Jueves, 3 de diciembre de 2020

Soy adicto al fútbol

             Soy adicto al fútbol. Desde siempre, desde que siendo un mocoso hice el saque de honor en un partido de la Cultural y Deportiva Leonesa, no me acuerdo contra quién ni por qué motivo pero del que quedó prueba en la fotografía adjunta. Otro de mis mejores recuerdos infantiles fue un pequeño coche eléctrico que de Alemania me trajo Lucio del Álamo Urrutia, ex jugador del Athletic de Bilbao, director entonces del diario Marca, creador del trofeo Pichichi, escritor, presidente de la Federación de la Prensa de España y gran amigo de mi padre.

            Después de la lectura y la escritura, es al fútbol a lo que más tiempo de ocio dedico. No lo digo porque ahora esté de moda admitirlo en todas las capas sociales; lo confesaba sin rubor cuando, no hace tantos años, muchos intelectuales oponían lo sublime de la cultura a un deporte supuestamente plebeyo. Se equivocaban, puesto que han sido muchos los científicos, artistas y eruditos que no sólo han mostrado interés por el fútbol sino que lo han practicado, algunos de ellos profesionalmente. Por ejemplo, el escritor Albert Camus, el escultor Eduardo Chillida, el director de cine Elías Querejeta y el mencionado Lucio del Álamo. Son incontables los deportistas que simultanearon o siguieron estudios superiores tras colgar las botas. El exjugador Ivan Hasel, seleccionador y presidente de la Asociación de Fútbol de Chequia, es licenciado en Derecho y habla siete idiomas. El prestigioso matemático de Oxford Marcus du Sautoy ha competido en torneos amateurs, y entre los incontables personajes que manifestaron gran afición figuran Alexander Fleming y Miguel Delibes. Un compañero mío de promoción en la Universidad, Zvonimir Putizza Matich, que jugó al fútbol en los años sesenta en su Croacia natal, además de periodista fue cirujano cardiovascular, pionero de esa especialidad en Aragón, y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Zaragoza.

            He visto tantos partidos que he perdido la cuenta. Me interesan nuestra liga, la inglesa y las principales competiciones internacionales, pero también los torneos de aficionados. Soy seguidor del Athletic de Bilbao. Me lo he pasado igual de bien en San Mamés o el Bernabéu que en algunos barrizales donde se disputan encuentros de los torneos modestos en que participa, jugando extraordinariamente dicho sea de paso, mi hijo Santi. Jugaba en el equipo cadete del Santa Marta cuando el Sporting de Gijón (entonces en Primera) le ofreció incorporarse a su cantera de El Mareo. No quiso ir, y aquella negativa me disgustó más que cuando decidió dejar de estudiar. El informe de la evaluación técnica que hicieron a Santi en el Sporting dice, entre otras cosas: "Habilidad estática: rápidez física. Habilidad dinámica: buen dominio de su cuerpo. / Control parada: perfecto dominio de esta acción técnica. Control semi-parada: la domina y facilita la siguiente acción. / Conducción simple: excelente en visión periférica. Conducción superior: notable en las bases técnicas de esta acción. / Pase corto: destaca por la precisión en la entrega. Pase medio: buen desarrollo en esta faceta. Pase largo: gran capacidad para su realización. / Tiro: muy bien a balón parado. / Nivel Táctico. Visión: destaca en los movimientos de ayuda al poseedor del balón. Constancia equipo: jugador con buena presidsposición al trabajo y aprendizaje solidario. Trabajo ofensivo: buen sentido de los desmarques y apoyos."

            Apenas me interesan la capacidad de los estadios, el diseño de las camisetas ni las marcas de las botas. No sigo al detalle los fichajes ni los patrocinios. Lo que me apasiona es el juego. Encuentro en él una representación de la vida misma, una metáfora compleja de lo imprevisible, la épica del esfuerzo, la competencia y hasta de las miserias y las injusticias. Me aburre el tiqui-taca de la posesión estéril, aborrezco el juego sucio de los codazos y los insultos, considero indecente el fingimiento teatrero y comparto la idea de que marcar un gol proporciona una sensación comparable al orgasmo. Se mire donde se mire, también sexo.