Sábado, 7 de diciembre de 2019

Niños y...niños

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Cuando mi hijo, tenía 4 años a la salida del colegio un día cualquiera, me dijo: "tú qué quieres que sea feliz, o policía (entonces su trabajo favorito)? desde su, aún cerebro virgen, ya estaba marcando la diferencia entre la felicidad y un objetivo laboral, y la forma de llegar a conseguirlo, como si no fueran compatibles, basándose en su corta vida escolar.

Otra perla que me soltó, por aquellos días fue: "si mi maestra está todo el día haz esto, haz lo otro, ¿qué va a hacer ella? No se daba cuenta que ella quería su autonomía, su impronta.

 Estos parámetros, con posible gracia en su día, según avanza el tiempo  se llenan de un valor residual, ante la posible inutilidad del sistema educativo; cuando nuestros alumnos no cumplen las pautas establecidas y por ende avanzan dentro de un camino premarcado.

 Niños que aún sabiendo leer  se niegan a ello (en el aula), porque sienten que no se les entiende y valora; niños que necesitan una educación más dinámica para no morir asfixiados en una silla; niños que no pueden estar dentro de un sistema rígido en el que la única escapatoria le pone una cruz de por vida; niños que se les confunde con maleducados  e inaguantables (que los hay y por desgracia, cada día más); niños que optan por el silencio, porque nadie quiere escuchar sus preguntas, ni mostrarle sus respuestas; niños desmotivados que en casa hay que relanzarlos para que no pierdan la estela, de ese cometa llamado objetivo educativo; niños a los que su contenido cerebral y humano los lleva mucho más allá que a un mero papel con una nota,... los lleva tan lejos que pocos pueden seguirlos.

La madurez, en la educación, no la tenemos suficientemente en cuenta; hablamos de ella para el control fisiológico, de esfínteres etc., pero cuando hace aparición en el aula la metemos dentro del sistema prescrito  y la intentamos adaptar a nuestras necesidades no a las suyas, y entonces todo se desequilibra.

 Dice la historia, que el señor Albert Einstein no habló hasta los 4 años, no leyó (en el colegio) hasta los 7 y su maestra lo consideraba un lerdo y para rematar lo expulsaron de clase por estar todo el día mirando las moscas pasar... (sin comentarios) y como este, muchísimos genios no han podido estar dentro de una faja educativa  con la goma demasiado apretada.

Pasados los años, León Eisenberg  habla de ciertos niños a los que por sus capacidades y actitudes se le se denomina TDHA (Transtorno por déficit de atención e  hiperactividad) y se comienza a meter en este bombo a todo aquel que moleste (seguimos con lo establecido)  y ahora, una vez más nos topamos con el muro de la verdad, el reconocimiento del propio investigador (antes de su muerte  2009):

"El TDAH es un ejemplo de enfermedad inventada”, dijo Eisenberg. La predisposición genética para el TDAH está completamente sobrevalorada”...

...continúa Eisenberg: ¿Hay peleas con los padres, la madre y el padre viven juntos, hay problemas en la familia? Estas preguntas son muy importantes, pero lleva mucho tiempo responderlas, dijo Eisenberg, quien agregó con un suspiro: “es más rápido prescribir una píldora”... Y el muro de esta verdad continúa sin saltarse.

Ahora, la Asociación Americana de Psiquiatría, que viene marcando el rumbo desde Estados Unidos, que en la década del 50, tuvo que ver con las ideas, políticas y modas en la relación padres- hijos, fija en un manual estadístico, DCM, todos los trastornos mentales codificados, para que en cualquier parte del mundo se hable de lo mismo cuando se hace o lee un diagnóstico, ahora vamos por el DCM 5, en el que se detecta, que  había demasiados chicos con diagnóstico de bipolaridad, con irritabilidad muy marcada, agresividad, cambios drásticos, etc. Pero resultó ser un error porque algunos niños quedaron en el medio: berrinches, y pataletas; y esto evidentemente no se puede, ni debe considerar enfermedad psiquiátrica, cuando en muchas ocasiones es un problema conductual educativo y alojado en el entorno familiar. Sabemos el error, pero, el muro de la verdad, nos vuelve a "impedir" el razonamiento, y las pataletas continúan bajo el paraguas de la bipolaridad... Y yo me pregunto: bipolaridad.. de los niños o de los padres, o del psiquiatra que ha designado tal "pandemia".

 Lo dije ya hace un tiempo, tantos informes, objetivos, contenidos, programación, competencias, aprender a aprender (trabalenguas incluido), etc. nos confunden y cuando la pura y dura realidad llama a nuestra puerta  a veces o salimos corriendo, cerramos los ojos, o nos medicamos así la vida es como los coches "chocones" nos dan por todos lo sitios pero no discernimos el objetivo.