Ver volver

“La existencia, ¿qué es sino un juego de nubes? Diríase que las nubes son "ideas que el viento ha condensado"; ellas se nos representan como un "traslado del insondable porvenir". "Vivir—escribe el poeta—es ver pasar." Sí; vivir es ver pasar: ver pasar, allá en lo alto, las nubes. Mejor diríamos: vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo—angustia, alegrías, esperanzas—, como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables”. (Las nubes, José Martínez Ruiz [Azorín]).

Hoy, el “charro” es boceto de poema y las dos orillas son temporales, entre dos diecisietes de noviembre que tuvieron que ser, definitivamente, miércoles, si Waldo Leyva me perdona la paráfrasis. Y se lo dedico a nuestra mutua amiga Norma Cárdenas, que tuvo la mala ocurrencia de adelantársenos.

El 17 de noviembre de 1999 tuvo que ser, definitivamente, miércoles.

Tal día como hoy.

Hoy, que ha sido un día más

–algo muy celebrable–

tantos años después

de aquella otra mañana de noviembre

de hace veintidós años.

 

También hacía un gran sol

y frío;

la gente, me fijo un poco más,

va enmascarada.

 

Aquel día, la verdad,

no vi personas,

ni ciudad,

solo vi nada.

 

Aquel día, como hoy,

me desperté nervioso,

con algo de dolor

que pasó, en la mañana

a ser algo entre angustia

y agonía salmantina, unamuniana.

 

Hoy, la verdad,

ya no hay dolor,

sí, calma

y un cierto miedo al tiempo

que pasa inexorable.

 

Hoy di un paseo

para ver al doctor,

casualidades

(además, fue doctora),

y me tomé un café

y compré fruta, que casi no quedaba.

 

Y luego, con Pilar,

nos fuimos a comer

saliendo del trabajo,

a celebrar la vida,

el tiempo

y lo que venga.

 

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