Jueves, 21 de marzo de 2019

Un nuevo, y salmantino, carril bici en la avenida de San Agustín

Hace algún tiempo me congratulaba de la continua extensión del espacio, y elementos auxiliares, para la bicicleta en Salamanca. Aunque es lenta, y no me gusta mucho cómo se está haciendo. Estos días han finalizado un nuevo carril bici de estilo salmantino (es decir, una vía ciclista de doble dirección, parece que no hay otra fórmula) en la Avenida de San Agustín.

Esa calle, vieja travesía de la carretera de Valladolid que une la Plaza de Toros con el Polígono Industrial de Los Villares, se ha ido ensanchando con la aplicación del Plan General de 1984. Por ello, circulando hacia el Polígono, en el lado Este hace tiempo que existe un paseo hasta la Glorieta del Tratado de Tordesillas, en realidad alternan jardines con aparcamiento, y está disponible el espacio público hasta el Parque de Würzburg. En el lado contrario a partir de esa Glorieta, también se ensancha la calle casi hasta el parque. Hay que congratularse que no se aprovechara para aumentar los carriles de circulación, a pesar de su importancia para el tráfico de la ciudad.

Un Ayuntamiento previsor, y no me refiero al actual, habría pensado hace tiempo en la conversión de esta calle en un paseo. Se ha tenido tiempo suficiente para diseñarla contando con ese ensanche, ensamblando los espacios para el coche, para el paseo y para la bici de forma eficaz, cómoda y segura para todo el mundo. Así no hubiera sido difícil, ni caro, contar en estos momentos con un carril bici mejor. Incluso sería posible, con poca inversión, remodelar Torres Villarroel para que empezara al menos en el cruce con la Avenida de Portugal. Como siempre, con previsión se podía haber hecho mejor.

Lo que sí cumple el carril es una vieja aspiración de quienes queremos la ciudad a la medida de la gente: se construye quitando espacio al coche. En este caso surgirá un conflicto con los aficionados al baloncesto, que muchos (por la falta de transporte público entre otras, que fracasó en su momento) llegan al Pabellón de Würzburg en coche, y se ha reducido el aparcamiento no sólo con esta actuación. Confiemos en que llegue más gente en bici.

Cerca del Polígono el carril, aparte de introducirse en la estrecha acera y con un trazado un tanto discutible, incluye un elemento que se está volviendo característico: tiene un escalón. También se ha creado otro en la vía ciclista de la Avenida de Torrente Ballester, en el “Jardín de los gozos y las sombras”. Y como es habitual en los pasos de peatones, estos se cruzan demasiadas veces con las bicis, los carriles no se diseñan por el exterior de las aceras. Una vez que el carril llega a la Glorieta del Tratado de Tordesillas no continúa hacia el centro de la ciudad. Esto, indudablemente, resta eficacia a la infraestructura, no se puede llegar de forma segura allí donde va la mayoría (según el Plan de Movilidad): al centro.

Por último, y aquí me entra la risa floja, llegué a pensar que la actuación se coordinaba con el Ayuntamiento de Los Villares, y el carril continuaba por la lamentable travesía del Polígono. Imaginar que, por un momento, alguien decidía rehacer el horroroso diseño de esa “calle”, y convertirla en una avenida con rotondas en los cruces (con 4 carriles sobra). El espacio sobrante se destinaba a mejorar la circulación peatonal, cierto que no es mucha, y a incorporar una vía ciclista que permitiera luego continuar por los anchos arcenes de la vieja N-620. La carcajada me llegó cuando ponía verde, árboles, en esa nueva y más amable calle.