Sábado, 21 de septiembre de 2019

Un nómada de la música

Cuando Luismi y yo nos cruzamos hace unos años, servidora levantaba un palmo menos del suelo y él se adentraba en el mundo de la música antigua mucho antes de que yo misma me interesase en ella. Podría recitar el currículum de Luismi y todo eso no me serviría para definirlo mejor que con una sola palabra: aventurero. No le asustan los nuevos proyectos. Siempre tiene una idea que aportar y algo en mente por aprender. Luis Miguel Sanz Mayo, natural de Astorga y salmantino de adopción, es uno de esos pocos valientes que quedan defendiendo la viola da gamba en un momento en que los instrumentos que triunfan son los “clásicos”. Se ha pasado la vida intercalando la formación académica habitual con el aprendizaje autodidacta. Entre bromas, sus amigos solemos decir que Luismi puede tocar cualquier cosa que produzca sonido. “Menos las teclas”, me dice nervioso. Modestia aparte, Luismi se pasea tranquilamente entre las agrupaciones de música celta y folk gallego de las que ha formado parte, los eventos artísticos contemporáneos e interpretaciones de Renacimiento y Barroco. Aún recuerdo cuando le pregunté por qué su instrumento tenía cabeza. Yo también tuve unos inicios tenebrosos y él, mucha paciencia.

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Muchas veces he oído a gente referirse a la viola da gamba como ese violonchelo raro. Para el público general, ¿qué tiene de diferente la viola da gamba?

– Lo primero un nombre desconocido y bastante chocante, luego no saben si ven un cello… Una guitarra… Espera que se toca con arco… De inicio es un cúmulo de incertidumbres.

El público y músicos familiarizados con la música antigua valoran mucho el instrumento y su repertorio, pero por otro lado, si es verdad que hay bastante desconocimiento hacia él. Las personas que no lo conocen y tienen un primer contacto en directo, se sorprenden de su sonoridad tan particular y profunda. Se quedan un rato absortos para luego preguntarte… ¿Era una viola de qué..?

–¡De gamba! Jaja. La tradición en este mundillo es que siempre exista una cierta competencia, casi siempre mal llevada, entre los instrumentistas clásicos. Hay mucho pique innecesario que, para mi sorpresa, no existe en la música antigua. ¿Nos llevamos bien por necesidad?¿Para hacer piña?

– Ambas cosas, yo creo. Somos una minoría en los conservatorios y en las escuelas de música, prácticamente inexistentes. Necesitamos mucho unos de otros. Recuerdo que con mis compañeros y profesores siempre hubo un trato muy cercano y vivíamos con ilusión tocar a Consot o que alguien empezase a tocar un Marais, un Ortiz… Compartíamos muy buenos ratos. En alguna ocasión hablamos de lo afortunados que éramos por estudiar viola de gamba.

Con el resto de músicos y compañeros de antigua pasábamos muchos ratos de conversación sobre música, tratados, leyendo partituras o alguien te pedía que le hicieses un continuo… Aunque con sus diferencias como en todo, en general creo que somos una pequeña y gran familia.

Luismi se sienta al otro lado de una mesa y te explica con toda la tranquilidad del mundo su visión de la música como algo por encima de lo demás. Sin embargo, no tarda en confesar algo que nos carcome por dentro a todos los músicos, el “yo tenía que…”. En el caso de Luismi es “a veces pienso que yo tenía que haber estudiado ciencias”. 

Me llevas unos cuantos años de ventaja en esto de la música y has hecho cosas muy curiosas. ¿Hay algo con lo que te quedes por encima de todo lo demás?

– En verdad disfruto mucho de todo lo que hago con las diferentes agrupaciones con las que me muevo, tocando para bailarines de danza renacentista y barroca o las grabaciones en televisión, etc… Pero si es cierto que hay algo que me marcó como músico y como persona.

Un día me llamaron pidiéndome que hiciese música para una instalación de arte contemporáneo. “El Camino Articulado” se expondría en la Nuit Blanche de París, fue en el 2009. No sabía cómo afrontar el reto ni un proyecto tan importante. Había poco tiempo pero al final me vinieron algunas ideas de carácter minimalista para hacer con viola de gamba, eran sencillas, pero confié en lo que transmitían. La gente interactuaba con la instalación y con la música se creó una atmósfera y un espacio sonoro con un resultado y acogida muy por encima de las expectativas. A veces me cuesta describir las sensaciones que tuve allí tocando. Fue algo impresionante.

