Sábado, 28 de noviembre de 2020

El calumnista

    ¿Lo ven? Están a la que salta. Mi artículo del pasado martes a propósito de los antinucleares me ha deparado, como no podía ser de otra manera, una retahíla de respuestas airadas. ¿Para desmontar mis argumentos? No. Simplemente para insultarme. Yo exponía datos acerca del uranio (están en cualquier manual de física), ninguno de los cuales ha sido refutado entre tantas críticas. Sólo uno de los replicantes argumentaba, con razón, acerca de las consecuencias nefastas de una mina mal explotada y que no reuniese las imprescindibles medidas de seguridad.

        El primero en replicar, bajo el seudónimo Amin Omela Dáis, es un lince que se refiere a mí como el calumnista y sugiere que mis opiniones están esponsorizadas. Una buena señora se pronuncia también al respecto: "Su escrito me hace que pensar, ¿no estará entre los "comprados" por esta empresa extranjera?". El ex responsable del grupo El Alcornoque de Hoyo de Manzanares, me decía, éste en un tono educado, que yo no querría sentir cómo el uranio baja por mi gaznate. Caray, ¿dónde he propuesto yo que la gente beba uranio líquido? La mayoría de los indignados me acusan de ignorante y de que no me documento. A quien me informa de la existencia de la iniciativa popular (gracias), le recuerdo que en España para un asunto de interés nacional se requiere un mínimo de 500.000 firmas acreditadas, y en Castilla y León 25.000.  El proceso se inicia mediante la presentación de la documentación en la Mesa del Congreso de los Diputados (o sea, a través de los representantes elegidos por el pueblo), que examina la documentación remitida y se pronuncia sobre su admisibilidad. Alguien añade que debido a mi ignorancia escribo donde escribo "y no en otros sitios". Entrañable y documentada afirmación, dado que, aunque supongo que le dará lo mismo, además de tener veinte libros editados, he publicado artículos en cuarenta y tres periódicos, diez revistas y dos agencias informativas. Seguramente antes de que alguno de mis airados interlocutores naciera yo había comenzado a informarme acerca de la energía nuclear y a escribir en los periódicos en defensa del medio ambiente. Vean los recortes de la fotografía.

       Esos son sus argumentos. Y todavía tengo que estar agradecido a que se limiten a intentar injuriarme, pues, como decía en una de mis respuestas tras el artículo del día 12, viví de cerca hace muchos años en el País Vasco la campaña antinuclear de Lemóniz, que se saldó con dos asesinatos de ETA: los del ingeniero jefe de la central José María Ryan y el periodista José María Portell, amigo mío. A éste le pegaron dos tiros en la cabeza porque demostró en la prensa con fotografías que una marcha antinuclear había tenido la quinta parte de los manifestantes que pregonaban los organizadores. Quizá una semana de estas cuente la penosa anécdota con más detalle.

       Resulta admirable la actitud siempre vigilante de nuestros redentores ecologistas, su celo en defendernos de las catástrofes con que nos amenaza el capitalismo mediante campañas tan rigurosas como la de "NO al uranio, SÍ a la vida". No es de extrañar que muchos vecinos de la zona y otros ciudadanos de bien ajenos al proyecto estén asustados. Los verdes se nos presentan como un cruce entre San Francisco de Asís, don Quijote y la madre Teresa de Calcuta que desinteresadamente quieren salvarnos a toda costa de Belcebú, el tío Gilito y la madrastra de Blancanieves. En cuanto a los intereses que se esconden detrás de unos y otros (partidarios y detractores de la energía atómica), apliquemos un principio jurídico básico: cui prodest. A ver qué les parecen estas dos hipótesis:

       Primera: Una serie de políticos, empresarios, técnicos y funcionarios con alma de cántaro pretenden enriquecerse envenenando a sus clientes... y a sus trabajadores. El mejor ejemplo es que las minas de uranio más grandes del mundo están en Canadá y Australia (la principal de ese país, a cielo abierto), que como se sabe son territorios gobernados por genocidas antidemocráticos.

      Segunda: Por menos de lo que cuesta un club de fútbol (y en Occidente han comprado ya unos cuantos) los jeques del petróleo financian una amalgama de organizaciones seudo-filantrópicas que, sin saberlo la mayoría de sus activistas, trabaja para desacreditar a las energías de la competencia.

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        Me choca que ninguno de los que han respondido airadamente a mi artículo del martes sobre los antis (por lo visto lectores habituales de esta web) sepa que ya había escrito aquí antes sobre el tema. Para evitarles el trabajo que sin duda piensan tomarse en buscarlos, recojo a continuación algunos párrafos y los enlaces correspondientes de esos otros artículos:

      "Para la mayoría, 'atómico' equivale a peligroso. Nadie niega su riesgo potencial, como el de cualquier herramienta, incluido el cuchillo de cocina, que sirve para preparar los alimentos y puede transformarse en arma mortal en manos de un psicópata. Este dato es fácil de entender: para su uso como combustible en una planta de energía, el uranio que se extrae de una mina como la de Salamanca se enriquece (enriquecer es aumentar la proporción del isótopo “U”) entre un 3 y un 5 por ciento. Para destinarlo a reactores médicos y de investigación (como los que poseen la Universidad y el Complejo Hospitalario), entre el 12 y algo menos del 20 por ciento. Para utilizarlo como material fisible capaz de generar una reacción en cadena y explosionar tendría que ser enriquecido hasta el 90 por ciento, y para eso se necesitan máquinas extraordinariamente voluminosas, potentes y sofisticadas."                                      (http://salamancartvaldia.es/not/40619/atomicos).

        "El miedo, para algunos, ya es exclusivamente verde. Si de verdad les preocupase tanto la salud de la Humanidad, se dedicarían a combatir las verdaderas lacras: el fanatismo ideológico y la explotación codiciosa de las adicciones, lacras que están detrás de las guerras, los conflictos ciudadanos, la violencia doméstica y el deterioro físico y moral de generaciones enteras."                                                                             (http://salamancartvaldia.es/not/42161/verdes-que-os-quiero-verdes).