita al Orden de los coleópteros, los escarabajos. De entre las más de 5.000 especies conocidas, la más conocida suele ser la mariquita de siete puntos, de élitros (alas endurecidas) rojo brillante, y cuyo nombre le fue otorgado en honor a la Virgen María, pues el color rojo simboliza el manto carmesí de la Madonna, y los siete puntos representan los siete alegrías y los siete dolores que padeció, según la leyenda.

Unos colores que, lejos de estar ahí para alegrarnos la vista, sirven para alejar a los depredadores (coloración aposemática, recibe el concepto de engaño mediante los colores), pues los tonos cálidos, principalmente el rojo, están relacionados con el veneno, lo que sirve de advertencia para que sus posibles enemigos no se acerquen a ellas. Al sentirse amenazada, su primera reacción será hacerse la muerta, quedándose completamente inmóvil, pero, si ve que la cosa se pone fea, exudará un fluido, de color amarillo brillante, por las articulaciones de las patas que les dará un desagradable sabor, por lo que muy necesitado deberá estar el depredador para optar por quedarse con un asqueroso sabor de pico: una eficaz arma para contrarrestar su falta de rapidez y mecanismos de lucha.

Otra peculiaridad, por el beneficio que supone para los humanos, la encontramos en su alimentación, basada en cochinillas, ácaros, pulgas y, principalmente, pulgones, todos ellos parásitos de las plantas. Resultan, pues, excelentes controladoras biológicas de plagas, ya que consumen todo animal perjudicial para los cultivos, y plantas ornamentales, evitando el uso de pesticidas y demás productos químicos dañinos para la salud humana. El número de pulgones que puede comer una mariquita adulta supera, ampliamente, los mil semanales, con todo lo que ello conlleva de beneficioso para los diversos cultivos. Por ello, en muchas culturas, son vistas como signo de buena suerte, y matarlas trae aparejada la mala suerte.