Ahora mismo hay un circuito muy reducido para vivir de la música como profesión. La crisis se ha llevado por delante muchas de las oportunidades que el público tenía de acceder a este tipo de música, ¿la música antigua en España está maltratada o simplemente olvidada?

– Digamos que está ahí… El problema tiene raíz en las instituciones y administraciones que no ofrecen divulgación cultural.

Hay que ser un poco “espartano” para obtener reconocimiento en música antigua, pero si es cierto que España ha generado y está generando grandes músicos de repercusión internacional muy valorados. Hay algunas ciudades de nuestro país que tienen cursos de antigua y ciclos de conciertos muy consolidados; Salamanca en concreto creo que hace una labor excepcional con la música antigua y goza de un gran público y grandes profesionales en sus conservatorios. Esto debería ocurrir en más sitios.

Captura de pantalla 2014-02-03 a la(s) 23.50.44–¿Quizás hemos pecado al marcar tanto el límite entre música antigua y clásica?

– En mi opinión sí existe esta diferencia. Es más fácil encontrar cursos o escuelas de excelencia musical para instrumentos orquestales y de clásica. No hay tantas opciones para las especialidades de antigua y no siempre están todas en lo que se oferta.

No hay que olvidar que todos los estilos musicales se basan en un discurso creado bajo un mismo idioma y de la opinión de un compañero se puede aprender mucho. Las oportunidades deberían estar más unificadas y equilibradas, los músicos deberíamos ser más simbióticos unos con otros. Mejorar las cosas es más fácil entre todos.

Aparcan, junto a nuestra mesa, un carrito de bebé con una nena que no deja de mirarnos. Mi reloj biológico se dispara y Luismi recuerda que tuvo hace tiempo la oportunidad de tocar ante varios grupos de niños un colegio. Las caras de “flipe” de los niños ante un sonido nuevo muestran que hay algo más allá del estilo en que encasillemos a un instrumento.

Parece que están dispuestos a hacer desaparecer la música de la Educación Primaria. Su enseña nza quedará relegada a los conservatorios, ¿no es triste?

– Puf… Esto es algo tremendo. La educación musical en las escuelas debería ser obligatoria y mucho más amplia. No me refiero a machacar a los niños con el Suzuki o haciendo Hanon. Tomar contacto de pequeñito con instrumentos musicales y las numerosas experiencias de percepción sensorial con la música que hay, generan un desarrollo cerebral impresionante en los niños, esto posteriormente se transforman en grandes valores educativos y sociales. Todo esto que se sabe que funciona y muchos países defienden con prioridad, en España no interesa, hay mucha ignorancia con respecto a esto a la hora de modificar sistemas educativos.

Los conservatorios, como dices, quedarán relegados a la música y esto no es del todo bueno. No considero que sea lo mismo la educación musical, que la “disciplina” y conocimientos que debe perseguir un músico profesional.

De verdad es algo bastante alarmante.

Cuando le cuento que mucha gente me manda mensajes del tipo “He visto al chico que os acompañó con la viola en Isabel” se ríe nervioso. Yo presumo de contactos. No siempre se tiene cerca un músico de la corte castellana.

Si algo bueno tienen las grandes producciones como Isabel es que cuidan el mínimo detalle. Por ejemplo, los músicos que aparecen en escena son músicos de verdad, ¿Isabel ayuda a “normalizar” el conocimiento de instrumentos como la viola da gamba?

– Sí, ayuda. La serie “Isabel” ofrece aspectos históricos de los Reyes Católicos y añade una pizca de sensacionalismo, obviamente necesario para captar al público, pero si se contextualizan a la viola de gamba y los demás instrumentos que hemos utilizado en un entorno histórico y social y eso es bueno. Se puede hacer aún más hincapié en música española de la época o darle más protagonismo, es un periodo musical muy interesante, pero eso ya no estaba en nuestras manos. Aún así considero que hay un buen resultado.

