Lunes, 6 de julio de 2020

Misántropo y libertad de expresión

 

El sábado pasado tuvo la oportunidad y el privilegio de acudir a una de las últimas representaciones de la obra de teatro  “ misántropo” disfruté mucho  del espectáculo y  de la compañía, en el asiento de al lado,  Alex González, uno de los protagonistas del “El Príncipe.”

Un  estupendo trabajo de Miguel del Arco, que durante dos   horas puso en boca de los actores  todo lo que yo llevo pensando desde hace mucho tiempo, y no puedo decir,  del mundo que nos rodea.

Miguel del Arco aborda un texto mítico como El Misántropo, de Moliére. Lo hace para escarbar, profundizar, investigar y hacer el texto suyo. En esta versión, Alceste, Celimena y compañía se expresan como hombres y mujeres del siglo XXI. Misántropos y modernos.

  El misántropo huye de los hombres y del trato humano no solo por sentimientos de repulsión o de timidez, sino que su aversión es más o menos deliberada o reflexiva. Por esto no decimos de un niño o de un animal que es un misántropo, sino que se aplica con propiedad a los calificativos huraño y arisco La misántropía cabe en una persona adulta, que no procede solo por instintos y sentimientos, sino también por experiencia y reflexión. Y esto lo que le pasa a nuestro protagonista Alcestes, el anhela vivir en la verdad. Quiere ser honesto, y que los demás lo sean con él. Pero  sus contradicciones y su incapacidad para encontrar el término medio que le permita vivir, le llevan a retirarse al desierto que es lo que el exige desde la primera conversación con su amigo Filinto. Alcestes pone en peligro su integridad por defender la verdad, porque está dispuesto a perderlo todo en defensa de lo que cree. Parece mentira que una obra del siglo XVII en la que Moliere expresa su amargura tras la separación de su mujer Armande Béjart, pueda tener tanta vigencia en la actualidad. Está claro que la libertad de expresión no goza de mucha salud en la actualidad, es cierto que nuestros gobernantes hacen muy poco para que es libertad sea  una realidad, es cierto que castigan con lo único que tienen “poder” a los que no opinan o se manifiestan de acuerdo a sus criterios, es cierto que el que se mueve no sale en la foto. No es menos cierto que nuestros gobernantes quieren compañeros de viaje cómodos, que no den problemas, que no destaquen, que no investiguen, que no descubran. Prefieren al deshonesto que al honesto, la verdad en muchos casos es pecado mortal para ellos, y en vez de absolver, condenan, se me viene a la cabeza el caso del juez Baltasar Garzón, también el anhelaba vivir en la verdad, esa  verdad a la que le llevaba precisamente su experiencia  y reflexión, el también puso en peligro su integridad por defender la verdad, y fue capaz de perderlo todo por defender  lo que creía, y fue juzgado, y condenado. Esto no sólo sucede a grandes escalas, esto también sucede en nuestra comunidad, en nuestra ciudad, la verdad, es un bien preciado que no todos están dispuestos a que conviva en nuestra sociedad,

Yo mientras tanto les sigo animando a que vayan al teatro, donde unos personajes versátiles nos hacen reflexionar sobre lo humano y lo divino, donde a veces nos sacan de la rutina y nos dibujan mundos y vidas atractivas y en otros nos envuelven en la más profunda realidad de nuestro transcurrir cotidiano, viva pues el teatro, la comedia, la farsa, sin duda son más atractivos que nuestro rutinario deambular. No se pierdan “El Misántropo” seguro  que no quedarán impasibles y aportarán más luz a mi precaria y subjetiva  interpretación de la obra.

A mi compañero Alex González también le encantó la obra.

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