El set es el medio natural para el actor, pero ¿cómo se desenvuelve un músico en un escenario tan alejado de nuestro habitual auditorio, con el público donde esperamos?

– Es una sensación muy distinta. A veces tocas en directo con el diálogo de actores, otras hacemos una grabación previa y después se lanza un playback en el set y en otras ocasiones, aunque había grabación previa, se hacia a ciegas, sin la música en el set. No es nada fácil simular los gestos a tempo para que todo encaje bien y no se genere un desfase entre lo que suena y lo que se ve, pero al final buscas lo mismo que en un concierto, defender lo que se te ha pedido y sobre todo disfrutarlo. Es un trabajo muy satisfactorio y una buena experiencia.

Nos entretenemos recordando, con total tranquilidad una vez pasado el mal trago, las pifias y “tierras trágame” que hemos sufrido en carne propia durante nuestra carrera como músicos. Es una práctica más habitual de lo que parece cuando dos músicos se juntan. 

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A veces, en los conservatorios, se comete el error de enseñar a los chavales a salir a un escenario a interpretar (mejor o peor) la obra de turno de principio a fin. Yo siempre eché de menos que alguien me enseñase a salir de un bache, ¿cómo se prepara uno para eso?

– Es complicado, pero se consigue. ¡Jajaja! Si es cierto que se nos pide todo a tempo, con frases musicales fluidas, cada nota con la importancia que debe tener, la colocación del cuerpo, proyectando sonido… Son mil cosas las que hay que tener en cuenta… Y cuando algo falla ¿Qué? Al final la madurez musical se encarga de ir asentando los recursos que vamos aprendiendo y sin querer usamos en estas situaciones. Escuchas que te has cambiado en una repetición o un pasaje, pero enseguida sabes donde encajar de nuevo las cosas y lo haces sin más, a veces incluso de un error y una buena actitud para salvarlo, te has ganado al público. Lo ideal es que todo fluya.

A mí me gusta contar con el error como parte importante del aprendizaje, no hay porque ser muy duros con uno mismo.

Estar concentrado y saber que vas a disfrutar de lo que haces es lo mejor.

Recuerdo momentos de “tierra trágame”. Tener que tirar de no se sabe muy bien qué para llegar al final del concierto lo más dignamente posible, ¿qué es lo peor que te ha pasado en un concierto? 

– Anecdotario… Hay para escribir un montón. Comprobar el instrumento antes de salir de casa para tocar en una boda, llegar a la iglesia y zas!!! Cuerda rota. Clavijas que se aflojan mientras estas tocando… Ataques de risa mientras tocas con flauta (esto es un desastre…).

Una anécdota muy sonada fue en mi primer rodaje en la serie. En la secuencia yo tenía marcado tocar una melodía sentado en una banqueta y ya. Me pegaron un micro en la tapa de atrás de la viola, más micros ocultos en una mesita que había con un atril metálico, cables y cables ocultos por todos lados y espacio muy reducido. El director decide improvisar la acción y me pide que salga por una puerta cruzando todo el set. Cuando me marcaron la acción me levante y el cable del micro de mi viola tiró la banqueta, me moví sorprendido y desencadene un efecto dominó, banqueta cable, viola mesa, mesa atril… jajaja!!! Vaya tela..!!! Imagina el cachondeo y las risas… Pedí discul pas y seguimos con el rodaje. En el momento no sabía donde meterme pero ahora lo recuerdo con mucho humor.

Luismi es uno de esos regalos que te deja el mundo de la música. La vive como algo mucho más perfecto de lo que podamos imaginar. Él lo resume diciendo que es la más completa de las artes, bebe de ciencia, literatura, lenguaje, imaginación… Cuando charlas con Luismi te das cuenta de lo que realmente significa ser músico. Llegamos a la conclusión de tener entre manos un poder tremendo si conseguimos que esa música que hacemos no solo sea un discurso melódico que rompa un silencio, sino algo que consiga hacer pensar y, ante todo, sentir al que está sentado al otro lado del escenario. Da igual qué sentimiento hayamos conseguido provocar, lo importante es que lo hemos hecho.

Luismi es un nómada de la música, va y viene de acá para allá… pero siempre está al otro lado de un timbrazo al móvil. Siempre es un placer charlar con Luismi.